Apuntes geopolíticos y sociales sobre la toma del Capitolio

La reacción ante un conato de golpe de estado de un país que apoyó la proclamación de un diputado en una plaza pública como presidente. Los golpistas entraron en el capitolio sin apenas resistencia de la autoridad.

Para este momento no existe una certificación para la legitimación de Biden como presidente de los Estados Unidos de América como es costumbre. Ocurre un hecho inédito en la historia de EEUU.

Merece el esfuerzo cuestionarse, pero hablando en los términos más claros posibles, ¿qué es lo que pasa en la “tierra de la “libertad”?

Pues lo que sucede es extremadamente peligroso. Porque Trump ha revivido un sector que se creía desaparecido -el supremacismo-, y es lamentable ver cómo se trata el tema con mano de seda. No debe ser así porque, a nuestro juicio, el mundo entero debe saber que se apuñala la ya frágil “democracia” del país del norte.

Donald Trump insiste en que no aceptan la derrota electoral. Su discurso es público, notoria y comunicacionalmente violento, un hecho a resaltar es ver cómo algunos de los golpistas que irrumpieron en el Capitolio portaban banderas de la confederación.

Hay más de 350 mil muertes por COVID-19 en un país severamente afectado por la pandemia y la llamada Comunidad Internacional y el aparataje mediático internacional no se pronuncia con contundencia.

Nosotros lo planteamos con todas sus letras cuando Trump prácticamente instalaba un Gobierno imaginario en Venezuela. Una parte de la llamada Comunidad Internacional salía a reconocerlo porque EEUU y su criterio ampliamente democrático así lo decían, pero aquí lo real es que, por menos de lo que hoy sucede en Estados Unidos, cualquier país ya hubiera sido invadido por ellos mismos.

Es extremadamente necesario que los pueblos nos pronunciemos y exijamos el cese a las hostilidades de Trump, que ya no son una amenaza en contra solo de los países en vías de desarrollo, sino incluso para la propia nación americana.

Lo que sucedió hoy no es para nada una sorpresa, de hecho es predecible totalmente, y de no ejercer acciones para frenar al demente presidente de los Estados Unidos las consecuencias pudieran ser muy lamentables.

Una mujer fallecida de la que no se sabe nada por la censura mediática que se estila como política de un gobierno que pretende regular la “prensa libre“ en países donde no son serviles a sus intereses.

La pregunta es cómo la eficiencia de la Guardia Nacional estadounidense funciona como un reloj para reprimir y liquidar protestas pacíficas en contra de la discriminación racial, pero no funciona para disipar a los esbirros de Trump mientras toman el Capitolio de la capital americana.

No podemos jugar a la ingenuidad pretendiendo hacer ver este lamentable escenario que se vive en USA como un hecho improvisado y carente de planificación.

Trump es violencia y cinismo al punto de twittear que “estas son las cosas que suceden”, siendo responsable de la muerte de una mujer. Llama patriotas a quienes asaltaron el Capitolio. Ese nivel de megalomanía lo catalogamos como una verdadera amenaza para la estabilidad y la paz. Es por eso  que debe ser destituido de la presidencia. Solo así se garantizará la estabilidad democrática del continente.

La polarización en los Estados Unidos se agudiza y debemos recordar que 70 millones de personas lo votaron.

Pero la mayoría debe imponerse porque el respeto a las normas que ellos mismos creen como justas debe imponerse, y el último escenario del que quisiéramos escribir es sobre una guerra civil en los Estados Unidos. Como diría un analista internacional muy querido y respetado: “estos acontecimientos están en pleno desarrollo y los días por venir nos dirán lo viene“.

Con total cinismo, Trump dice vía RRSS dice “estas son las cosas que suceden” porque la muerte de seres humanos a él le parecen cosas que suceden por no someterse a su megalomanía.

Dejamos una pregunta a criterio de los lectores, ¿es válido lo ocurrido en Bolivia cuando una declaración de fraude terminó por derrocar al entonces mandatario Evo Morales? Entonces, ¿dónde está la opinión de Almagro y la decadente OEA?

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