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Pedro Sánchez regresa a sus días más combativos

Pedro Sánchez parece querer regresar al discurso combativo que, en algún tiempo, pareció querer mostrar.

Pedro vuelve, aunque de alguna forma nunca se había ido. Su nombre, representante del «No es no» a Rajoy, del Peugeot 407 con el que recorrió el país para ganar las primarias al aparato del partido, o el de la moción de censura, queda vinculado a su apellido. Sánchez, valedor de su «manual de resistencia» ante tiempos de incertidumbre esculpidos en sucesivos hechos, se queda.
¿Volverá Pedro Sánchez a los tiempos en los que se mostraba mucho más inclinado hacia las políticas de izquierdas?

¿Cambio de estrategia?

El presidente ha dado en el clavo en relación a la elaboración de una estrategia política y discursiva que difiere y se aleja de la llevada todo este tiempo. Eso sí, se asemeja a la línea estratégica que encabezó durante las primarias del Partido Socialista (en 2017) a la secretaría general, máxima titularidad de decisión organizativa de la formación.

Sabe en cualquier caso que, para que la izquierda en su conjunto gane los próximos comicios, debe cambiar la estrategia en cuerpo y forma. Para ello, es necesario centrarse en dos factores: el nivel orgánico y el discurso institucional con enfoque social.

Tiempos de cambio

El primer factor ya se ha producido de alguna forma tras los cambios en tres cargos de importancia de la organización: la vicesecretaría general, portavocía federal y la portavocía del grupo parlamentario en la cámara baja. Ahora los ostentan María Jesús Montero, ministra de Hacienda y Función Pública; Pilar Alegría, ministra de Educación y FP, y Patxi López, exlehendakari, respectivamente.

Se trata del núcleo orgánico del partido, configurado en forma de pirámide, donde se encuentran por tanto las tres voces latentes del PSOE: la vicesecretaría general es la mano derecha del presidente a nivel de partido, y la portavocía es la voz y la que deberá hacer del partido una formación más cercana a la ciudadanía. Por último, el portavoz en el Congreso ejercerá la labor de defender, no solo a su partido y al Gobierno de coalición, sino a elaborar un discurso que (en mi opinión) sea más cotidiano.

También saben los dirigentes que deben dar un aire renovado en el Ejecutivo, y afrontar el último curso político de la coalición antes de las próximas generales saliendo a ganar y con ilusión. Por ello, Pedro Sánchez cambió la dirección y el discurso hace ya unas semanas.

Piezas para un buen puzle 

La primera pieza la soltó el 25 de junio durante una rueda de prensa en el Palacio de La Moncloa. Allí, Pedro Sánchez anunciaba el nuevo Plan Anticrisis y dijo que “este Gobierno es molesto, incómodo para determinados poderes económicos que tienen sus terminales tanto políticas como mediáticas, pero no nos van a quebrar». Un claro golpe de timón a la hoja de ruta estratégica que había llevado el presidente y donde, por primera vez, cargó contra esos poderes económicos y mediáticos del país.

Días después, en una entrevista en La Sexta, soltó la segunda pieza donde advirtió que «tenemos una derecha económica, mediática y política que dice que yo poco menos que soy un dictadorzuelo», y arremetió contra los “señores con puro”.

Las consiguientes piezas del puzle político las montó durante el debate del Estado de la Nación. Allí anunció los impuestos extraordinarios a las eléctricas y a las entidades financieras, además de medidas para los estudiantes universitarios y la movilidad en transporte público.

Por último, durante la presentación del informe ‘Cumpliendo’ (un informe donde aparece la evolución en relación al cumplimiento del programa de gobierno) cargó contra Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander. También contra Ignacio Galán, presidente de Iberdrola. Advirtió que “si Botín y Galán protestan, estamos yendo por el buen camino”.

Este es el trayecto a seguir, el único posible.