El arte revolucionario no pierde vigencia

El arte y la lucha obrera se dieron la mano durante el siglo XX para movilizar a las sociedades en favor de sostener una lucha contra los poderosos.

 

Acompañadme por favor de nuevo en estos tiempos de pandemia y pasotismo, en los que podemos constatar que pese a lo que nos dicen todas las derechas, algunos supuestos “centristas”, y una gran parte de la izquierda edulcorada, la lucha obrera sigue hoy en día absolutamente vigente, y que pese a los anestesiados obreros que deberían protagonizarla activamente, (inconscientes de lo que realmente son), resulta totalmente imprescindible.

Y digo trabajadores anestesiados por no emplear otro calificativo mucho más ofensivo para definir la actitud de todos esos millones de obreros, a los que se les ha hecho creer que por el mero hecho de haber sido obligados, (léase manipulados), a darse de alta como autónomos, ya son los propios dueños de su destino, de su inexistente empresa (ya que trabajan casi siempre para un único chupasangres). Y que ya por eso mismo se transforman en… agárrense bien, ¡auténticos empresarios y burgueses!

Y no, los pobres ilusos solo se cuestionan esto a fin de mes, cuando sus dificultades financieras les impiden atender el pago del alquiler y los gastos más elementales, ya que el resto del tiempo parecen felices y satisfechos siendo explotados y a la vez alienados en la ciudad alegre y confiada.

Sin percatarse de que de ese modo resulta imposible vivir con dignidad y poder mantener una familia, y si acaso consiguen hacerlo solo podrán tener un niño (y esto gracias en la mayoría de las ocasiones a la pensión de los abuelos). Y encima muchos de ellos son tan ingenuos que luego van y votan al PP o incluso a Vox.

Como decía, acompañadme no solo para darnos un baño revolucionario en este primero de mayo con aquellos bonitos carteles que nos van a impedir olvidar quién es el auténtico enemigo, ya que todas las revoluciones tienen en su origen de un modo u otro el tratar de reparar una injusticia social, sino también para intentar ver la relación de algunas vanguardias artísticas con la citada lucha.

“El trabajo es esencial, el rifle está cerca”

“El camarada Lenin está barriendo la escoria de la Tierra”

Deni.

“Todo el poder para los soviets. Paz para el pueblo. Tierra para el campesino”.

Cartel modernista.

“¡Proletarios del mundo, uníos!”

“Con armas derrotaremos al enemigo, con duro trabajo tendremos pan. ¡A trabajar, camaradas!”.

La prominencia del obrero frente a las fuerzas que lo subyugan

Una portada increíble del ABC

Este cartel casi podría decirse que es actual.

Nuestro genial Joan Miró donó esta magnífica composición que el Estado francés convirtió en un sello cuyo importe sirvió para ayudar a la República.

Permitidme indicar también que los artistas rusos no solo no quedaron al margen de la reacción surgida en los albores del siglo XX contra el academicismo imperante, sino que antes al contrario, no es una exageración decir que en la práctica, y al calor de las ideas que germinaron en la gloriosa revolución, estos artistas constituían en mi modesta opinión algo así como “la vanguardia de las vanguardias”.

Pero desgraciadamente el poder es el poder, y en Rusia, la consecuente tendencia a la uniformidad y el mal entendido afán por proteger la salud mental del pueblo, creó una tendencia plana y una falta de imaginación (el Realismo Soviético), de la que solo Deineka y unos pocos más se salvarían.

La cuña “roja” en el corazón “blanco“, una alegoría de la Guerra Civil que en Rusia enfrentaba a ambos bandos.

Lisitskii

El cuadro El Segador.

Malevich

Un poco tristes estos futbolistas (Malevich no amaba con demasiada intensidad el Realismo Soviético oficial).

Habíamos hablado del Constructivismo, que tenía unos principios mucho más pragmáticos y funcionales, más acordes con el mundo y el espíritu industrial tras el triunfo de la Revolución.

Era una forma de buscar el arte que se podía ubicar mejor en una sociedad con una clara visión materialista del futuro revolucionario, creando objetos y relieves que se relacionasen con el espacio circundante.

Buscaba unir arte y vida, desde la producción industrial a las artes escénicas. Se impuso sobre todo después de la exposición que se celebró en Moscú en 1921, 5×5=25, llamada así porque cada uno de los cinco artistas participantes, tres mujeres y dos hombres (Exter, Popova, Rodchenko, Stepanova y Verdin) aportaba precisamente cinco obras.

Composiciones.

Rodchenko entendía que los planos y los círculos interrelacionados crean fuertes energías autónomas.

Mirad este poster de Popova, que tal parece representar un figurín de teatro (algo que ella también hacia), y que es en realidad un diseño de un mono para un obrero de fabrica, adornando la habitación de un conocido escritor.

Lo que os comentaba del gran Deineka:

Un pueblo unido, triunfante y feliz.

El orgullo y la absoluta igualdad de la mujer trabajadora

La alegría de poder inaugurar una pequeña central eléctrica

¡Salud y trabajo!

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