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El «sentimiento ucraniano» surge por el marketing político de la OTAN

El poder mediático de ambos bandos está inmensamente influenciado por los oligarcas y otros oportunistas que se preocupan por una estrategia a largo plazo.

A un mes de la Invasión de Rusia a Ucrania, buena parte del conglomerado comunicacional de occidente, el cual, hace cobertura diaria de los acontecimientos, han extrapolado el teatro de operaciones hacia las redes sociales con la difusión de “Fake news” o información sesgada de los acontecimientos.

En el marco de la guerra en Europa del Este existen múltiples ejemplos de manipulación mediática, los cuales, al mejor estilo hollywoodense, se arma una puesta en escena donde se involucra desde un presidente actor, hasta supuestas acciones heroicas por los factores involucrados en el conflicto.

La mayoría de estos montajes son construidos por EEUU por medio del departamento de Estado, así como de las mismas fuentes ucranianas, tales como algunos métodos de propaganda al destacamento de operaciones especiales neonazi AZOV de la Guardia Nacional de Ucrania.

Por parte de la Federación Rusa son igualmente hábiles a través de sus agencias de inteligencia para suscribir la guerra de mentiras, a pesar de que distribución electrónica ha sido limitada por las sanciones impuestas.

Desde que comenzara el pasado 24 de febrero la invasión de Ucrania por parte de Rusia, los mensajes que mandan sus líderes, Volodimir Zelenski y Vladímir Putin, son fundamentales para conocer el desarrollo del conflicto, que no solo se juega en el terreno militar.

El poder mediático de ambos bandos está inmensamente influenciado por los oligarcas y otros oportunistas que se preocupan por una estrategia a largo plazo de acumular más riqueza y el consiguiente poder.

No hay duda que la actual guerra entre Ucrania y Rusia, misma que está siendo intervenida por los Estados Unidos y la OTAN, no se puede comprender completamente sin incluir como factor fundamental, la influencia de medios y las comunicaciones dominantes controladas desde Washington.

La realidad en la comunicación mundial, y en especial las redes sociales, es que prevalece mucha ignorancia sobre la geopolítica y el derecho aplicable. La crudeza del conflicto amerita ser observada por medio del uso efectivo de instrumentos de análisis, especialmente los disponibles por el Derecho Internacional, aún en ausencia de las Naciones Unidas debido a sus fallas estructurales.

Para entender esta diatriba, es indispensable aislar el conflicto de la manipulación y propaganda de los grandes medios de comunicación que buscan legitimar los fines geopolíticos de los EEUU y la UE.

En este sentido, cabe destacar que un problema muy recurrente en los medios españoles a la hora de cubrir hechos internacionales es que hay pocos corresponsales y no se apuesta por la información, sino que es un periodismo más opinativo. Todo ello aprovechado que se trata de un periodismo más barato.

La cobertura que han hecho los principales medios españoles de la guerra hasta ahora ha sido simplista y ha generado bastante sensacionalismo. Independientemente de las consideraciones éticas, esto tiene como consecuencia una profunda descontextualización y nula certeza sobre los causales de la guerra.

Se trata de una guerra donde los medios nos indican que hay buenos y hay malos, con ello despiertas emociones en los espectadores. Tiene todos los ingredientes que le gustan a la maquinaria mediática.

Los periodistas deben informar realmente cómo ocurren las cosas, una tarea que no es nada fácil, considerando que hace falta una mayor pedagogía desde los medios, basada en la buena información, las fuentes plurales y la contextualización de las situaciones que nos quedan más lejos

La comunicación masiva ha tenido un crecimiento vertiginoso con la comunicación satelital, la globalización de la televisión y desde hace unos treinta años con la aparición del internet que hizo surgir el correo electrónico, después aplicaciones como el Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram y sobre todo el teléfono celular inteligente que ha hecho ubicua la difusión de contenidos.

Aún con la proliferación de las redes sociales y su potencial democratizador, vivimos en el reino de las Fake News o de la posverdad. Y esto se ha podido ver con motivo de la invasión rusa a Ucrania. El dominio del capitalismo occidental de los medios masivos de comunicación y de las redes sociales ha impuesto una versión de la tragedia que se vive ahora en Ucrania.

De esta forma, la maquinaria mediática internacional impone esta narrativa del conflicto armado en Ucrania y omite todo lo que EEUU ha venido haciendo desde 1991, año del derrumbe soviético, para provocar el enfrentamiento que puede convertirse en el apocalipsis que ponga fin a la humanidad con el aún lejano, pero posible despliegue nuclear.

Se trata a su vez de una confrontación de carácter imperialista, que enfrenta al imperio estadounidense y sus aliados europeos como potencias de segundo orden contra Rusia y China, también en busca de expansión.

La ofensiva estadounidense y sus instrumentos propagandísticos en la OTAN están alcanzando niveles de manipulación con una intensidad nunca antes vista. La dictadura mediática difunde la idea de que en realidad se trata de la agresión de un país poderoso (Rusia) contra un país pequeño (Ucrania). Y ese país pequeño, de acuerdo a esa falsa narrativa, se defiende con fiero heroísmo.

La falsedad de esta versión no radica en que esto último no sea cierto, sino en que lo que en realidad está sucediendo es un enfrentamiento de EEUU contra Rusia, donde EEUU, con la ayuda de sus aliados, utilizan y dotan de armamento a Ucrania para consolidar una posición hegemónica en el planeta.