¿Es el COVID–19 la Génesis de la Distopia?

La resistencia social es imprescindible para contrarrestar la propaganda que busca controlar y condicionar los comportamientos sociológicos, sicológicos y políticos, a partir de los dictados y en función de los intereses de las trasnacionales globalistas.

No podemos obviar que la propagación del COVID-19 es directamente proporcional a la postración de la fuerza de trabajo y a las deudas contraídas por los Estados para combatirlo. El COVID-19 no es la muerte del fundamentalismo de mercado. Al contrario, acelera los mecanismos de acumulación por despojo que fortalece a las Big Pharma y las FAAMG globalistas (Facebook, Apple, Amazon, Microsoft, Google) en detrimento de las capas medias y de la clase trabajadora.

El endeudamiento de los Estados erigirá, desde las grandes empresas globalistas, un sistema imperceptible de control y disciplina de las naciones y de sus élites políticas, incluso en el seno mismo de los imperialismos norteamericano y europeo.

El desarrollo actual de los imperialismos y sus contradicciones inhiben la eventualidad de un futuro luminoso para los explotados de siempre. Eclipsada la esperanza, producto de la crisis civilizatoria que nos embarga, se estimula el posible destierro de las utopías en las clases sociales explotadas por el capital.

Con el rapto de la esperanza y la pérdida de fe en el futuro, se van fortaleciendo las posiciones ideológicas neofascistas, que se reproducen en el seno de la divisiones de los sectores progresistas y se alimentan de lo efímero, volátil e incertidumbre de la situación generada por la crisis económica y el COVID-19 y por la ansiedad y angustia desbordante en la conciencia individual y en el imaginario colectivo.

El agotamiento del modelo neoliberal y su concomitante crisis civilizatoria, se aceleraron con el COVID-19, pero la génesis de esas transformaciones le precede, aunque radicaliza las encrucijadas que conducen a la debacle climática, desde la perspectiva de nuestra especie, producto del carácter extractivista, depredador y explotador del imperialismo que se alimenta de combustibles fósiles.

La distopía de la sociedad de control bio-totalitario se va imponiendo en el imaginario colectivo como una realidad lapidaria e ineludible para confrontar la actual pandemia. Del distanciamiento físico, que la burguesía denomina distanciamiento social, nos imponen ideológicamente la idea de una nueva normalidad que pasa por el tamiz de la bio-vigilancia, la geo-localización y el big data, hasta ceñirse a los imperativos de un Estado higienista, obsesionado con el individualismo, el aislamiento y el distanciamiento social. Todo ello de acuerdo a los intereses Neo Imperialistas de Facebook, Apple, Amazon, Microsoft, Google, que apuestan por el Estado Global bajo su control.

En condiciones de reclusión, no existen posibilidades de transformación de la sociedad en función de superar la explotación del hombre/mujer por el hombre/mujer, en tanto que en medio de la hibernación obligada y la desconfianza en el otro, se afianzan, dentro de las capas medias, las ataduras a la atomización y al individualismo hedonista promovido por las empresas del entretenimiento.

Esto es, se construye un fanático adicto al auto adormecimiento de su conciencia, hasta el extremo de afianzar el social-conformismo. De ahí que la gran triunfadora es la resignación política e intelectual, catalizada por el pánico y la manipulación emocional en las capas medias de la sociedad, que solo favorece la explotación del trabajo por el capital.

Es decir, la construcción del poder y dominación de la burguesía se ven fortalecidos con el individualismo y ciudadanos aislados, desinteresados por su entorno y obsesionados con su placer y la evasión del mundo real. Ello nos hace cómplices de los flagelos sociales que sufren los desposeídos de siempre.

Instalados, en tanto individuos, en la virtualidad y el inmediatismo, los problemas públicos pueden aplastarnos, pero la anestesia nos mantiene en estado inerte, hasta que éstos golpean directa y frontalmente nuestra integridad física y emocional. Ocurre lo mismo con el COVID-19 que resulta distante a nuestro cuerpo, pese a su masificación, hasta que estalla entre nuestras manos, asfixiándonos con sus efectos familiares, sociales y nacionales.

El estado de emergencia se ha impuesto bajo el supuesto de evitar el contagio y salvar vidas. La obediencia y domesticación ciegas del ciudadano son condición de esa erosión sistemática de las instituciones y de los derechos y libertades fundamentales, plantea acertadamente Isaac Enríquez Pérez.

De esta manera, el ciber-leviatán bíblico post modernista se fusiona con la inteligencia artificial para perfilar un régimen bio-tecno-totalitario dotado de legitimidad bajo el supuesto que se cierne un peligro sobre la vida humana, mientras se trona imperceptible el despojo, la centralización del poder y la concentración de la riqueza.

En la supuesta búsqueda de la higienización, no solo se impone el control digital de la privacidad, sino que también es ensombrecida toda posibilidad de acción colectiva, de movilización masiva y disenso político. Los individuos atomizados, movidos por el pánico, lo asumimos hasta con resignación. Esta higienización totalitaria va de la mano del síndrome de la desconfianza que corroe las relaciones sociales que trasciende a una higienización mental que más parece una lobotomía.

Los Neo Imperialistas globalistas nos muestran la nueva normalidad como una pesadilla que engendró una metamorfosis social que percibimos al despertar como un adefesio fascistoide explotador tan horripilante a nuestros ojos, como el bicho cucarachesco en que se convirtió el protagonista de la novela de Kafka.

Estamos obligados, entonces, a superar la distopía que implica la metamorfosis kafkiana que proponen las empresas globalistas neo imperialistas. No debemos permitir que se pierda la sensibilidad ante la explotación del capital ni mucho menos, considerar sepultadas las utopías.

La humanidad tiene futuro, en la dignidad humana y en los hombros de la clase obrera que construye las avenidas por donde pasará el hombre y la mujer libre de la explotación del capital.

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