¡Cuidado! El PSOE podría no ser progresista

La organización liderada por Pedro Sánchez tiene un discurso progresista, es innegable. Sin embargo sus hechos están más cerca del neoliberalismo de lo que cabría esperar.

El PSOE aparenta ser de izquierdas. Sobre todo en campaña electoral, durante la cual su discurso se radicaliza hasta alcanzar la socialdemocracia clásica de Olof Palme. Luego, una vez termina ese periodo y ha obtenido el voto de los que se consideran de izquierdas pero no tanto, y de los que quieren seguir viendo al PSOE como al que era antes de que lo cambiase Felipe González, se opone a la nacionalización de las eléctricas, a la subida del SMI y a contradecir a la CEOE.

Bueno, los medios de comunicación del Régimen del 78 hacen su trabajo, los conservadores lo pintan como socialistas para sostener su imagen de izquierdas y conseguir un cierre de filas social en torno a él de gran parte del campo progresista, mientras que los progresistas lo hacen ver como la opción para frenar a la derecha, con su sentido de Estado y todo. Y ahora que forma gobierno con los “comunistas” de UP, todo es más sencillo.

Pero sin entrar a valorar mucho más lo que pasa ahora, hay que explicar el contexto que lo explica. Y hay dos cuestiones fundamentales. La Reforma Laboral de Zapatero de 2010 y la reforma del artículo 135 de la Constitución.

La primera es la base de la que más tarde aprobó el expresidente Mariano Rajoy, que simplemente dio una vuelta de tuerca aprobada por el del PSOE, la cual ya terminó con la negociación colectiva, insertó el despido exprés, aumentó las causas del despido en favor de los empresarios y lo abarató mediante FOGASA, para que el Estado se hiciera cargo económico, en mayor parte que los empresarios, de los despidos.

La segunda es la reforma del artículo 135 de la Constitución Española, uno de los más sociales de la misma, que ahora prioriza el pago de la deuda pública -generada en gran parte por el sector privado- antes que el gasto social -Ley de Dependencia, servicios sociales, educación y sanidad públicas-.

Ninguna de esas dos iniciativas, cuya derogación es imprescindible para realizar grandes cambios que impacten positivamente en la realidad cotidiana de la ciudadanía, se han puesto en cuestión durante las negociaciones con Unidas Podemos para formar gobierno, por lo que los márgenes que dejó el PSOE para alcanzar un acuerdo ya eran muy estrechos desde el principio.

A lo largo de estos dos años de Gobierno, la organización de Pedro Sánchez ha ido alargando los tiempos de aplicación de los acuerdos alcanzados, poniendo varias trabas en algunos de ellos, como la subida del SMI, y cerrándose a debatir otros de ellos.

Esto es a causa de una lógica batalla política contra Unidas Podemos de cara al próximo ciclo electoral, ya que cuantos menos éxitos consiga UP, peor podrá vender su participación en el gobierno con el PSOE, que mediante su potente aparato mediático se hará valedor de las políticas aplicadas por el gobierno, aunque como la última Ley Trans y la de Memoria Democrática hayan sido aprobadas por la insistencia de UP frente a la negativa de los de Sánchez.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), desarrolla el papel que se comprometió a jugar durante la Transición, un muro de contención de la izquierda rupturista. Llegó para sustituir al PCE como referente principal de la izquierda, asemejando su discurso pero variando sus hechos en favor de unos que respeten el sistema neoliberal.

De esta manera, los ciudadanos que se identifican como de izquierdas -ya sean más o menos radicales- votan al PSOE, por esa apariencia progresista, sin saber a causa de una desinformación muy bien medida, que solo se diferencia de la derecha en medidas sociales que solo son cosméticas, los cambios profundos se dejan para las promesas electorales.

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