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Por Andalucía, la ausencia de autocrítica antes y después de las elecciones

Sin primarias, sin redacción participativa del programa, sin movilización en las calles y sobre todo sin reconocer estos errores, Por Andalucía fracasa estrepitosamente.

Fracaso total y absoluto. Ser cuarta fuerza con una sociedad, la española, que vive sumida en la precariedad herencia de la Crisis del sistema Capitalista de 2008, agravada por el impacto económico, social, laboral y cultural de la pandemia del COVID-19.

Decepción terrible por no haber sido capaces de superar -y era fácil- a VOX en una sociedad, la andaluza, con una de las tasas de paro más altas del país y con una tasa de riesgo de pobreza más cercana al 40% que al 20%. La opción política que representa los intereses de esas grandes mayorías que lo están pasando mal, cae.

Y lo hace en picado, sin frenos y mirando al cielo sin mayor preocupación que la de dar la rueda de prensa con las caras tristes de rigor y a pensar en ser oposición. La eterna oposición minoritaria que se conforma con el relato, antes épico, de «resistir» frente a «las derechas«. Es decir, hacer propuestas de leyes que jamás tendrán impacto en la realidad cotidiana de los y las trabajadoras.

Dice la representante de Por Andalucía que han tenido poco tiempo porque son una nueva marca. La historia reciente da ejemplos de que una nueva sigla puede desbordar en cuestión de días. NUPES en Francia, los Ayuntamientos del Cambio en España durante 2015 por nombrar algunos recientes tanto en espacio como en tiempo.

Las seis fuerzas que integran PorA hablan también de la «desunión«, de la «abstención«. Es decir, que todo tiene que ver con factores externos que ellos no han podido controlar, son las condiciones objetivas del escenario andaluz y ellos no podían hacer nada.

Un apunte. Llega Yolanda Díaz y los mítines se abarrotan. Antes y después pasamos del Amazonas al Roe. Y estamos hablando de las propias bases de las fuerzas integrantes de la coalición. Si no se logra conectar con la militancia, mucho menos con la sociedad.

Pero hay que profundizar. El proceso de unión ha sido motivado por las dimensiones de los pesebres que iba a obtener cada fuerza por separado y por la propuesta política de la líder actual del progresismo español, la Ministra de Trabajo Yolanda Díaz.

Con esos mimbres, la cesta iba a tener muchos agujeros. El primero, el proceso. Dirigido total y absolutamente por unas direcciones que llevan apostando por lo institucional tanto tiempo que se han olvidado de que las militancias se reconocen y se relacionan en las calles.

No ha habido impulso al movimiento social, no se han organizado manifestaciones en los últimos años. En resumen, no se ha trabajado la unidad que no puede forzarse en unos días como se acaba de ver. Porque no responde a una legitimidad política de romper con lo establecido para construir una institucionalidad nueva que represente los intereses de la mayoría.

Después porque el espectáculo dantesco espanta a las bases, que no entienden cómo Podemos queda fuera nominalmente porque no se ponen de acuerdo en quién se sienta en cuál sillón. Consecuencia de forzar la unidad por miedo a perder poder institucional. Otra consecuencia es que no todas las formaciones participan, porque las disputas personales y los egos heridos se reconcilian militando en favor de las mayorías, no en los despachos que hacen olvidar el tiempo social, llegando siempre tarde a los procesos de unidad.

Las militancias no han podido verse en diferentes actos que se producen cuando la democracia interna es sana y se producen primarias. Tampoco ha habido participación a la hora de realizar el programa político. Es condición indispensable activar a las bases con ilusión, para que éstas contagien a la sociedad y se produzca el desborde que movilice sacando de la abstención a grandes sectores sociales.

Por Andalucía no reconoce errores, al menos en público. Una mala noticia porque asienta más la tendencia hacia su marginalidad política, dejando el espacio libre al neoliberalismo (PSOE) y al fascismo de retórica obrerista (VOX).