¡…Por los caminos de la seda!

Somos olas del mismo mar, hojas del mismo árbol y flores del mismo jardín. Séneca.

El gigante amarillo vuelve su cara al oeste mientras sopla el viento que viene del este. Algunos cambios en la geopolítica mundial trastornan las fuerzas que movieron al mundo los últimos 500 años de descubrimientos científicos y ocupaciones territoriales por los herederos de occidente, quienes desarrollaron una cosmovisión y un relacionamiento económico y cultural marcado por el racionalismo de la economía capitalista, la cual le impusieron al mundo con la violencia guerrera de conquistas, dominación y exterminios.

Es innegable que occidente al abrir las puertas del nuevo mundo a partir de 1.492 y ocuparlo para la acumulación, beneficio y expansión de su mercado, amplió su espacio dominial de manera superlativa y el Atlántico se convirtió en el gran océano europeo.

La China con una historia que supera los cuatro mil años había alcanzado altos niveles de desarrollo en diversos campos de la ciencia y de la poesía; nos viene a la memoria la aventura del mercader veneciano Marco Polo, quien incursionó y vivió allá varios años hacia los fines del s XIII, en los tiempos de la dinastía Yuan bajo la dominación de los mongoles cuando reinaba Kulay Kan nieto del famoso Gengys Kan.

Desde el año 1368 y hasta 1644 se instauró en el poder la dinastía Ming que va a representar un tiempo de muchos adelantos en hidráulica, telares, imprenta, papel, las aleaciones y monedas, los billetes, el comercio, la brújula y grandes embarcaciones. Con una población de 200 millones de habitantes China era una gran potencia entre las naciones; la ciudad de Xian era la mayor del mundo y la encrucijada de los caminos de las caravanas en la importante ruta del “país de la seda”, como ya se le conocía desde los tiempos de Confucio.

Con sus grandes barcos (5 veces más grandes que las carabelas de Colón) los chinos navegaron antes que los europeos, por el atlántico sur hasta el mar Caribe en “1421 el año en que China descubrió América” como nos argumenta con soportes documentales y relación cartográfica Gavim Menzies en un libro de ese título, donde nos narra la extraordinaria expedición marina del gran almirante eunuco desde el Mar de la China, por el Índico, la costa este de África hasta doblar el cabo y desde allí recorrer el Atlántico hasta lo que hoy es Puerto Rico.

Los navegantes chinos no continuaron sus viajes porque al retorno había cambiado la política de apertura existente al momento de la partida; era la vuelta al desarrollo interior y encerramiento tras la gran muralla, que la mantuvo aislada.

Cuando Europa occidental tomó la ventaja en los mares y con mayores riquezas desarrolló su ambición y potencial de guerra, les obligó a cañonazos la apertura de sus puertas y sus puertos, para saquear sus potencialidades, con asaltos a sus costas y las sucesivas guerras del opio, para obligarle al comercio y consumo de esa droga, imponerle sanciones e indemnizaciones, así como facilitar su debilitamiento y sumisión.

En el año 1.960 terminé mis estudios de bachillerato y la China era uno de los países que integraban la geografía del hambre, así lo aprendí entonces del interesante libro titulado “Geopolítica del hambre”, escrito por el año 50, del médico, geógrafo, economista y antropólogo brasileño Josué de Castro, quien había sido Presidente del Ejecutivo de la FAO. Para aquel momento la población de la China era de 600 millones de personas.

De ese libro les traigo una cita que me impactó “…el campesino chino se entrega en cuerpo y alma al cultivo de la tierra y se liga a ella en una integración tan perfecta que siempre restituye al suelo todo cuanto el suelo le da. Fue esta estricta dependencia del suelo la que creó en Oriente una filosofía de la vida, una mística que preconiza la indisoluble unión de la tierra eterna con la sangre eterna, del suelo con la raza”.

La hipótesis fundamental del libro sostenía la relación estrecha entre los dos instintos básicos del grupo zoológico humano, el de conservación de la vida y el de conservación de la especie; de modo que cuando la vida estaba amenazada por el hambre, se exacerbaba el otro instinto como una manera para que la larga prole asegurara la atención de la generación mayor; lo cual se expresaba en el adagio popular: “la mesa del pobre es escasa pero el lecho de la miseria es fecundo”.

Por otra parte, para indagar en la historia de ese país y su expresión social se deben considerar las diferencias entre el sur arrocero y el norte triguero, con las distintas condiciones climáticas, de suelo y culturas de producción, lenguaje y gastronomía; sus muchas etnias y diversidad.

También la influencia del pensamiento de Lao Tsé (604-531) y de Confucio (551-479) antes de nuestra era, quienes van a inspirar al desarrollo de una moral de vida en una sociedad ateológica y productiva, los templos servían como escuela de administración y respeto a las jerarquías, donde se hacían los exámenes imperiales de servidores públicos para escoger los mejores. Asimismo debemos considerar la importancia que ha tenido el gran valle del río Yang Tsé y otros cursos de agua, para el desarrollo de la China antigua y sobre manera para el de la China moderna.

Al inicio del siglo XX se suscitaron en China numerosos acontecimientos en un proceso de liberación frente a las diversas potencias ocupantes de su territorio, a la par del movimiento por cambiar el orden feudal impuesto por las dinastías imperiales, para construir una república acorde a la voluntad y necesidad de toda la población; en la primera mitad del siglo se van a generar numerosas rebeliones, conflictos y una larga guerra civil.

El año 45, con la terminación de la segunda gran guerra en ese siglo, cesa la ocupación japonesa; sin embargo continúa la guerra interna entre el ejército del Kominter con el liderazgo de Chiang Kai-Shek, aliado a las potencias de occidente y el ejército popular con la conducción de Mao Tse-tung, apoyados por la Unión Soviética.

A fines del 49 triunfa el ejército popular que empuja la huida de los ejércitos nacionalistas a la isla de Formosa y se hace la proclamación de la República Popular de China en la plaza Tienanmen de Beijing. De aquella fecha hasta hoy han pasado 71 años intensos de historias, para los chinos y para el mundo.

En el mes de noviembre del año pasado saltó al mundo el nombre de Wuhan, ciudad china poco conocida para nosotros y esa popularidad nos vino con el alerta por un nuevo virus que nos impuso este gran confinamiento planetario durante todo el año y lo que aún falta.

Noticieros, videos y las cifras de los primeros días, lo presentaron como un asunto de “allá lejos” y en las redes se quiso banalizar con el relato del mercado de especies exóticas entre las cuales murciélagos salvajes que habrían contaminado a algunos humanos; la expansión del virus y del número de muertos, la rápida actuación de las autoridades sanitarias en la cual destacan: la construcción de un gigantesco hospital en tiempo récord, las medidas drásticas de aislamiento de la ciudad y la contención de sus efectos; permitió conocer que Wuhan era una ciudad muy importante e inmensa, uno de los “cuatro hornos” de la economía china, donde un mes antes se habían celebrado unos juegos militares de carácter mundial con participación entre otros de una delegación de EEUUA con sospechas de contagio de un raro virus.

Así entró otra versión del origen del virus vinculado a grupos financieros del área de la salud y del club de interesados en instaurar un nuevo orden para gobernar al mundo, con el deseo expresado de disminuir la carga de población “no productiva” sobre el planeta. Mientras esto ocurre, la economía mundial se viene a pique y la confrontación comercial China-EEUUA se hace más tensa.

En ese marco, diversos pensadores se han expresado en varias versiones de lo que se llamó “Sopa de Wuhan”, tratando de entender la crisis de civilización para el homo sapiens/demens y el futuro del planeta.

El brote virulento de la pandemia, su presencia escandalosa en Europa, el desconcierto del tratamiento de los primeros meses, las recomendaciones de la OMS, con la paralización de las actividades cotidianas en el planeta y sus consecuencias, también nos mostraron el arrebato de medicamentos y bienes sanitarios entre algunos países poderosos, así como las manifestaciones de conducta solidaria de otros países, que enviaron sus grupos de médicos y equipos de salud; China, con el envío de aviones cargados de ayuda sanitaria a otras naciones en dificultades. En Italia la donación fue entregada con la frase de Séneca “somos olas del mismo mar…”.

Es un hecho que el crecimiento constante de la economía china, sus avances diplomáticos y su presencia creciente en la economía mundial le han permitido pasar de un país ocupado -como lo fue desde el s XIX hasta mediados del s XX-, a un país posicionado en el mundo, con proyectos y vocación planetaria, que hacen presagiar de centuria asiática al Siglo XXI, con China como la gran locomotora del impulso hacia el occidente. Hoy en nuestro Caribe también estamos viendo las olas del mismo mar; las
inquietudes que nos trae ese presagio nos motivará a otros artículos por esta sedosa ruta.

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