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Para Rajoy ser un «adulto político» es lo mismo que ser fascista

Si uno es propenso al populismo, aunque esté en el lecho de muerte de puro viejo, entonces es un chiquillo, o como máximo, un adolescente político.

El registrador de la propiedad Mariano Rajoy, al que todos menos los jueces identifican como el M. Rajoy de los papeles del extesorero del PP, ha juntado unas letras. Al oler negocio, una editorial las ha trasladado a unos papeles, y todos encuadernados han resultado ser un libro.

Sabedor de que públicamente ya solo le queda enfilar la senda de los elefantes, se da el regusto de pertenecer al elenco de los que no tienen sentido del ridículo y defecan sus consejos sobre los “coprófilos” que gustosos se regodearán con sus palabras malolientes. Sigue el rito literario de sus predecesores franquistas cuando se resignaban a su desaparición de la escena social, ¡ay, aquellos Siete Magníficos!

Lo ha titulado, o se lo han titulado, “Política para adultos”, aunque mejor habría sido para adulteradores, que es lo que han sido los peperos en Política desde que, desgraciadamente, uno de ellos cogió el primer bastón de mando. Sirva en su justificación que con los votos de los electores, aunque es duda muy razonable que en bastantes ocasiones con trampas.

Adultos hay un montón en España, millones de españoles. No veo a ningún izquierdoso hojeando semejante reunión de letras encuadernadas, se caería toda su reputación si otro lo viera en esa penosa actitud. Y los suyos tampoco es que sean muy dados a la lectura, como demuestran al haberle votado. Pero el expresidente M. Rajoy, o quien lo haya titulado así, no se refiere a la edad cronológica, sino a los políticamente adultos porque han madurado.

¿Y cómo sabe uno si ha madurado políticamente? Para este señor, muy sencillo: dios, patria y rey. Es decir, propiedad privada, orden y C78. Si uno se identifica con estos tres axiomas neoliberales será un adulto político. Es el popularismo.

Ahora bien, si uno es propenso al populismo, aunque esté en el lecho de muerte de puro viejo, entonces es un chiquillo, o como máximo, un adolescente político. Si uno, pongamos por caso, llegara a presidente del gobierno y no decretara una reforma laboral al dictado del empresariado, aunque le costara una huelga general; no decretara un amordazamiento de la sociedad más comprometida con el bien social para que no se levante contra esa orden de la patronal.

No encargara a su ministra de Trabajo rezar a una virgen para solucionar el paro endémico; o que no viera claro que un vaso es un vaso y los papeles de ese señor del que usted me habla son los papeles de ese señor del que usted me habla, entonces ese uno es con toda seguridad un populista. Lo que significaría que se estaría excluido de la adultez política, lo que no implica que también del adulteramiento de la Política al que nos tienen acostumbrados los adultos políticos del Régimen del 78.

No merece juntar más letras para referirse a un montón de hojas pegadas a dos tapas, así que viniendo de quien viene, recomiendo que hagan como yo, no comprar, y menos leer, este panfleto porque además de tedioso y panfletario sería perjudicial para las almorranas (o hemorroides, que así la llaman los de su clase).

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