Crónicas de confinamiento por coronavirus. Desescalada intensa

Lunes 27. Día 44.

cada bendito lunes es el peor día de la semana. Tuve mucho trabajo, hoy no podía seguir sin hacer ejercicio porque ya me estaba notando que si no me ponía las pilas de nuevo, todo lo que hice en este confinamiento no me iba a servir de absolutamente nada.

Me tocó cocinar. Hice una lasaña de papas con relleno de coliflor y carne picada de pollo y pavo, cuando terminamos de comer volví a trabajar. Solo me faltaba terminar con una propuesta para ponerme al día, pero me superó y no pude hacerlo. Después de tanto estrés vino el bajón de un montón de cosas que tengo adentro, así que mi tarde terminó en un llanto de 3 horas seguidas hasta que se hizo la hora de cenar.

Martes 28. Día 45.

No dormí muy bien, así que me levante súper tarde. La verdad es que seguía un poco bajoneada y tampoco es que sintiera que iba a ser mi día, pero eso cambió con dos cosas muy interesantes.

La primera fue que mi amiga descubrió a unos chicos que están haciendo música en pleno confinamiento y son canciones en las que expresan cómo se van sintiendo a medida que avanzan los días, ¡tremendos!

La segunda fue mi clase de inglés. Tuve que leerle un texto a mi profe que era un puto trabalenguas pero nos divertimos un montón, las dos nos reíamos por mi mala pronunciación, obvio.

La tarde fue bastante tranquila, estuvimos hablando con mi amiga sobre lo caótico que fue nuestro viaje de vuelta de Nepal.

Miércoles 29. Día 46.

Hoy me levanté a las 9 de la mañana porque quería dedicarme a limpiar. Mi habitación ya era una cueva y ayer mi amiga pasó la escoba por casa, entonces yo tenía que pasar la fregona pero quería empezar desde mi habitación, para aprovechar y limpiar el baño. Una mañana de limpieza total.

Almorzamos unas lentejas que habían quedado con la lasaña de papa que había sobrado, y por la tarde estuve trabajando. Me encanta lo que estoy haciendo, nunca pensé que iba a llegar el día de decir esto, la verdad. Pero sí. Ha llegado y amo lo que hago y amo estar aprendiendo tanto en tan poco tiempo.

Jueves 30. Día 47.

Hoy decidí repartirme el día en todo lo que quería hacer: trabajar, mi proyecto y ponerme al día con todo. A la mañana hice ejercicio pero me empezó a doler un montón un músculo de la pierna derecha que no sabia que existía, fue tremendo, logré terminarla pero me dolió durante todo el día.

A la tarde, mientras trabajaba, estuve hablando como dos horas con una de mis mejores amigas. Hablamos de todo, pero le pusimos mayor ímpetu a cómo se están desenvolviendo nuestras vidas y las vueltas que da el destino. Llegamos a la conclusión que todo, absolutamente todo, pasa por algo. Si se cierra alguna puerta es porque se van a abrir otras, que nada es totalmente malo.

Cuando pasa algo que nos pone mal o nos hace daño, inevitablemente nos impulsa a crecer de alguna manera, y en ese crecimiento es cuando sin querer se abren los caminos hacia algo mejor. Creo mucho en esto y creo mucho en que el destino está escrito, y que solo tenemos que dejarnos llevar y hacer que todo fluya.

Viernes 1. Día 48.

Dormí 13 horas, ¡lo bien que me hizo eso! Hacía mucho tiempo que no dormía tanto. Desayuné y me senté a trabajar, me empezaron a felicitar por el día del trabajador, no me había dado cuenta de que hoy era primero de mayo, ¡me quedé loquisima! ¿En qué momento pasó todo abril? No podía creerlo de verdad. Saludé a mis padres y a mis amistades.

Mis compañeros de trabajo que están haciendo un laburo tremendo desde sus casas. Mi día terminó con una llamada con mi primo, tremenda, hemos quedado en hablar el domingo, pues es día familiar.

Sábado 2. Día 49.

Me levanté muy arriba y eso que solo dormí 3 horas porque el insomnio no me dejaba conciliar el sueño.

Hoy empezó la desescalada del confinamiento. A ver cómo procede el día. Tengo muchas ganas de poder salir a pasear porque el encierro ya me estaba poniendo un poco más ansiosa de lo normal.

Después de desayunar salí al balcón y había un tránsito normal de gente por la calle, nadie estaba siguiendo la franja horaria correspondida, había mucha gente sin mascarilla, sin tener en cuenta la distancia.

Estaba muy indignada porque no podía creer que el primer día que nos daban un poco de libertad ya la gente se lo tomara tan a la ligera, ¿no les bastó estar un mes y medio encerrados que quieren volver a lo mismo?

El día transcurrió con calma. Después de aplaudir me preparé para salir, ya no había tanta gente en la calle, sí en los parques pero por lo menos no me crucé con gente mayor ni con niños. Había mucha gente haciendo deporte o con perros.

A pesar de que en la mañana estaba indignada con la situación, cuando salí y vi la felicidad de la gente de estar respirando aire puro y todos tranquilos, me transmitió mucha vibra positiva que creo que me estaba haciendo falta después de 49 días de encierro. Volví a casa. Cenamos, vimos una peli, unos capítulos de Naruto y a dormir.

Domingo 3. Día 50.

Me levanté y afuera había un día hermoso. El calorcito de primavera ya se va sintiendo, las temperaturas son cada vez más altas y para sumarle algo más de alegría, ¡es nuestro domingo de gala!

En cuanto terminé de desayunar me senté a trabajar un poco para que no se me juntara tanto para el lunes, y antes de empezar a cambiarme llamé a mi primo. Él justo se había levantado, así que lo acompañé en su desayuno, hablamos un rato y a mí ya se me hacía tarde para meterme a la ducha, hoy cocinaba el maldito bastardo unas costillas de cerdo al horno con papas rústicas.

Después de ducharme me vestí, me maquillé y me peiné. Salí al comedor para ver si ayudaba en algo en la cocina y me crucé a mi amiga, le dije que si quería era el momento de hacerle la trenza que me había pedido y me dijo que no la quería porque ni ella ni él se iban a cambiar porque no tenían ganas.

La cara con la que la miré debió haber sido tal que le dijo al ángel, “Ro se ha enojado por no haberle dicho que no nos íbamos a cambiar”. Me la llevé a la cocina que él estaba haciendo un brownie y les dije que eran unos cabrones por no haberme dicho nada. Claramente si me lo hubieran dicho no me hubiera enojado y no me hubiera cambiado y todos felices. Así que no hubo mesa de gala pero sí películas y series por la tarde cuando volvimos de dar un paseo.

Una semana más de desescalada, una semana menos para volver al confinamiento.

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