Reunificación de Alemania (II): la búsqueda de una identidad común

Un ejemplo de la problemática social que supuso la reunificación fue el de la problemática del papel de la mujer. El reencuentro de ambas sociedades puso de relieve el importante protagonismo que la mujer había tenido en la RDA.

Los ideólogos del marxismo afirmaban que el patriarcado era un fenómeno propio de las economías capitalistas, y que no era posible la creación de una sociedad socialista sin la participación de la mujer.

De ahí que el SED favoreciese su inserción social y laboral. Se facilitó su acceso a la educación y el mercado laboral, se ofrecieron subvenciones por maternidad, y se facilitó la asistencia social para las madres. Además, el acceso al mercado laboral daba a las mujeres un nivel de independencia económica importante, y se ayudaba a solventar las necesidades familiares.

A principios de los 1990, las mujeres de la RDA se enfrentaron al hecho de que su formación y experiencia laboral anterior no cumplía con las exigencias de los puestos de trabajo análogos en las empresas germano-occidentales.

Se trataba de un mercado laboral que demandaba mano de obra femenina restringida al comercio minorista, los servicios y la hostelería, mientras que la mano de obra femenina germano-oriental había adquirido experiencia laboral en el sector industrial.

Tras la reunificación, el personal femenino mayor de 50 años fue despedido o jubilado forzosamente, mientras que a las más jóvenes se les ofrecían empleos a tiempo parcial. En 1998, el desempleo afectaba al 56% de la población femenina en la antigua RDA, mientras que en la RFA apenas era del 42%. Esta situación fue mejorando progresivamente, aunque las desigualdades se han mantenido entre ambos territorios: en 2008 el desempleo femenino era del 14,5% y del 7,4%, respectivamente.

La reunificación nacional: la búsqueda de una identidad común

La identidad nacional se refiere al sentido de pertenencia a una nación, pero no quiere decir, necesariamente, que exista una afinidad real con ideologías nacionalistas o de extrema derecha. Debido a la defensa del modelo económico, político e ideológico aplicado en la Europa occidental, los germano-occidentales tenían una imagen muy negativa de la RDA.

Estos criticaron especialmente la carencia de libertades individuales y colectivas, y la economía de escasez. Además, tendían a ignorar los beneficios de la asistencia estatal germano-oriental, al tiempo que veneraban el Estado del Bienestar occidental.

En el Este, la población mantenía un nivel importante de identidad nacional alemana, incluso antes de 1989, un sentido que se fue incrementando debido al final de la dicotomía entre ambas sociedades. Esa tendencia ha llevado a que los germano-orientales manifiesten una marcada identidad nacional que se enfrenta a la llegada de extranjeros.

El progresivo asentamiento de los niveles de vida germano-occidentales en los territorios de la antigua RDA fue una de las prioridades de la reunificación. Esto llevó al establecimiento una identidad social como un grupo de referencia al que los ciudadanos germano-orientales debían asimilarse.

A pesar de todas las mejoras, los Ossis (término despectivo para referirse a los ciudadanos orientales) siguen reconociéndose como ciudadanos de segunda clase, debido a las diferencias que aún existen entre ambas sociedades: mayor desempleo, salarios inferiores, y el menosprecio occidental hacia los logros del antiguo estado socialista (los logros en seguridad social, en educación y ciencia, etc.).

Muchos alemanes del Este se sienten discriminados por los occidentales, más representados en las élites académicas, políticas y económicas; el sentimiento de discriminación disminuye entre los jóvenes nacidos después de la caída del Muro de Berlín. Este menosprecio fue lo que generó que los alemanes orientales enfatizaran y preservaran su propia identidad nacional, frente a los Wessis.

Poco después de la reunificación, los germano-orientales se mostraron nostálgicos por el estilo de vida de la RDA, lo que provocó un sentimiento colectivo conocido como Ostalgie, derivado de la escasa identificación e implantación con los valores occidentales. Pero también se vincula con la poca identificación que existe entre un amplio sector de los germano-orientales, con respecto a la sociedad occidental.

Ambas sociedades piensan de forma diferente. Los Ossis se sienten más identificados con su región que con su país (47%), fruto de años de frustración y decepción, aunque también es un incremento que se da en el Oeste. En el Oeste, el 78% se considera “alemán”, frente a un 16% que se ve como germano-occidental; en el Este, sólo el 55% de la población se siente “alemán”, por un 41% que se identifica como germano-oriental.

También se ha perdido el sentimiento de júbilo fruto de los primeros momentos de la reunificación: sólo el 31% de los Ossis considera la democracia como la mejor forma de gobierno, frente al 72% de los Wessis. Eso señala a un sentimiento colectivo de abandono: cuando se acabó la “fiesta”, el Este volvió a perder importancia. La imagen ideal se desvaneció rápidamente.

En muchos casos, la población germano-oriental se pregunta qué pasa con sus memorias personales, que han quedado diluidas dentro de la memoria colectiva “alemana”. Aún hoy, sus experiencias continúan siendo relatadas como las memorias de los “otros”, como algo ajeno que los occidentales, no los orientales, deben explicar.

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