Covid y Trump: show must go on

Si alguien pensaba que la campaña de Donald Trump se vería condicionada a partir de ahora por su contagio por coronavirus, es que no se tiene ni idea de en qué lado del “ring” quiere jugar la partida.

Es un “luchador de wrestling”, no un político que se lame sus heridas. Mientras el resto espera competir en un combate de boxeo, él asalta el ring y se lía a tortas sin normas ni árbitros a quién hacer caso.

Al público le da completamente igual si el combate está trucado o no, y tiene razón: confía en la primera virtud del espectáculo, que consiste en abolir todo móvil y toda consecuencia: lo que importa no es lo que cree, sino lo que ve”, escribió en los años cincuenta el semiólogo francés Roland Barthes.

Es así, Trump es por él mismo todo lo que se quiere ver y escuchar, si en medio existe una pandemia que le ha afectado al mismo Presidente de los Estados Unidos da igual, él decide dónde quiere jugar la partida en cada momento, muy a pesar de la seguridad de lo que supuestamente son sus conciudadanos.

No es nada nuevo para Trump el Wrestling, él mismo patrocinó dos “WrestleManias” en 2007. Su manera de superar el coronavirus va a ser la de crear un nuevo show que centre el foco en su persona y desvíe la atención sobre la enorme alegalidad con la que juega este mandatario.

En la lucha-espectáculo, los papeles están bien definidos, como ha escrito Chris Kelly, coautor de “El Donald: cómo Trump convirtió la política presidencial en lucha profesional”. “La lucha profesional es una obra de teatro moral en la que el héroe  combate con un villano (el despreciable)”, explica Kelly.

“El despreciable recibe abucheos (una reacción negativa del público) porque insulta a sus enemigos y a la audiencia, hace trampas en cada momento y alega que el juego está amañado en su contra”, explica Marc Bassets del diario El País.

En la cultura televisiva del “Pressing catch”, sin duda destaca un nombre entre todos los actores: Terry Gene Bollea, alias “Hulk Hogan”. Hulk, fue una figura amada por los seguidores de este espectáculo basado en la teatralidad y la agresividad mediática.

Su estrategia se basaba en mantener siempre en vilo al espectador mediante una lucha en la cual Hogan usaba el papel del fuerte como del débil según le convenía, pero el final siempre era el mismo. Hogan salía victorioso de las más grandes adversidades porque era capaz de resurgir “milagrosamente” de toda dificultad a la que le sometían sus más firmes rivales.

En 2015 Hulk Hogan fue expulsado de la World Wrestling Entertainment por comentarios racistas, aunque sigue manteniendo su puesto de honor en la sala de la fama de la WWE.

Trump como Hogan son la mismísima idea de lo que ellos mismos representan: un producto mediático que debe ser enfocado permanentemente en la cámara delo contrario se conocería su verdadero estado anímico y mental.

Volviendo de nuevo a lo que representa para Donald Trump su contagio por coronavirus, parece que este virus va a estresar más la campaña por la elección de la presidencia de los EEUU.

Los republicanos no se pueden permitir el lujo de rebajar las expectativas o dejarlo a la suerte de “segundones” como el Vicepresidente Mike Pence. Hay demasiado en juego, la máquina está en marcha desde la elección de Trump en 2016.

Existe una “lucha” de fondo por la legitimidad de dos modelos absolutamente antagónicos: el modelo representado por Trump que pretende subvertir no el sistema político más los límites de este.

Y el modelo representado por el resto dónde podríamos encasillar a Joe Biden y lo que representa la defensa de los valores del sistema democrático moderno, eso sí, con muchas excepciones por medio.

Sólo queda una posibilidad: salir del “ring” de la lucha para encauzar una campaña de debate político en condiciones de igualdad.

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