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EEUU usa la invasión Rusa a Ucrania para exportar la guerra al mundo

El objetivo de EEUU con estas declaraciones es la de generar un contexto que permita la implementación de operaciones de bandera falsa y justifique la intervención de un despliegue multinacional combinado contra Rusia.

Los Estados Unidos (EEUU) están dispuestos a generar escenarios que propicien una escalada del conflicto en la Guerra de Ucrania. Para ello ha puesto a punto su maquinaria propagandística de la mano de sus grandes medios de comunicación para promover visiones sesgadas de la guerra en Europa.

Todo ello, con el objeto llevar la guerra que ha emprendido Rusia a otros escenarios internacionales donde involucre la abierta participación de la OTAN. Esto último tendría como resultado la materialización de un conflicto global que modificaría sustancialmente el ya trastocado orden mundial.

Por otra parte, en función de su visón geopolítica, Vladímir Putin ha lanzado finalmente una invasión a gran escala contra Ucrania, donde también pondrá a valer sus intereses hegemónicos para recuperar, o incluso superar, el posicionamiento geopolítico de la antigua Unión de repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

En este sentido, el Kremlin ha ejercido una praxis con miras a imponer también su presencia internacional. En este respecto, ha dado paso para garantizar su posicionamiento económico, político y militar, haciendo uso de una dinámica expansionista multidimensional.

Para lograr este cometido, en Europa se ha anexado a la Federación Rusa los territorios disputados de regiones pertenecientes anteriormente a la Unión Soviética, como son el caso de Abjasia y Osetia, en Georgia. En este sentido, Putin practica un tipo de nacionalismo llamado de exclusividad étnica: cree firmemente que los rusos solo estarán seguros si están bajo su control.

Para él, Ucrania y Rusia son parte de una misma etnia, de ahí el argumento para invadir Ucrania: proteger a esa población de habla rusa. Ese es un argumento similar al que utilizó Hitler en 1938 para invadir parte de Checoslovaquia: la protección de una minoría étnica alemana.

Asimismo, para Rusia resultó fundamenta modernizar su ejército, no solamente por una cuestión de moral nacional, sino para disponer de una Maquinaria de guerra preparada para futuras guerras globales del presente siglo.

En el caso ucraniano, Rusia reacciona a occidente y acciona para sus intereses. Vladímir Putin ha utilizado todo tipo de argumentos, desde la seguridad nacional, por la aspiración de Ucrania de unirse a la OTAN, hasta la existencia de un supuesto «genocidio» o de «neonazis» en Ucrania.

Es de notar que la actual crisis entre Rusia y Ucrania es un constructo de anteriores contextos que trastocaron las dinámicas políticas a lo interno de cada uno de estos países. Es bien sabido que luego de las manifestaciones ocurridas en la Plaza Maidán de Kiev en octubre de 2013, producto de la negativa del entonces presidente Víctor Yanukovich de firmar el Pacto de Asociación con la Unión Europea, se inició un proceso de enfrentamientos dentro de la sociedad ucraniana.

Con base en estos acontecimientos, a partir del año 2013, Ucrania se convierte en la prioridad de la política exterior de Rusia, no solamente en el marco del llamado “cercano extranjero”, sino también dentro de la política exterior global del Estado ruso, ya que este contexto puede traer repercusiones regionales e incluso mundiales.

Esto permite entender la reacción de Moscú ante la movilización de tropas tanto de Ucrania como de la OTAN muy cerca de sus fronteras. En este sentido, las acciones a tomar por Rusia no resultarían una improvisación o una reacción aleatoria. Durante las últimas décadas, el Gobierno de Vladímir Putin ha ejercido una praxis diplomática realista y patriota, pero también pragmática dentro de su política exterior y de seguridad nacional.

Asimismo, es importante destacar el injerencista papel que juega la Unión Europea y EEUU en la escalada del conflicto. Los apoyos por parte de representantes de la Unión Europea y de gobiernos occidentales, lejos de lograr un apaciguamiento del descontento interno, sirven para acelerar el proceso de creación de escenarios de abierta beligerancia militar.

La estrategia de EEUU durante los últimos años en Ucrania ha sido la de aumentar los ejercicios de entrenamiento militar y la presencia de soldados estadounidenses y de la OTAN en los países de Europa del Este, los cuales, son fronterizos con Rusia. Es decir, pretenden llevar a cabo una estrategia que es considerada por Rusia como una amenaza directa a su seguridad nacional.

De esta manera, los EEUU también impulsa matrices de opinión que intentan proyectar el conflicto ucraniano a otras partes del mundo. Para ello, Washington ha informado a sus aliados de la OTAN sobre la supuesta disposición de China a prestar apoyo militar y económico a Rusia en su ofensiva contra Ucrania.

Altos funcionarios estadounidenses habían asegurado ya a los principales medios estadounidenses que Rusia había pedido equipamiento militar a China para mejorar su efectividad en el ataque a Ucrania.

El requerimiento del Gobierno de Putin al de Xi Jinping incluiría la solicitud de una partida de drones con los que hacer frente a la eficaz defensa antiaérea del ejército ucraniano. Afirmaciones irresponsables de los EEUU, considerando que las fuentes no han sido divulgadas y parecen responder a un intento de crear propaganda de guerra contra Rusia.

Al respecto, tanto Rusia como china han negado rotundamente tales afirmaciones de la Casa Blanca. “Es completamente falso, es pura desinformación”, aseguró en su rueda de prensa diaria el portavoz del ministerio de Exteriores, Zhao Lijian.

Moscú también ha negado el pasado lunes haber pedido asistencia militar a China. “Rusia tiene un potencial independiente para continuar la operación y, como dijimos, se está desarrollando de acuerdo con el plan y se completará a tiempo y en su totalidad”, dijo Dmitry Peskov, funcionario ruso.

El objetivo de EEUU con estas declaraciones es la de generar un contexto que permita la implementación de operaciones de bandera falsa y justifique la intervención de un despliegue multinacional combinado contra Rusia.

Es en este punto donde las piezas comienzas a engranar. Los grandes conflictos del siglo pasado, han necesitado de un catalizador, una chispa que comenzara la ignición del fuego de la guerra, un “casus belli”. Para ello, se construyeron escenarios que justificaran una confrontación de carácter bélico legitimada por la comunidad internacional.

La historia nos proporciona diversos ejemplos de conflictos creados artificialmente bajo el formato de “operaciones de bandera Falsa”, aquellas acciones encubiertas de carácter desestabilizador llevadas a cabo por una nación u organización con el objetivo de simular que dichas acciones son realizadas por otras entidades.

Son diversas las experiencias en este sentido, entre las cuales se encuentran: el hundimiento del USS Maine (1898), el incidente de Mukden ( 1931), el incendio del Reichstag (1933) el incidente Gleiwitz (1939), la Masacre de Katyn (1940), el atentado al Hotel Rey David (1946), el Asunto Lavon (1954), la Operación Gladio (1958), la Operación Northwoods (1962), la Operación Mangosta (1963), el Incidente del Golfo de Tonkìn (1964), la Operación Plan Z Chile (1973), los Atentados de Bali (2002), entre otros.

Las operaciones de falsa bandera utilizadas como pretexto para iniciar una guerra han sido muy habituales a lo largo de la historia. En el pasado fueron las armas nucleares, luego el narcotráfico, posteriormente el terrorismo entró en escena como factor el generador de agenda mundial. Ahora estamos ante un contexto de pandemia debido a la amenaza del Covid-19.

Ahora Ucrania se perfila como el teatro de operaciones idóneas para generar situaciones de confusión y caos comunicacional que permiten justificar una intervención mas activa por parte de la comunidad internacional.