La verdadera guerra comercial entre Estados Unidos y China

Desde que el 8 de marzo de 2018 Donald Trump impuso a China aranceles del 25% a las importaciones de acero y un 10% a las de aluminio, no han dejado de publicarse noticias sobre la guerra comercial entre estos dos países. Si bien es cierto que ha habido atisbos de una posible negociación, actualmente la Casa Blanca depreció al Yuan a niveles de 2008, obteniendo una tasa de cambio de 7 a 1.

Por su parte, el gobierno del presidente Xi Jinping hacía público que también gravará los productos estadounidenses hasta un 10%, en plena batalla comercial, debido a los recientes aranceles impuestos por la potencia norteamericana del 15% frente a sus productos importados.

Esta guerra comercial se trata de una fase del conflicto por la hegemonía internacional, la cual mantiene al mercado mundial en suspense frente a una negociación que, según la Sistema de la Reserva Federal (FED), deberá adoptar medidas agresivas en base a su interés principal.

Todo esto introduce el riesgo de una posible recesión global, por un lado, por la urgencia que el presidente Donald Trump siente por su posible reelección en 2020 y por otro, al encontrarse distorsionado por completo el interés que se exige a los países y al resto de agentes por financiarse, a pesar de soportar endeudamientos preocupantes.

Tom Orlik, economista jefe del servicio de análisis de Bloomberg expresó que: «Los puntos de encuentro en las negociaciones comerciales son amplios: existe un interés compartido en mejorar el acceso al mercado, en fortalecer la protección de la propiedad intelectual y en eliminar las barreras existentes, pero la guerra comercial depende de otros factores».

Además la debilidad económica europea se hace cada vez más presente. Testimonio de ello fue el dato de producción industrial en junio de Alemania, que registró una caída mensual del 1,5% frente al descenso del 0,4% esperado. Esto se suma a una serie de señales negativas que apuntan a que la mayor economía de Europa registrará una contracción de la actividad en el segundo trimestre de este año.

Cabe destacar el impacto y la relevancia internacional que tuvo el veto de Donald Trump hacia la empresa china Huawei el pasado mayo por parte de la empresa estadounidense Google. Prohibía a la marca utilizar su sistema operativo, Android, mayoritario entre los terminales del fabricante chino después de incluirla en la denominada Entity List, herramienta que recopila las entidades extranjeras que «pueden desviar productos norteamericanos para el uso de armas de destrucción masiva».

Numerosas firmas estadounidenses se sumaron al bloqueo posteriormente, lo que provocó que en junio las ventas del fabricante chino se desplomaran en los principales mercados europeos –España, Francia, Italia, Alemania y Reino Unido-. Si en mayo su cuota de mercado fue del 21,8% en estos países, un mes después se desplomó hasta el 13,5%, según los datos de la consultora Kantar.

Del desplome de Huawei se ha beneficiado el líder mundial, Samsung, que incrementó su cuota de mercado en Europa en junio del 31,3% al 33,3%, y Apple incrementó su peso del 19,9% al 21%.

A pesar de ello, el Ibex 35 se anotaba el pasado jueves a las 12 del mediodía casi 92 puntos, equivalentes a ese 1,06 % y alcanzaba 8.949 puntos, aliviado después de confirmarse las conversaciones entre China y EEUU que tendrán lugar en octubre según confirmaban los principales líderes.

En Europa, con el euro en 1,104 dólares, Londres era la única de las grandes bolsas que caía, un 0,60%, mientras que Fráncfort subía un 0,85%; París, un 0,84% y Milán, un 0,56%. Las empresas más capitalizadas tiraban del mercado excepto Iberdrola, que se dejaba un 0,55%.

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