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¡Delhi Chalo!

Adivasis y la Federación de la Juventud Democrática portan como un enorme escudo la Constitución de la República Unida de la India.
Tras rebuscar un tantito y aclarar el papel fundamental de Ambedkar y los primeros gobierno soberanos de la India, usando como fuentes la gran diversidad de libros de historia que poseo, -investigados y contrastados por las propias fuentes del Lok Shaba (Cámara alta del parlamento de Nueva Delhi) llamado así como “Casa del pueblo”, así como de la policía de la India, junto con sus estados federales-, voy a dejar aquí algunos artículos de la Constitución del país asiático, aplicando un poco de materialismo para encontrar las contradicciones y entender la realidad de la India.
Abolición del sistema de castas
Es absolutamente imperativo abolir el sistema de castas, tan expeditivamente como sea posible, para el funcionamiento regular del Estado de Derecho y de la Democracia en nuestro país; State of Uttar Pradesh v. Ram Sajivan, AIR 2010 SC 1738.
Tal y como comentan Tharror y Flavoni en sus libros “La Invención de la India” e “Historia de la India, desde su independencia nuestros días” podemos ver un importante avance del legado político más opuesto al conservadurismo gandhiniano, donde muchos brahamanes son abolidos (como fue el caso de los zamindari). Se les expropia las tierras para dárselas a los dalits, pasándolos de lúmpenes a campesinos.
Según lo expuesto en el libro de Flavoni, más de 7 de cada 10 indios viven en el campo actualmente (700 millones), el nivel de natalidad durante 1901 fue de 210 millones de personas. Entre 1950 y 1955 se da la abolición del sistema de los Zamindari -una aristocracia parasitaria que vivía de los que cultivan la tierra-. Estaban financiados por el Imperio Británico, mediante una ley llamada Cornwallis Sttlement Act.
Esta ley les permitía adquirir tierras. Hasta el año 1793 los Zamindari estaban dentro de la administración mogol. Eran funcionarios, agentes tributarios y en cierta medida jueces. Esta ley creó muchas diferencias sociales, bloqueó el desarrollo de la agricultura, y aceleró la disgregación de modos de vida tradicionales. Los Zamindari poseían cerca del 60% de las tierras cultivables, que perdieron gracias a las reformas de Nehru: entre 20 y 25 millones de arrendatarios y aparceros se convirtieron en propietarios de casi 6 millones de hectáreas de tierra.
El nivel de producción aumentó considerablemente, la producción nacional del cereal pasó de 73 millones de toneladas en 1965-1966 a los 108 millones en 1970-1971. En un arco de tiempo mayor el aumento porcentual (1984-1985 respecto a 1969-1970) es para los cereales del 64,7% y arroz del 34,8%.
En Bengala Occidental tras la victoria de los comunistas (Frente de izquierdas) en 1978, realizan la Operación Barga, consistente en llevar una identificación rigurosa de las tierras sin cultivar y de las tierras que sobrepasaban los límites de la ley. Ese registro supuso para 1,3 millones de aparceros el acceso a la distribución de más de 1 millón de pequeñas parcelas (de menos de media hectárea cada una). Para los jornaleros se aumentó el salario mínimo.
Estas victorias supusieron un avance por el que ahora muchos dalits forman parte de la estructura social de India y no del lumpenismo más hinduista. Sin embargo, y como bien sabemos, en India existe un nivel de pobreza que la convierte en el segundo país más pobre del mundo, por lo que no deja de ser un país subdesarrollado.
Aún a pesar de alcanzar logros y cumplir retos tras conquistar su independencia, forma parte de la Mancomunidad de Naciones, sin prácticamente clase obrera, donde una rupia vale 0,12 euros, padece explotación infantil, y no se han llegado a eliminar la totalidad de los brahamanes.
Algunos incluso cuentan con grupos armados, como el grupo paramilitar Ranvir Sena (liderados por Brameshwar Singh) que en la aldea de Bathani Tola asesinaron a 21 dalits en Junio de 2015, escribiendo en las paredes “matamos a los hijos de los dalits para que de mayores no sean naxalitas“.
Laicidad
La Constitución de la India propugna un Estado laico. El Estado no tiene religión oficial. La laicidad impregna sus disposiciones, las cuales permiten que todas las personas profesen, practiquen y propaguen el credo de su elección. La Constitución no sólo garantiza la libertad de religión y de conciencia, sino que asegura la libertad a quien no tiene religión, e impide escrupulosamente que el Estado discrimine por razón de la religión. Se garantiza una sola ciudadanía a todas las personas con independencia de su respectiva religión.
El Dr. Radhakrishnan, antiguo Presidente de la India, explicó la laicidad en este país, en la página 184 de su obra “Recovery of Faith” –La recuperación de la fe–, con las siguientes palabras:
Cuando se dice que la India es un Estado laico, no quiere decirse que rechacemos la realidad de un espíritu invisible, o la importancia de la religión para la vida, ni que exaltemos la falta de religión. No quiere decirse que la laicidad se convierta en una religión positiva, o que el Estado asuma prerrogativas divinas. Sostenemos que no debe darse un status preferente a religión alguna. Este criterio de imparcialidad en materia de religión, o de comprensión y abstención, tiene que desempeñar una función profética en la vida nacional e internacional“.
Todas las fuerzas políticas de la India han defendido la unidad multiconfesional y el laicismo para un país moderno donde la lucha constante contra los legados comunalistas británicos, el nacionalismo chovinista, las guerras con Pakistán y las purgas han sido pan de cada día de un país que es socialmente muy violento en su idiosincrasia.
Como ya comenté en otras ocasiones, las leyes de carácter segregacionista del BJP (Registro Nacional de Ciudadanos y la Nueva Ley de Ciudadanía), han revuelto la India con marchas con sus banderas tricolores en defensa de la comunidad musulmana, y por la unidad del pueblo indio con consignas como “Do not divide India” exigiendo también el fin del terrorismo de grupos armados del gobierno como el RSS (Rastriya Swayamsevak Sangh).
Aunque el presidente Modi este jurando la constitución, su constante odio a los musulmanes muestra de nuevo a una extrema derecha no india sino hindú, que nunca ha aceptado la cosmovisión de una India laica, unida y tolerante, lo que no saben es que los indios llevan unidos desde 1857.
Parte de que la India aún siga en la Mancomunidad de Naciones se puede ver en el apartado de su constitución, “La Estructura del Gobierno y los Aspectos Fundamentales de la Constitución.” Lo cual debo decir que se señala también como parte responsable de un país que ahora es dependiente de la burguesía nacional multimillonaria de los magnates Avani y Adani. Dice así:
La parte orgánica de la Constitución deriva, en gran medida, de la Ley del Gobierno de la India de 1935. La parte dogmática de la Constitución dimana de otras fuentes. El Título III sobre Derechos Fundamentales se inspira en parte en el Bill of Rights, contenido a la Constitución norteamericana, y el Título IV sobre Principios Rectores de la Política del Estado, de la Constitución de Irlanda. La parte política (el principio del Gobierno de Gabinete y las relaciones entre el legislativo y el ejecutivo), deriva de la experiencia inglesa. La regulación de las relaciones entre la Unión y los Estados se ha servido de la mencionada Ley de 1935 y también de la Constitución canadiense, aunque la Lista Conjunta ampliada del Anexo Séptimo está influida por la Constitución australiana. El Título XIII, que trata del comercio y del intercambio también muestra la influencia de la Constitución australiana. Se ha puesto el énfasis en algunas instituciones indígenas como los ‘panchayats’ (concejos), y se han incluido en el texto constitucional ideales nuevos como la promoción de la paz y la seguridad internacionales. Específicamente, la Constitución se refiere a las prerrogativas de los parlamentarios siguiendo hasta cierto punto el modelo australiano.”
Los indios salen en defensa de su constitución para protegerse del fascismo terrorista hindutva, de las leyes que empobrecen más a los agricultores, de leyes segregacionistas que vulneran su laicidad, adivasis, estudiantes, mujeres, agricultores, sindicalistas…
Su constitución ha dado importantísimos avances, su independencia nuevos retos, una división fuertísima del movimiento comunista, el protagonismo indiscutible de los sindicatos, guerrillas que, de una manera u otra están haciendo cumplir la constitución allí donde controlan un territorio, sea contra el Congreso Nacional Indio, el Trinamool, la policía o el Janapata Party.
Pero ni el CNI, con sus matones y guerras en Cachemira, ni el BJP fascista siendo un instrumento del globalismo neoliberal han podido paliar las penas que arrastra un país tan agrícola y pobre, queda mucho por hacer y no solo basta con reivindicar a Ambedkar, es hora de que el pueblo del hindustán tome su constitución, aparte de ella a los que no han sabido manejar al país y que vuelvan a luchar por su independencia de manera total.
¿Reformarán la constitución bajo las presiones de las organizaciones de las masas populares atendiendo las necesidades del desempleo, la accesibilidad a recursos básicos, a los y las representantes sindicales, comunidades adivasis?
¿O sustraerán los artículos que les permitieron avanzar, cambiando los heredados del liberalismo occidental por unos escritos por ellos mismos, reforzando así el legado de los que lucharon por una Bharat Matha libre, unida y moderna, teniendo como rumbo el objetivo del socialismo, ya no en papel y pluma sino en hechos?
¡El tiempo dirá, pero los antimperialistas y antifascistas del mundo no podemos permitir que se estafe de nuevo a este pueblo, que casi hace de un continente el destino de millones de personas montados en tractores!
¡Delhi Chalo!
¡Que si, a Delhi otra vez, por la independencia una vez más!