No es racismo, es supremacismo

Las más recientes muestras de brutalidad policial en los Estados Unidos no son el auténtico problema de fondo, son apenas una muestra del verdadero problema que subyace en elementos históricos de ese país.

El causal de estas diatribas no es solamente la expresión institucional por parte del gobierno Norteamericano imperialista y su inquilino de la casa blanca. El problema real es el “supremacismo”, el cual desde el verdadero gobierno de las élites imperiales y las transnacionales, es impulsado.

Nosotros desde Venezuela hemos propuesto modelos alternativos al racismo imperial. Nos tocó conocer el término “xenofobia” cuando comenzamos a ser víctimas del mismo. En este sentido, un conocido analista internacional comenta que Venezuela es uno de los pocos países del mundo donde no hay expresiones de segregación, ni siquiera por razones religiosas.

Tal visión integracionista y en favor de una visión multiétnica es producto de una política de Estado establecida desde el año 1999 por medio de una Constitución pensada en los valores más nobles del pueblo, así como en los principios de igualdad y solidaridad.

Estás políticas han sido cuestionadas altamente por los imperios y por eso nos bloquean económicamente. En virtud de lo antes expuesto, invito al mundo entero a cuestionarse qué pasaría si la rodilla en el cuello que ha dado la vuelta al mundo fuese en una calle en Venezuela. ¿Por qué el aparato de la mediática internacional minimiza las protestas en USA?

¿Cuándo los pueblos del mundo asumirán que la lucha no es contra del síntoma sino que sólo juntos podremos destruir la enfermedad? El problema del racismo no se acaba con que otro republicano o demócrata ocupe temporalmente la Casa Blanca.

Solucionaremos el gran problema que representa el racismo cuando comprendamos que no es un asunto de “formas”, sino que hay que asumir  y combatir con gallardía cualquier elemento de exclusión, esto último es el “fondo” que debe ser abordado.

Hoy el problema es el racismo pero mañana serán los homosexuales, ayer fueron los musulmanes y en el futuro serán los latinos o asiáticos. Las llamadas minorías deben asumir que sólo juntas nos convertimos en mayorías.

Ante el imperialismo y la guerra, nosotros enarbolamos las autenticas banderas de la paz y la solidaridad. Ante problemas comunes las soluciones son colectivas. No cabe duda que hoy más que ayer un “fantasma recorre las calles”, y no sólo las de Europa.

El momento es ahora. No se trata de cambiar al mundo, se trata de cambiar al sistema depredador y de doble moral que el imperio impone como único y funcional.

No es la superficie lo que debe ser cambiado, es el hombre quien debe ser objeto de transformación. Comencemos por nosotros mismos asumiendo la lucha por la justicia y la libertad. Un mundo mejor es posible, pero construirlo es nuestra responsabilidad histórica.

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