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Iberdrola y el país de los «tontos»

Hace ya algunos días atrás, en un ejercicio de libertad clasista propio de los más acérrimos tecnócratas, el conocido inversionista Ignacio Galán, presidente de Iberdrola, haciendo desuso de su apellido, les dijo «tontos» a los españoles más necesitados de las regulaciones otorgadas al servicio de energía eléctrica.

Algunos pensarán que dedicar tiempo y palabras para hacer notar tamaña estupidez es realmente innecesario.

Sin embargo, los que pensamos que las palabras no son inocentes y quienes las utilizan como malabaristas mucho menos, bien podríamos detenernos un instante en revisar con una mirada un poco más cercana que subyase en la bufonada del señor en cuestión.

En sus palabras dijo «el 80% de los españoles no paga el precio del pool -mercado mayorista- y abona menos por la luz que en 2018 porque han bajado los impuestos» -agregando- «solamente los tontos que siguen con la tarifa regulada marcada por el gobierno».

Claro está, posteriormente y a pedido de todos los sectores molestos, incluida la ministra del trabajo y economia social, ha pedido sendas disculpas vía comunicado:

«Ignacio Galán, presidente de Iberdrola, desea pedir sinceras disculpas en el caso de que alguien se hubiera sentido ofendido por unas frases expresadas de forma coloquial, que no trataban de herir a nadie, y manifiesta su máximo respeto por todos los consumidores «

 

El problema

Las hoscas palabras pronunciadas por este señor no serían menos graves si no detentara hoy en día la responsabilidad de ser uno de los hombres más adinerados de España, dueño de una de las tres empresas más exitosas y rentables como lo es Iberdrola.

La geografía española está cocida en casi toda su extensión, por las infinitas redes de distribución que pertenecen a Iberdrola y surten de la energía necesaria para hacer todas las labores propias de la vida moderna. Desde hacer simplemente una cena hasta energizar edificaciones enteras dedicadas a asuntos medulares colectivos como escuelas, oficinas públicas etc; la vida de miles de  españoles está íntimamente ligada a la responsabilidad del parlanchín.

La pregunta más urgente de responder, tendría que ir a por la siguiente idea fuerza: una persona que, cómo Ignacio Galán  piensa que vive en un país de «tontos», olvidando además que los «tontos» somos más, osa tener en sus manos tamaña responsabilidad.

 

Nuevamente, lo público y lo privado

Y aquí nuevamente salta como en una emboscada el eterno dilema entre lo público y lo privado.

Mirando las facturas de pago del servicio, nos enteramos del grosero desaguisado y la dispar relación que existe entre la ganancia como negocio privado y el porcentaje a reinvertirse en la esfera pública vía subvenciones, disminución de impuestos o mejoras en el servicio.

Lo cierto es que España, es uno de los países de la Unión Europea donde el precio de la electricidad llega a niveles simplemente exorbitantes si los comparamos con los ingresos vía salarios o  si lo tensionamos con los  niveles inflacionarios y medidas económicas existentes y en desarrollo.

 

La guerra

Todo este tema, discurre además entre el comentario destemplado y los altos índices de ganancias propios de este tipo de empresas que aumentan sus capitales alegremente, sin realmente tener una visión de la dimensión de la España profunda.

Es por esto, que debe retornar con fuerza al debate público el tema del tamaño del Estado y sus funciones naturales.

Hablar sin complejos de la impostergable necesidad de re institucionalizar algunos procesos sensibles como éste que implica intrínsecamente el buen vivir de la ciudadanía.