Contradicciones en época de confinamiento por coronavirus

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Todo apunta a que estamos pasando de un ciclo electoral con claro riesgo de institucionalización a un ciclo de movilización social de forma abrupta. Pero si esto ocurre será tras el confinamiento, por lo que hablemos de ello y sus contradicciones.

Hay tres contradicciones que atraviesan todos los debates y análisis que pueden leerse últimamente: la del “confinamiento-ralentización de la producción capitalista”, la del “confinamiento-restricción de libertades democráticas” y la del “confinamiento-aumento de la desigualdad”.

1. Contradicción confinamiento-ralentización de la producción capitalista

La eficacia del confinamiento total como forma de cortar la cadena de contagio del coronavirus, entra en evidente contradicción con la producción capitalista: desde gobiernos que no quieren molestar a “los mercados” siendo negligentes en lo humanitario, gobiernos que no paralizan del todo la actividad productiva para amortiguar lo máximo posible los efectos negativos de la caída, empresas que no quieren parar la actividad exponiendo la salud de sus trabajadores, o a empresas que aprovechan la situación para que el Estado (y por consiguiente, la clase trabajadora) cargue con los costes de la paralización productiva.

Esto está teniendo su particular contradicción y tensión en el seno del gobierno de coalición en España, tanto en las medidas de confinamiento a tomar como en las ayudas sociales.

Pero también está generando tensiones en la Unión Europea (hace unos días Alemania y Países Bajos vetaron los bonos europeos contra la pandemia) y a nivel internacional, donde China y miembros del “eje del mal” (Rusia y Cuba) están ayudando más a Italia y a España que el resto.

Por no hablar de la contradicción ideológica que lleva en sus últimas instancias a negar ciertos postulados neoliberales desde el propio neoliberalismo. La necesidad de aumentar no sólo los recursos de contingencia sino en general los recursos de la sanidad pública choca con la política de recortes y privatización que hemos tenido hasta ahora.

Probablemente estemos viendo el inicio del fin del discurso privatizador de la sanidad por parte de la propia ideología dominante, a la vez que veremos una oleada de recortes y ataques a los derechos de la clase trabajadora si entramos en la recesión (que parece que vamos a entrar).

2. Contradicción confinamiento-restricción de libertades democráticas

Pero el confinamiento requiere un alto grado de “disciplina” o “consenso” social que es una evidente anulación parcial de nuestros propios derechos y libertades por convencimiento propio. A esta disciplina social se le suma la presencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado dirigidas por un Gobierno con particulares poderes en una situación excepcional y transitoria, y con un lenguaje bélico en la “guerra contra el coronavirus” que está provocando un debate muy particular entre la izquierda.

Ello es debido al marcado carácter pacifista de las distintas tradiciones sociales y políticas en democracia (desde “No a la OTAN” o los “insumisos” de la Mili hasta el “No a la Guerra”), el carácter “antiautoritario” de distintas tradiciones políticas y movimientos sociales de este país, el recuerdo constante que hay en el imaginario colectivo del papel de dichas fuerzas en la dictadura, el conocimiento existente de la falta de
depuración democrática de mandos militares y policiales y el recuerdo que el papel de los antidisturbios han tenido en las protestas sociales de las últimas décadas.

Sin embargo, este rechazo inicial a que dichos cuerpos hagan funciones civiles o garanticen la seguridad y el cumplimiento del confinamiento, choca bastante con el alto grado de simpatía que parece que dichas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado están provocando entre el pueblo.

Y no me refiero (no sólo) a lo de “chivarse” desde los balcones y las situaciones injustas que ello ha provocado, o los aplausos a los abusos policiales. Las encuestas parecen indicar ahora mismo que la sociedad prefiere confiar más en ellos y en los servidores públicos como los sanitarios que en cualquier otra persona. Y esto eleva aún más la magnitud de dicha contradicción.

Por otra parte, dicha restricción de las libertades democráticas hace repensar el activismo y la protesta social mientras dure el confinamiento. Es evidente que no se puede salir a la calle a protestar si hay alguna medida injusta por parte del gobierno o de las empresas.

Pero sí se puede actuar en lo inmediato informando a tus semejantes y cortando la cadena de contagio de los “bulos” (que está fomentando fundamentalmente la extrema derecha para desestabilizar la situación), a la vez que se generan redes de apoyo y solidaridad entre las personas que tienen necesidades en un momento tan delicado, especialmente las personas más vulnerables. Quién nos iba a decir que el activismo en redes sociales y las acciones solidarias iban a tener más sentido que nunca.

3. Contradicción confinamiento-aumento de la desigualdad social

Y por último la vertiente de la desigualdad social y de género del necesario confinamiento para acabar con el coronavirus: desde las personas sin hogar, las personas que no tienen un hogar agradable y cómodo para vivir, las personas en riesgo de exclusión social, las personas que no tienen acceso a los suministros básicos, que viven solas, que no tienen familia, que tienen que ir a trabajar exponiendo la salud de sus familias.

Personas con trastornos mentales o personas que tienen a su cargo personas con trastornos, mujeres que tendrán que vivir en el mismo hogar que su maltratador, mujeres que cargan con todo el peso de los cuidados en la familia, a mujeres que trabajan en sectores precarizados pero que ahora mismo cobran su máximo importancia en los cuidados a la sociedad, etc.

>>Las mujeres maltratadas: doblemente confinadas<<

Por mucho que el gobierno quisiese ayudar a estas personas seguirá habiendo situaciones de injusticia y desigualdad social. Por mucho que los activistas quieran, sus redes de solidaridad no podrán llegar a todos los casos posibles. Por no hablar de las consecuencias psicológicas que tendrá el confinamiento para todos y todas una vez que esto termine. Es duro reconocerlo, que se hará lo posible, lo que todo el mundo tenga a su alcance, pero aun así será insuficiente.

¿Y ahora qué?

Estamos viviendo un momento nunca visto y necesitamos replantearnos muchas cuestiones. En lo inmediato, informar, cortar las vías de contagio del bulo y la desestabilización y apoyar(nos), mirando sobre todo por quien está en una situación más vulnerable.

Pero hay que empezar a ir pensando en más allá, en cuando acabe el confinamiento. Porque el confinamiento acabará, de eso no me cabe duda: ni la “paz” de dicha “disciplina social” puede mantenerse durante mucho tiempo, ni la producción capitalista puede permitirse ralentizarse o pararse durante mucho tiempo.

Pero sobre todo porque la reacción ya está pensando en estas claves, están calentando el ambiente para ir a por todas una vez que el confinamiento acabe. Este confinamiento puede tener una salida social y progresista, o una salida desigual y reaccionaria. Así que vamos a aprovechar para ir organizándonos y no subestimemos al enemigo: nosotros seremos más y nuestras razones son justas, pero ellos siempre tuvieron más recursos.

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