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Propaganda: el repentino «sentimiento ucraniano» que tienes no es real

En países occidentales como España, las instituciones hegemónicas han asumido una solidaridad automática consecuente con intereses imperialistas poco arraigados

Tras cumplirse un mes del conflicto ucraniano, el escenario geopolítico mundial ha cambiado sustancialmente. De igual forma, dentro de las naciones que conforman la comunidad internacional se han visto transformadas de la noche a la mañana sus dinámicas societales.

En este respecto, vemos cómo la maquinaria propagandística de occidente ha jugado un papel crucial tanto en la escalada del conflicto como en la modificación de los patrones mentales de la ciudadanía para abstraerla de su cotidianidad circundante.

Vemos cómo los problemas locales se ven opacados por los contextos de la guerra en Ucrania, donde no se asumen como meros hechos noticiosos, sino como una realidad donde hay que tomar partido, incluso al punto de involucrarse en un bando.

Desde la emotividad hasta el odio, se usan como elementos explotables por los medios masivos para alienar al espectador respecto a una realidad cultural poco o nada compatibles con la identidad propia.

En países occidentales, como España, las instituciones hegemónicas han asumido una solidaridad automática consecuente con intereses imperialistas poco arraigados. Llevan la sociedad a unos niveles de contradicción tal, que imponen un posicionamiento en el conflicto sin siquiera saber el idioma o dónde se encuentra Ucrania en el mapa.

Mucho menos se tendrá un mínimo conocimientos sobre las motivaciones y contextos que han alimentado el conflicto. Los gobiernos ahora condicionan a la sociedad a ser partícipe de una guerra cuyo teatro de operaciones son los medios de comunicación.

Esquino, un conocido dramaturgo de la antigua Grecia, decía que “la primera víctima de la guerra es la Verdad”. Tal afirmación se hace patente ante los escenarios de desinformación cada vez más crecientes en el mundo moderno.

De esta forma, la guerra en Ucrania se configura como el primer gran conflicto armado de Europa en la era de las redes sociales, donde la principal ventana informativa es pantalla del smartphone o el monitor del ordenador.

Se trata de herramientas de comunicación dominantes, que conlleva al peligro de una difusión instantánea de desinformación peligrosa, incluso mortal. Los vídeos de TikTok, titulares de noticias cargados de propaganda y los tuits que circulan por las pantallas de todo el mundo, confunden a millones de personas acerca de la realidad de esta batalla comunicacional.

Tras el inicio de las hostilidades en Ucrania el 24 de febrero de 2022, se dieron a conocer en las redes sociales decenas de vídeos e imágenes supuestamente vinculados a la invasión ejecutada por Rusia, sin embargo, muchos no representan a la realidad narrada, la mayoría ni siquiera se había grabado en países europeos, careciendo de totalmente de veracidad y actualidad.

No hay duda que la desinformación juega un papel importante en el conflicto. El Kremlin también ha utilizado esta arma de guerra híbrida en la preparación de su ofensiva militar. Se ha valido de una estrategia informativa, narrativa y  de justificar su entrada en la guerra.

La propaganda no es una cuestión unidireccional, todos los involucrados en las beligerancias manipulan en función de sus intereses geoestratégicos. En ambos lados de la frontera se comparten videos e imágenes desactualizados o manipulados en las redes sociales.

Esta desinformación, así como la propaganda, se aprovecha de un contexto de niebla informativa, en el que la avalancha de información dificulta su verificación en redes sociales como Telegram, Instagram, Facebook y Twitter, donde son inundadas de noticias falsas. El nuevo formato de guerra, ahora mediática, hace que el genuino trabajo periodístico sea aún más difícil.

Independientemente, las dos fuerzas en confrontación bélica, han emitido muchos contenidos falsos en los medios digitales. Por ejemplo, un vídeo de 12 segundos que supuestamente muestra un ataque de la ciudad de Mariúpol en el Este de Ucrania el pasado 24 de febrero, publicado por una cuenta de Twitter.

La leyenda del referido video indica «Se registran bombardeos en Mariúpol, Ucrania se encuentra bajo ataque«, el vídeo ha ganado decenas de miles de reacciones en redes. Sin embargo, el vídeo enseña en realidad una tormenta eléctrica en la ciudad rusa de Volzhsk el 28 de junio de 2021, como comprobó la agencia EFE con la grabación original.

Así como las mencionadas, decenas de imágenes supuestamente reflejan día a día cómo está evolucionando el conflicto en Ucrania. Todo ello trae como consecuencia la merma del pensamiento crítico en el seno de la sociedad, aunado a la pérdida del libre albedrío.

Ahora, sobre la ciudadanía recae un conjunto de males que compromete el ejercicio de libertad de conciencia. Cuando el individuo se cree libre de elegir, en realidad responde a una matriz de opinión diseñada por un obscuro maketing bélico que busca ganar ventaja sobre el conflicto.

La inteligencia social adquiere un papel gregario, donde las personas no son más que ganado, o marionetas controladas por las hegemonías económicas que mueven los hilos. Solamente un poder tan globalizado puede hacer uso de tales recursos de manipulación, los EEUU, la OTAN y la UE, las grandes hegemonías de nuestro tiempo.

Lo experimentado hoy en día en las redes sociales es consecuencia directa de estudios sistematizados de control social durante la guerra fría. Los procesos de globalización y el auge de las comunicaciones han sido esenciales en la estrategia imperialista de establecer un “nuevo orden mundial”, adaptado a las necesidades de aquellos círculos de poder comprometidos al poder mismo.