Unidad para la libertad

Es preciso que se conciba el asunto de la libertad como una batalla que se está librando hoy con más ahínco que en cualquier otro tiempo histórico.

Hoy vemos cómo no se cuestionan desde la mediática internacional que existan relaciones autoritarias y vergonzosas como la que mantiene Estados Unidos con Puerto Rico, pero la cuestión radica en que la solidaridad internacionalista parece que deja de ser una práctica entre los pueblos, y los esfuerzos que se realizan resultan insuficientes para la fuerza del ataque de los imperios para segmentarnos más allá de lo geográfico.

Estas líneas más que un artículo de opinión pretenden ser un llamado a la reflexión para nuestros lectores y lectoras, ya que resulta necesario cuestionarnos temas que hoy afectan las formas de relacionarnos internacionalmente.

Es tan asunto de los ciudadanos españoles rechazar las sanciones impuestas por la Unión Europea a los ciudadanos venezolanos (donde vale destacar que no todos son personalidades del gobierno Bolivariano, sino que ya incluso son también para dirigentes de la oposición venezolana), como para todo el pueblo Venezolano debe ser menester exigir a las autoridades españolas pedir la libertad del rapero español Pablo Hasél.

Así como la pretensión de construir un muro para dividir las fronteras entre Haití y República Dominicana debe ser una cuestión que haga que activemos las redes de solidaridad. Pero la pregunta obligada es, ¿una vez cerrada la era Trump estaremos ante una expansión de endoracismo entre nuestros pueblos?

¿Qué objeto tiene continuar viéndonos segmentados para seguir sometidos a las potencias que, desde mesas elitistas deciden cómo fortalecerse entre ellos? Esto pasa por dividir a las naciones y hacernos ver que no existen soluciones comunes a nuestros problemas, que también los son.

Nosotros proponemos desde esta humilde trinchera, y usando las letras como artillería del pensamiento, que la injusticia cometida en cualquier parte del mundo nos duela como si cometiera contra nosotros mismos, y que la solidaridad se convierta en la expresión de ternura de nuestros pueblos.

No hay opciones para la supervivencia ante el brutal ataque de los imperios, que no pase por comprender que la libertad definitiva no es ya un derecho sino una necesidad, y que para alcanzarla se debe globalizar cada victoria de la razón humana por encima del sensacionalismo y la vanidad, que se propone distraer la atención mientras se aniquila la esperanza.

Que no se silencien más los crímenes que se cometen contra dirigentes sociales en Colombia, que se levanten las voces del mundo ante la xenofobia en contra de los migrantes venezolanos en Perú, que cese el encarcelamiento absurdo de luchadores sociales en cualquier parte del mundo, que asumamos la esperanza de hacer lo posible como especie para garantizar la continuidad del planeta.

No deben ser utopías, sino metas claras de quienes creemos que un mundo mejor es posible.

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