Vigencia de la “Teoría de las Dos Orillas” en el siglo XXI

El modelo "Dos Orillas" propuesto por Anguita identifica eficazmente la correlación de fuerzas políticas en España, la cual tiene su representación en el espectro ideológico.

Julio Anguita, histórico dirigente de Izquierda Unida (IU), exalcalde de Córdoba y profesor universitario, es el autor intelectual de la “Teoría de las dos orillas”, la cual determina la existencia de dos orillas dentro de la cotidianidad política con sus respectivas representaciones partidistas.

Por un lado, está la orilla fundamentada en valores conservadores, la resistencia al cambio y la aceptación de la desigualdad. Asimismo, dirige una praxis caracterizada por discursos hostiles que denotan un intento de normalización del odio. Todo ello ante la ausencia de una agenda política coherente que pueda movilizar voluntades por medio de la razón en vez de la emocionalidad y el rencor.

Por otro lado, se encuentra la orilla caracterizada por la promoción de la igualdad, la justicia social, la defensa de las libertades personales y colectivas, así como la intervención económica. Se sitúa en la izquierda del espectro político, la cual procura el avance hacia la igualdad económica y social, así como la legalización de diferentes derechos restringidos por el conservadurismo.

El modelo propuesto por Anguita identifica eficazmente la correlación de fuerzas políticas en España, la cual tiene su representación en el espectro ideológico y pragmático de las diferentes organizaciones que ostentan el poder o aspirar dirigir el gobierno central.

Dicha dicotomía ofrece a su vez matices que, a la luz de la política del siglo XXI, desenmascaran aquellos intentos de difuminar la diferencia entre la izquierda y derecha.

La teoría de las dos orillas procura una genuina visión critica y una conciencia social afinada que permitirá a la sociedad deslastrarse de aquellos elementos que impiden una correcta lectura política de la realidad.

Las dos orillas de España

La orilla conservadora se encuentra representada por la oligarquía española, la cual acciona por medio de la monarquía, la derecha, la ultraderecha, la iglesia católica, los medios de comunicación alineados al conservadurismo, el libre mercado, la banca, el conglomerado empresarial representado en el IBEX 35 y los reductos sociales e institucionales del franquismo que sobrevivieron a la “transición” democrática de 1978.

Entre los aliados políticos de la orilla conservadora se encuentran Ciudadanos, Convergència i Unió, Falange Española, PESOE, Mas País, PP y VOX. Nótese que dentro del grupo derechista se incluyen aquellos partidos supuestamente de izquierda como PSOE y Mas País, que en su práctica política han demostrado ser agentes consecuentes con el ejercicio de los valores de la derecha.

Estos últimos casos, se trata de una izquierda artificial, creada a la medida de la voluntad de las estructuras más conservadoras del sistema político español, en especial, de aquellas que derivan del Régimen del 78.

En este espectro, el PSOE se ha opuesto a medidas progresista tales como el aumento del salario, y han omitido llevar a cabo investigaciones sobre el origen de la riqueza de las empresas españolas conformadas y auspiciadas por el franquismo.

Asimismo, no han querido cambiar la reforma hecha junto al PP del artículo 135 de la constitución española, la cual estipula el pago con recursos públicos a la deuda privada en detrimento de los legítimos derechos de los ciudadanos. Todo ello aunado a un abierto apoyo a la monarquía.

En el caso específico de Mas País, ha impulsado una contradictoria propuesta de pacto entre su actual formación política, con el PSOE y Ciudadanos para evitar la reedición de una alianza a la andaluza entre PP, Ciudadanos y VOX. Iñigo Errejón, quien fuera uno de los creadores e ideólogos de Podemos, propuso un tripartito con dos partidos neoliberales excluyendo a la izquierda.

Asimismo, el partido de Errejón quiere asimilar a la idea de “alternativa verde en España”. Esta no es más que una propuesta programática que consiste en la aplicación del denominado “capitalismo verde” difundido en países como Alemania.

Bajo este enfoque, se promueve una serie de medidas que procuran paliar los efectos del sistema neoliberal sobre el medio ambiente, pero sin erosionar los fundamentos de la economía de mercado.

Por otra parte y totalmente opuesta, se encuentra la orilla progresista y rupturista. Se encuentra el pueblo, la pluriculturalidad de España, la economía planificada, el progresismo, el republicanismo, la solidaridad con las naciones del mundo, la defensa de los intereses de la clase trabajadora, el colectivismo y los auténticos valores democrático.

Dentro de este contexto, la izquierda política, bien sean partidos, personalidades o movimientos, proponen que la sociedad debe velar por la protección de los sectores más desfavorecidos, con el objeto de garantizar la mayor estabilidad y justicia social.

En este sentido, para el espectro político de la izquierda, la desigualdad socioeconómica no es natural sino una consecuencia históricamente construida dentro de un ámbito de contradicciones.

Dicho lo cual, la desigualdad es promovida por el acaparamiento desmedido de dinero y poder en manos de pequeños grupos, por prácticas autoritarias y opresivas que comprometen la dignidad humana.

En España la representación del espectro político izquierdista es ejercida por lo que fue en su momento Izquierda Unida (IU), ahora Unidas Podemos (UP).

Asimismo, contempla esta orilla Bildu, Bloque Nacionalista Gallego, Candidatura de Unidad Popular (CUP), Esquerra Republicana de Catalunya, la coordinadora antifascista, el CEAR, las organizaciones contra el racismo y los movimientos sociales.

La izquierda española ha encaminado una serie de iniciativas que dan muestra del inicio del rupturismo sistémico. Por primera vez en la historia del Régimen del 78, un gobierno progresista de coalición Impulsado por Unidas Podemos, que contempla un acuerdo para la formación de una agenda Ejecutiva común para España.

En el marco del referido pacto, se procura la abolición parcial de los aspectos más perniciosos de la reforma laboral vigente. De igual forma, neutralizar la llamada ley seguridad, subir el salario mínimo, la construcción de un parque público de viviendas, la ejecución de una política feministas, la aprobación de una ley de cambio climático, entre otros.

De igual forma, pretende devolver los bienes expropiados durante la dictadura de Franco. Entre los retos a superar también se encuentra el encausar la conflictividad territorial en España, donde es menester establecer un diálogo político entre el gobierno catalán y el estatal, para establecer las bases para la negociación de soluciones perdurables.

Asimismo, la izquierda española debe neutralizar el avance de la derecha populista y radical que, mediante una política de crispación social, postulados racistas y antiinmigración, al que se le suma el imaginario nacionalista español nostálgico propio del franquismo, ha ganado terreno en pleno siglo XXI.

Dentro de sus filas, el progresismo en España debe entrar a una etapa de reorganización donde la nueva correlación de fuerzas definirá su futuro. Esta nueva etapa puede significar una oportunidad para posicionar la militancia en el centro de la dinámica política

El ejercicio del poder de los partidos políticos debe mantener la relación armónica de dos ámbitos fundamentales. En primer lugar, la esfera institucional. Una vez se llega al mando estatal, debe mantenerse el espíritu motivacional de la militancia. Para ello es necesario la interacción permanente con aquella audiencia que, mediante su voto, manifestaron su confianza en el proyecto político.