La “E” es neutralizante y no inclusiva

Lejos de cualquier conservadurismo, me opongo a la neutralización del lenguaje a través del uso de la E. Y este artículo está pensado para quien tenga disposición de reflexionar, no de imponer. Porque yo no siempre tuve esta posición, yo en algún momento usé y defendí el uso de la “E”. Pero la realidad vino de frente y me hizo cambiar de parecer.

Hace bastante tiempo ya que el feminismo resulta un movimiento peligroso y subversivo para la lógica de funcionamiento del sistema capitalista-patriarcal. Por eso, cuando el feminismo comenzó a tener músculo, es decir, a convertirse en una fuerza política de mucha incidencia, ya el capitalismo tenía preparado la forma de neutralizarlo para desmovilizarlo.

Esa neutralización se trata básicamente de un argumento: hacer parecer que el problema de la opresión patriarcal es un asunto cultural e individual. La trampa neoliberal está en ocultar la verdadera causa de la opresión patriarcal: la necesidad de obligar a las mujeres a reproducirse, sin que lo elijan, y a convertirse de inmediato en esclavas domésticas.

Es una causa económica, porque al esclavizarnos con el trabajo doméstico estamos realizando un trabajo de preservación de la mano de obra. Y cuando nos obligan a parir, estamos reproduciendo la mano de obra del futuro.

Pero pocas veces se señalan los motivos económicos. Simplemente se nos dice que es un problema cultural de imposición de roles. Y claro que la imposición de roles es un problema, pero no es la causa, sino la consecuencia de la opresión.

Y eso es lo que se olvida cuando se usa y se promueve la “E” como un gran neutralizante del lenguaje. Que aunque se diga “todes”, hay millones de niñas que no tienen ninguna posibilidad de elegir y crecen bajo una carencia tan enorme que son esclavas desde el nacimiento y se reproducen sin poder elegir.

Tampoco elige ninguna el puño en el rostro, ni la mutilación genital, ni el acoso, ni la violación, ni el femicidio. Por eso hablar de nosotras es importante. No es casual que, cuando por fin empezamos a nombrarnos en femenino, haya surgido la neutralización del lenguaje. Y esto es una trampa, porque la E no nos iguala. La “E” oculta las desigualdades. Y las desigualdades deben estar siempre sobre la mesa, para señalarlas y superarlas, no para evadirlas.

Soy mujer y, por todo lo que eso significa, nos nombro en femenino.

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