Contando los días

Anda mucha gente contando los días, esperando que pasen rápido para ver qué ocurre cuando llegue diciembre; el país todo vive una especie de ansiedad colectiva generada por la incertidumbre de una guerra que los sabedores califican de asimétrica, como si hubiera guerras simétricas en perfecto equilibrio: guerra es guerra y tiene sus razones, las guerras se declaran y se hacen contra alguien con el propósito de destruirlo y dominarlo.

Esta incertidumbre inducida, como la inflación, y la depreciación del bolívar frente a un dólar invasor que se posicionó en el imaginario colectivo de tal manera que ya nadie se acuerda de los marrones de otra época; todo el mundo habla y tanza en verdes, color de los Boinas Verdes, ejército élite invasor, que ha participado en todas las guerras del mundo, bajo la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica, paladín del American way of life, o sea, el sueño americano.

Soñar no cuesta nada y de ilusiones también se vive, solo que las realidades son tan duras que han generado una profunda crisis en el capitalismo mundial, porque finalmente la crisis no es de los países que antes se calificaban como subdesarrollados, o del Tercer Mundo; la crisis está en las entrañas mismas del capitalismo, y lo que hoy sucede en los países dependientes que giran en su órbita, no es más que el reflejo de sus propias contradicciones. Anda mal el capitalismo, su crisis esta vez le está costando su hegemonía y eso no tiene vuelta.

Lo que le cobran a la República Bolivariana de Venezuela es haberse planteado una alternativa diferente, contraria al orden hegemónico de los Estados Unidos de Norteamérica y sus socios de la Europa occidental, que hoy pasan más trabajo del que estamos viviendo en estos días y desde el 2014, por ser una amenaza inusual y extraordinaria.

La agenda política es tratar de impedir o sabotear las elecciones del 06 de diciembre, tal como lo establece la Constitución Nacional; cantar fraude antes de que se hayan realizado es prestablecer un escenario geopolítico que permita la injerencia directa en aras de restablecer una democracia, tal como la entienden los Aliados y sus intereses.

Promover la abstención busca simplemente deslegitimar un proceso electoral que de darse en sana paz y con la participación de un porcentaje significativo del electorado, demostraría que en la República Bolivariana de Venezuela se cumple lo establecido constitucionalmente, en el uso pleno de la soberanía y en el ejercicio de una institucionalidad claramente definida en el marco jurídico que regula la vida política del país.

Más allá de los resultados electorales, el hecho de que las elecciones se lleven a cabo, ya es un triunfo político para la República Bolivariana de Venezuela, que fortalece su posición frente al mundo, mostrando sus fortalezas institucionales y su vocación democrática.

Amanecerá y veremos.

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