Crónicas de confinamiento por coronavirus. Recuerdos de Mendoza

Hoy es un día muy especial para mí. En esta misma fecha pero en el 2018, me subía a un bus camino a Santiago de Chile, desde donde salía un vuelo con destino Barcelona. ¡Teníamos tantos planes en ese momento y pasaron tantas cosas!

Viví en varios sitios diferentes: Barcelona ciudad, centro, una granja, y la casa numero ocho fue la de Londres. Pasé por muchos trabajos, conocí gente, me alejé de algunas personas, me separé y hoy estoy en mi día 23 de confinamiento en Barcelona en la primera casa a la que llegué.

Como dice el dicho “uno siempre vuelve al lugar donde fue feliz”, pero esta casa no es la misma de ese momento porque hay una persona muy especial que nos cuida desde otro plano, hay una persona que está en otro país, hay una persona que está en la casa de su mamá, pero también hay una persona nueva en casa.

9:30

Me desperté y miré el celular. Tenía tres chats de WhatsApp: uno de mi mamá, otro de una amiga y el tercero del grupo de mis mejores amigas. En los dos primeros me dijeron que era el aniversario de cuando dejé Mendoza. Entré en bucle y pensé “ok, no me voy a levantar”. Me dormí de nuevo, no quería pensar en eso.

10:30

Abrí los ojos otra vez. Tenía que levantarme para hacer muchas cosas, se me vinieron a la cabeza mil recuerdos de todo lo que viví en estos dos años, y no podía creer que todo en este momento se reducía a estar confinada. Me levanté, fui a la cocina donde la gente de casa estaba desayunando, me uní a ellos.

12:00

El ángel ya había terminado su rutina y nos tocaba a nosotras, empezamos y tuvimos que parar porque seguíamos con el desayuno en la garganta, quedamos en hacerlo a las 13.

Me metí en la habitación y claro, los lunes están siendo los días más pesados porque como el domingo no hago nada más que el relato para tener un día de descanso, los lunes son apoteósicos, siempre tengo mil cosas para hacer, así que me puse con todo, tuve que dejar de lado todo el huracán sentimental que me producía este día.

13:00

Hora del ejercicio. Fue tremendo, con Britney nos sentíamos muy pesadas y más haciendo cardio, pero pudimos terminarla. Ella ya no tiene casi dolor en las rodillas por lo que hizo la rutina completa, con un poco menos de repeticiones cada ejercicio, pero muy bien por suerte.

14:00

Tenía que seguir adelantando trabajo y me puse con la idea de completar lo máximo posible antes de almorzar.

14:30

Hora de almorzar, comimos la pasta que nos había quedado del sábado y retomamos Brooklin nine nine, con un trozo de cuajada, espectacular.

16:00

Frente a la compu de nuevo. Britney se recostó un rato en el sofá y me pidió que la despertara a las 17 para ponerse al sol, porque tenemos dos horas de sol diarias en el balcón.

En ese momento en el que pensaba seguir con el trabajo me llegó la llamada de una amiga, ¡hablamos de tantas cosas! Ella está bastante al tanto de mi vida, pero había muchas cosas de la suya que no sabía así que ponernos al día completamente nos demoró dos horas y media.

Sumando que gracias a esa conversación tuve que hablar mucho sobre cómo me sentía, el destino una vez más me pone la cuchara en la sopa, no me dejó escaparme del huracán y descargamos mucho.

Y sí, ¡me encanta hablar por teléfono!

18:30

La panza me crujía de hambre así que me serví un poco de yogur griego con cereales y salí al balcón con mi amiga, que se levantó un rato después de las 17 porque la llamé, pero como estaba al teléfono entré en la oficina de nuevo por lo que no había visto si se había levantado, y me dijo que se quedó un rato más, lo cual me pareció muy bien. De vez en cuando una siesta para recuperar energía no viene mal.

En eso la llamó una amiga de ella, yo estaba fumando la idea era terminar y volver a trabajar pero mi amiga me puso al teléfono, ¡fue genial! Estuvimos hablando con ella, contándole cosas hasta que se nos hizo la hora de aplaudir.

20:00

Aplausos, hoy menos gente. No entiendo por qué varia tanto la cantidad de gente, estamos en cuarentena ¿Qué pasa con esa gente que a veces sale y otras veces no? Saludamos a los viejitos y entramos al piso, yo me vine a la habitación a terminar de trabajar y ya solo me queda cenar.

Un día más de confinamiento, un día menos para salir a la calle.

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