Violencia y pobreza en Nicaragua, detonan la migración desde los ochentas

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Desde 1937 en Nicaragua gobernó la llamada dinastía de los Somoza, iniciando con Anastasio Somoza García, seguido por sus hijos Luis y Anastasio Somoza Debayle. Se mantuvieron en el poder por medio del apoyo de la Guardia Nacional, alianzas con la burguesía más poderosa y la Iglesia católica. Así como una política complaciente con Estados Unidos, que hacía al país dependiente de los norteamericanos en lo económico, político y militar.

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Los Somoza inflaron su fortuna por medio del desvío de recursos; tenían al país hundido en la pobreza y la represión.

En 1979, después de casi 20 años de lucha, la dictadura de los Somoza es derrocada del poder en Nicaragua, y el Frente Sandinista de Liberación Nacional se pone a la cabeza del nuevo gobierno y la restauración del país.

No hay que perder de vista que ya había movimientos migratorios desde los últimos años de gobierno somocista. Pero el fenómeno se intensifica a partir de la coyuntura mencionada. Se suelen distinguir 3 etapas en la migración nicaragüense que se describen a continuación.

Primera oleada (1980 – 1990)

Esta etapa está marcada por los conflictos políticos y sociales derivados de los últimos años de la dictadura Somocista y las complicaciones del nuevo gobierno. En los primeros años, los sandinistas se enfrentaron a la oposición de diversos sectores. Viéndose obligados a ejercer represión, limitando así el pluralismo político (en los primeros 5 años no hubo elecciones). Se impuso por esto el servicio militar obligatorio para servir en el Ejército Popular Sandinista.

Hubo otro conflicto armado importante a partir de 1981 y que duraría toda la década. Fue un conflicto contrarrevolucionario que enfrentó a sandinistas y los llamados “contras”, una guerrilla financiada por Estados Unidos, que reclutó ex integrantes de la Guardia Nacional (cuerpo militar de los Somoza) que habían huido del país tras el triunfo sandinista. La intención de Estados Unidos era sabotear el nuevo gobierno de filiación marxista que pretendía instaurar el socialismo en Nicaragua.

Ante este panorama de violencia e inestabilidad, la gente salía principalmente para evitar el servicio militar, salvar la vida y buscar la libertad, por lo que el flujo migratorio empezó a incrementar respecto a la década anterior. Los dos principales destinos para los migrantes fueron Estados Unidos (con una política migratoria flexible que atrajo la mayor cantidad de nicaragüenses) y Costa Rica. Este último por la cercanía y las oportunidades de empleo. La fuerza de trabajo nicaragüense es fundamental en el crecimiento de la economía costarricense.

La economía también sufría estragos. Los Somoza dejaron una deuda externa de 1600 millones de dólares que se incrementa a lo largo de la década al igual que la inflación. Las exportaciones caen en el mismo periodo y Estados Unidos impone un embargo comercial a partir de 1985. Con la intención de centralizar y poner todo bajo control del Estado, se dejó de lado la inversión privada.

Segunda oleada (1990 – 2000)

Entre 1987 y 1988 se establecen medidas de ajuste estructural (privatización al estilo FMI) y se despiden alrededor de 10,000 empleados estatales. La corrupción había incrementado y el gasto público disminuyó. El poder adquisitivo se había deteriorado y el 45% de la población sobrevivía con un dólar al día. El costo de la canasta básica estaba por encima del salario promedio y la seguridad social se había descuidado. La tasa de desempleo era muy alta.

Por tales motivos, la migración ahora es impulsada por la búsqueda de trabajo y mejores ingresos. La violencia generalizada ya había prácticamente desaparecido, pero las medidas económicas del gobierno sandinista en los 80’s fueron deficientes.

Costa Rica aparece ahora como el principal destino, tenía salarios mayores y una economía creciente, además de una escasez de mano de obra consecuencia de la baja natalidad a principios de los años 70. Esta segunda ola migratoria se nutrió de las redes creadas por los migrantes de la primera.

Tercera oleada (2000 – 2010)

El factor económico sigue siendo en este periodo la principal causa de la salida de nicaragüenses. El mercado laboral en Nicaragua no era capaz de absorber toda la mano de obra con que contaba; hacia finales de los 90’s solo una de cada seis personas tenía trabajo.

Por otro lado, Estados Unidos había recrudecido sus leyes migratorias, por lo que Costa Rica sigue siendo el destino privilegiado, pero los flujos hacia el Salvador, Panamá y Honduras se intensifican en cierta medida.

Alrededor del año 2000 inicia un flujo de personas -en su mayoría mujeres- del pueblo nicaragüense de Somoto hacia San Sebastián (España), para ocuparse principalmente en labores domésticas, cuidado de ancianos y como niñeras. Este flujo se dio por la cercanía entre algunos voluntarios españoles y nicaragüenses afectados por el paso del huracán Mitch en 1998.

Situación de los nicaragüenses en Costa Rica

Viven en barrios marginales deficientes en infraestructura y servicios, así como sobrepoblados. Las condiciones laborales son irregulares y deficientes, por lo general no cuentan con un contrato, empleándose en las labores más pesadas y menos remuneradas.

Los migrantes nicaragüenses tienen un nivel escolar bajo que no pasa de secundaria en la mitad de ellos. Las mujeres se ocupan como empleadas domésticas o en el trabajo de limpieza en el sector turístico. Los hombres por su parte se emplean en la producción industrial poco especializada, agricultura, construcción y comercio informal.

Enfrentan la xenofobia de muchos costarricenses que los consideran una amenaza, argumentando que son violentos y que les quitan el empleo; los culpan de epidemias. La mayoría de los migrantes se encuentran en edad laboral y se van con la intención de mantener a sus familiares a la distancia.

Con información de: Elena del Rosario Dávila Arriola, “Causas y Consecuencias de la Emigración Internacional de Nicaragüenses en la Segunda Mitad del Siglo XX”; y Claudio Felipe Petro Larrota, “Súbditos de diferentes tiranos: Las migraciones nicaragüenses tras la Revolución Sandinista”.

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