La extirpación de la idolatría en la Nueva España

La historia de España como lo hemos visto, ha dejado consigo una huella permanente en la historia de México y América Latina en donde en 1492 tuvo lugar el llamado “descubrimiento de América” y consigo muchas expediciones para seguir “conquistando” y lograr una expansión con políticas altamente religiosas.

No es fortuito que tengamos una conquista que en contexto fue intolerante con todo aquel que no siguiera la religión católica, tenemos el claro ejemplo en esta conquista por parte de los españoles para extirpar cualquier idolatría que no fuera hacía Dios.

Coyoacán, lugar que jugó un papel muy importante desde tiempos prehispánicos de donde provenían buena parte de los productos que se consumían en Tenochtitlán y durante la colonia fue el primer cabildo del altiplano y posteriormente un ayuntamiento donde se alojaron los españoles entre ellos Hernán Cortés.

Tenochtitlán tenía un olor de putrefacción debido a las múltiples muertes que hacían que el hedor y la descomposición de los cadáveres fuera insoportable. Por lo cual hizo que Coyoacán pudiera convertirse en una de las villas más importantes en la vida de los pobladores españoles de este barrio.

La arquitectura religiosa de la colonia no es más que producto de la Contrareforma, el enemigo principal de la iglesia estaba representado por los cultos llevados a cabo en los templos prehispánicos que los conquistadores llamaron cúes, esto para referirse a un montículo o cerro al que conocemos como pirámide.

El cu tenía en la cima un adoratorio y los monjes encargados de la conquista evangelizadora no dudaron para también tomar esa referencia e imponer sobre esta alguna iglesia o templo venerando a algún santo.

En varias crónicas enviadas por obispos de México, Oaxaca y Guatemala que enviaron al emperador informando de este tipo de lugares “para derrocar los templos de todo punto y les quememos y destruyamos los ídolos que tienen”, y por respuesta obtuvieron “en cuanto a los cúes o adoratorios encarga su majestad que se derriben sin escándalo y que la piedra de ellos se tome para edificar iglesias y monasterios y que los ídolos se quemen”. Desde España había una política en la cual no cabía ninguna otra veneración más que la de la cristiandad.

Encontramos fuentes escritas por mencionar la de Diego de Landa en Yucatán que relata la destrucción de veinte mil ídolos hechos de piedra y la demolición de templos, así como la quema de códices prehispánicos y la muerte los indios que se negasen a la conversión.

Un documento hallado por la doctora Zelia Nutall fechado en el año de 1735 refiere que el gobernador de la villa “capital del Estado y Marquesado del Valle se halla sin tener casas reales en que se practiquen con la decencia debida las funciones judiciales debidas y administrativas y para que viva el corregidor”.

Figura que sin duda es herencia de la España de Carlos V y que fue creada para quitarle a los alcaldes que comenzaban o tenían demasiado poder con el fin de regularlos y fuesen externos al lugar.

Las fuentes ejercen un papel muy importante por lo cual nos muestran la situación administrativa en tiempos de la colonia y como es que los mandatos de España por parte del Rey Carlos V se siguieron en su momento y posteriormente se seguían a medias o eran completamente pasados por alto.

Hernán Cortés pidió al rey Carlos V que se enviarán a la Nueva España frailes de los órdenes mendicantes franciscanos, dominicos y agustinos llegando en 1524, los segundos en 1526 y en 1535.

Obviamente para entonces no existían como tales conventos sino casas (una de las primeras fue en el barrio de La Conchita) en donde iniciaron a evangelizar. Tengamos en cuenta que los dominicos por su parte en Coyoacán echaron a andar el conjunto arquitectónico que llevaría años edificarlo y que ya se le atribuía el nombre de San Juan Bautista que comprendía el templo, el convento, el atrio y la huerta.

En un abrir y cerrar de ojos y sólo dándole un repaso a la historia todo comienza tener sentido, desde Italia, Francia, parte de la invasión musulmana en España y el esplendor de las culturas prehispánicas, nos absorbe en un mismo espacio llamado México.

Todo ello con sus contrastes arquitectónicos en donde podemos ver calles con una influencia arquitectónica colonial pero que pertenecieron a un momento prehispánico, glifos como el del coyote al cual se le atribuye el nombre de Coyoacán, y así nos podemos encontrar con momentos prehispánicos y de la Nueva España de este país que mantiene una influencia muy particular.

Una “Historia” de México, América Latina e incluso África es por momentos una herida doliente, otras una mezcla, pero siempre con una memoria que debe enmarcar aquellas personas que sufrieron por la brutalidad de la diferenciación por color, religión y que también son parte de nuestro devenir.

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