Ecocidio, pandemia y los revolucionarios de la contrarrevolución

El COVID-19 puso al descubierto la necesidad del respeto por los bienes comunes y la incapacidad del neoliberalismo para hacerlo e incluso, cuando una triple catástrofe (sanitaria, social y climática) es inequívoca, la matriz dominante, protagonizada por los administradores del casino financiero, no dejará de resistirse a cualquier impulso hacia cualquier cambio que inhiba la reproducción del capital.

El capitalismo financiero es versado en adaptarse y beneficiarse de las crisis seriales que provoca o desata a costa de la explotación del trabajo y de los bienes comunes.

Debemos conceptualizar la triple catástrofe trascendiendo la noción de Antropoceno, (donde toda la humanidad debe ser contenida para evitar la violación de GAIA, que conlleva la sexta extinción masiva), a la noción que ha sido conceptualizada por el economista francés Benjamin Coriat como el Capitaloceno (que describe al capital como la raíz crucial y el acondicionador del sistema mundial actual y directamente responsable de la sexta extinción en ciernes).

Entonces, la actual crisis ambiental, incluyendo el cambio climático, no fue impulsada por todos, porque no todos hemos tenido el mismo poder social para influir sobre la estructura económica. Ni los esclavos usados para el desarrollo del capitalismo europeo, ni las comunidades indígenas casi exterminadas y marginadas, ni las poblaciones que desde el siglo XIX sufren la miseria y explotación laboral, hemos contribuido a la crisis que enfrentamos de la misma manera.

Es decir, nuestro estado actual de degradación planetaria no debe estar vinculado a una humanidad etérea, sino al 1% de la humanidad que define, organiza y se beneficia ilimitadamente del modo de producción capitalista en su fase imperialista, en tanto que sistema económico depredador.

El resultado de la lucha contra los efectos devastadores del capital determinará el posible futuro del eco-socialismo y ello, si se logra reenfocar el desarrollo de la economía en un contexto en el que se valore la importancia de los bienes comunes, suponiendo que las contradicciones antagónicas entre la propiedad privada y la propiedad pública se resuelven sin autodestruirnos.

La humanidad siempre ha estado expuesta a las epidemias. Además del Ébola, el Cólera y el VIH se pueden referir, entre otras, (1) Virus H1N1, Gripe Española (2) Virus H2N2, Gripe Asiática; (3) Virus A-H3N2, Gripe de Hong Kong (4) Virus H5N6, Gripe Aviar.

El COVID-19, es mucho menos letal que las epidemias aludidas y el desarrollo tecnológico y científico para enfrentarlo es ahora muy superior al que existía durante las epidemias y pandemias anteriores, pero el COVID-19 ha revelado una serie de problemas que son derivados de las incongruencias y contradicciones del capitalismo que han devenido en el Capitaloceno.

Así, aunque la pandemia no distingue entre razas, género, origen, credos, estado social o condición económica, se observa una desproporcionada orientación hacia las muertes en comunidades pobres de negros, latinos, blancos, indigentes e inmigrantes. Otros mueren solos en los asilos de ancianos por falta de recursos para llegar al hospital o en sus casas por miedo al contagio en el hospital.

Esta situación no deja de parecernos una especie de limpieza social, que probablemente es uno de los causales de que el asesinato de George Floyd haya causado las expresiones de violencia en EEUU.

Por otro lado, no podemos obviar que la matanza de animales de diverso tipo, para suplir el mercado ilegal de animales exóticos, ha alterado el hábitat natural y la diversidad biológica y ya conocemos que varias epidemias y pandemias han surgido de la interacción entre el animal y el ser humano en tanto que los virus, las bacterias, hongos y parásitos son de origen animal.

Recordemos, además, que la industria de la carne asesina diariamente más de 3 millones de aves de corral y alrededor de 37 millones de mamíferos. Al año se matan unos 53 mil millones de aves, peces y mamíferos para cubrir la demanda alimentaria de una población mundial de aproximadamente 8 mil millones de personas. Esta maquinaria inconcebible e insostenible de matanza a nivel industrial supone una intrusión in extremis al equilibrio ambiental.

Lo contradicción se encuentra en que, a pesar de la asombrosa matanza (en tiempo y cantidad) de millones de animales, alrededor de una quinta parte de la población mundial padece de hambre.

El regreso a la nueva normalidad es la forma eufemística para decir que retornamos a la normalidad anterior (de explotación del trabajo por el capital, pero exacerbado) que deja millones de desempleados y ciudades patrulladas por drones; robots y carros eléctricos de rastreo que delatan desobediencia a la cuarentena. Esa nueva normalidad es también el retorno al ecocidio exacerbado y el camino a nuevas formas de control social.

Un regimiento de enfermeros, informáticos y localizadores, haciendo rastreo de contactos; cámaras en las viviendas; alarmas que detectan por el aliento a un positivo. Toda la maquinaria de sofisticados artefactos electrónicos haciendo vigilancia civil. Esto mayormente en Europa y Asia, pero que llegará tarde o temprano, por inercia, a América Latina.

Incluso se ha llegado a proponer la posibilidad que esa nueva normalidad incluya expedir un carnet inmunológico (una especie de pasaporte o salvo conducto urbano) para los ciudadanos con anticuerpos, que les permitirá alquilar casas o vehículos, conseguir trabajo, entrar a restaurantes, a cines y teatros, pasear el perro, comprar, entrar a la ciudad, socializar, viajar, y otros.

Nos encontramos ante una profunda crisis estructural del capitalismo que apenas se mueve bajo reformas impopulares, impresión de dinero sin respaldo y deuda infinita, que bien puede ser aprovechado por las élites neofascistas, que siempre han sido los revolucionarios de la contrarrevolución.

No obstante ante ese panorama lúgubre (que ha fortalecido a los grupos neofascistas), recordemos que Irak nunca fue pacificado, Afganistán sigue siendo rebelde, el Donbass todavía es libre, Irán se niega a ser derrocado, Rusia es resistente y potencialmente resurgente, Venezuela rebelde sobrevive, Siria se está reconstruyendo, China se hace cargo de Hong Kong y en EEUU hay expresiones de descontento que han llegado al núcleo del casino financiero: Nueva York.

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