¿Cómo impactará en las seccionales de Ecuador la falta total de movilización de la izquierda?

A lo largo de los dos últimos siglos, hemos podido observar que la movilización es la única arma de la izquierda -la que emplea métodos pacíficos para conseguir sus objetivos- para enfrentarse a los poderes fácticos en las pocas ocasiones en las que logra hacerse con alguno de los poderes del estado.

Partiendo de la base de que ganar unas elecciones presidenciales o legislativas no supone tener el poder, sino que es simplemente un recrudecimiento en la lucha de clases, al verse la oligarquía privada de uno de los resortes que usan para aplicar el poder, e intentará recuperarlo de manera más o menos agresiva -primero con una intensa manipulación mediática, y después con golpes de estado-.

Como hemos visto en Venezuela el poder económico lo tienen los empresarios, que ocultan productos de primera necesidad, dejan de importar, practican el contrabando o evaden impuestos bajo el chantaje de abandonar el país. Los banqueros detentan buena parte de este poder, ya que en sus manos están las viviendas vacías y las economías familiares del país.

En el plano cultural, la hegemonía la ostentan esos mismos sectores mediante los medios de comunicación y la Iglesia mediante sus púlpitos y colegios pagados con el dinero público. En cuanto a la defensa, los mandos militares normalmente ha sido entrenados en la Escuela de las Américas, o no han sido purgados desde la última dictadura, por lo que su posición es contraria a cualquier cambio que modifique el statu quo capitalista.

Llegar al poder ejecutivo no supone que, de repente, esos poderes fácticos que no están sujetos a elecciones pero que son al final los que dirigen la vida de los ciudadanos de un determinado país, vayan a ponerse a las órdenes de quienes quieren arrebatarles privilegios para redistribuir la riqueza. Que se lo digan a Manuel Zelaya cuando la banca de su país apoyó el golpe de estado en su contra tras haberles obligado a rebajar los intereses para los sectores sociales más pobres.

Por lo tanto, cuando la izquierda se hace con el poder, desea aplicar cambios en favor de los trabajadores, la clase social a la que representan, pero no es tan sencillo, los empresarios y banqueros hacen chantaje mediante sus medios de comunicación y empiezan a dibujar una realidad paralela en el imaginario colectivo, que desgasta poco a poco al nuevo gobierno, que no dispone ni de aparato mediático, ni de medios de producción ni de colegios en los que imponer su ideología.

Lo único que tiene en su poder para avanzar en la lucha contra esos poderes es la movilización social. Muestras de fuerza de cientos de miles de personas que muestren que la manipulación mediática es eso, manipulación, que señalen que ese gobierno tiene respaldo masivo y apoyo para llevar a cabo las acciones anunciadas. Además es un seguro de vida política por si se produce una inesperada traición en la dirigencia de la izquierda, como ha pasado en Ecuador con Lenín Moreno.

La izquierda ecuatoriana le ha puesto las cosas muy fáciles a Lenín Moreno. Ha dado la batalla en Twitter y en el poder legislativo. Es decir, es un espacio virtual que no interpela ni a la mayoría social de Ecuador, y en una institución del estado en la que su actuación es invisible por el cerco mediático insistente.

Ha tenido oportunidades de sobra para salir a las calles, como con su mártir Jorge Glas, los recortes de Lenín Moreno, lo sucedido con UNASUR, la persecución a Rafael Correa, la corrupción del gobierno actual, el apoyo del ejecutivo al golpismo en Venezuela, la venta de la soberanía de Ecuador a EEUU en la primera visita del vicepresidente Mike Pence… Y todas las ha dejado escapar.

A la izquierda ecuatoriana le ha pasado lo mismo que a la brasileña, ha vivido de un liderazgo carismático y tan bien asentados  que la manipulación mediática no fue capaz vencer. Pero una vez apartados del poder, sus movimientos decaen al haberse institucionalizado -pierden contacto con la realidad social de sus votantes y dejan de salir a las calles para reclamar derechos y avances-, y descabezado -no tienen cuadros políticos que puedan sustituir al líder-.

En Ecuador no se han llenado las calles, no ya regularmente, ni siquiera puntualmente en rechazo a Lenín Moreno, por lo tanto la presión social no ha intentado echarlo del poder, como sí lograron los venezolanos al rodear masivamente y de manera ininterrumpida durante más de dos días el Palacio Presidencial ocupado por el golpista Pedro Carmona.

Esta desmovilización significa la desconexión del partido político con sus bases, por lo que pasa también a ser social, y en consecuencia electoral. La izquierda de Ecuador no es la maquinaria electoral del pasado, ya que Lenín Moreno se quedó con Alianza País, y el campo progresista de ese país latinoamericano no ha mostrado ningún interés en organizar una nueva organización que mantuviera la correlación de fuerzas de la anterior, en base a la movilización, ya que desde ese momento no contaba ni con los poderes del estado que controlaba anteriormente, ni con su único líder Rafael Correa, fuera del país, con la pérdida de influencia que eso entraña.

Tras situar el listón en un 37% del apoyo en el referéndum y consulta popular de Lenín Moreno, la izquierda ecuatoriana tiene el difícil reto de lograr un resultado similar, más ahora sin la posibilidad de que Rafael Correa regrese para liderar la campaña. Un resultado menor garantizará un ataque mediático difícil de contrarrestar, ya que la única herramienta para ello, la movilización, es inexistente.

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