La diversidad étnica de Europa: repensando la Antigua Grecia

Mi profesor, un doctor en Lenguas Indígenas de México con formación en la lingüística, nos decía constantemente que la fisiología humana era siempre la misma. Por lo tanto la boca, es igual en todos lados; la estructura del lenguaje es lógica y está compuesta por los mismos elementos. Es más, existen solo cuatro maneras de estructurar el pensamiento humano expresado en la lengua y pese a ese reducido número de formas de organizar (el sujeto y el verbo, los calificativos…) hay incontables diferencias entre una lengua y otra y, más aún, de un grupo a otro.

La variedad étnica en Europa pocas veces es visibilizada, es difícil pensar en una manera diferente de ver el mundo que no sea la apegada a la modernización y eficacia comercial.

Fidel Ginocchio, investigador de Historia y catedrático de la Universidad de Trujillo, en Perú, comparte la idea de que a la familia lingüística indoeuropea pertenecen la mayoría de las lenguas europeas y algunas asiáticas. Los orígenes de esta familia se datan en el neolítico, momento en que los pueblos se organizaron en grandes familias patriarcales, e iniciaron su disgregación hacia el 2500 a.C., estableciéndose en regiones que abarcaban desde el norte de Europa hasta el Turkestán.

El parentesco entre las lenguas indoeuropeas o lenguas procedentes de Europa y Asia, y de las cuales se deriva el latín, por ejemplo, sitúa su origen en el neolítico. Sin etiquetar, ni mucho menos, se le considera comúnmente con la fusión de dos grandes raíces, la cultura griega, en su margen de racionalidad y los valores del cristianismo, pero ¿es solo eso? ¿Están compuestos de dos únicos elementos?

Para empezar el reconocimiento de la gran diversidad cultural y lingüística en Europa es necesario deconstruir la idea de que Grecia era un Pueblo, uno solo, homogéneo y del mismo tono, cantando a la par… Todo lo contrario, de aquello donde se emana la “gran civilización”, la composición era variada. Las grandes civilizaciones no nacen, como regularmente ellas mismas nos han contado, de la mano de Dios; ahí en el lugar perfecto, con las manos entrenadas para la técnica ni el cuerpo ya listo para arte. Nacen como todo, bajo un proceso en donde con varios elementos se logra la llamada “cultura”.

La Antigua Grecia como grupo heterogéneo

Grecia es el uno de los ejemplos más claros, ella fue parte de un proceso, apegada a un antes, y a un después. La cultura griega tiene sus orígenes en la civilización cretense, cuyos principios se remontan al tercer milenio a. C. Los cretenses fueron los primeros en recorrer el Mediterráneo y llegaron a tener una flota poderosa, comerciaron con otros pueblos ubicados en tierras de los actuales países de Italia y España. Bajo el modelo de Imperio, la extensión militar era bajo el método de invasiones y fue así como se le unieron pueblos: los joníos, los heládicos, eolios… Tribus de los Balcanes como los dorios fueron conquistados, algunos contactos no venían directamente de las invasiones, sino por la migraciones ocasionadas por otros, o porque aún habían grupos seminómadas.

Los dorios enriquecieron tremendamente a las civilizaciones posteriores, pues gracias a ellos existe el manejo del hierro, con el que se fabricaron instrumentos, pero principalmente armas de guerra. Gracias a la anexión de este metal, perfeccionaron el arado permitiendo un alto rendimiento en la agricultura. De la mezcla de estos y más grupos y tribus es como nacieron los griegos.
La diversidad que se veía en esos tiempos era común. El mismo hecho del modelo de producción de esclavos, expone que se vivía un constante de intercambios culturales, que claro, en lamentables circunstancias y en diferenciación de poderes, pero no por ello, menos importantes. La zona geográfica, el mar Mediterráneo, fue gran impulso para estos intercambios.

El mundo clásico fue masivamente rural, pero de modo antagónico, también fue un mundo de ciudades ¿podemos imaginar el caos de un día en calles de la Antigua Grecia?

Fueron los esclavos quienes mejoraron la técnica, quienes hicieron las grandes extensiones de los cultivos vinícolas y eloícas; los encargados de hacer funcionar los molinos para el grano, haciendo mejorar la calidad del pan; los que soplaban el vidrio y sin querer fueron perfeccionando técnicas de calefacción, la tecnología manual. Es decir, los esclavos fueron el sostén de ese imperio ¿quiénes eran ellos? No lo sé, es decir, su nombre en específico. Lo que sí sabemos es que eran hombres de pequeñas tribus, que lógicamente, fueron conquistadas, la mayoría de ellos tracios, frigios y sirios.

Aristóteles mencionaba en un texto sobre Política que los hombres que debían cultivar la tierra debían de ser de diferentes naciones, y que principalmente no fueran naciones belicosas, con esos dos elementos se podía dar paso al trabajo sin miedo a que se rebelasen.
El inmenso territorio del que fueron parte no solo ayudo a un crecimiento, sino también a un constante intercambio tanto de productos como el trigo, la vid y el olivo, como para intercambio de palabras, comida, modos y modas.

Pese a la implementación y hegemonía de la lengua en Galia, por ejemplo, se han conservado lenguas célticas, el libero y lusitano continuaron hablándose hasta las invasiones bárbaras, las lenguas germanas, hablándose en las fronteras se volvieron al nuevo oriente, lenguas descendientes de la lengua egipcia existen hoy en día como lengua para rituales en la rama de cristiandad.

Repensar Grecia es repensar el arte y el derecho, el lenguaje, en sí el pensamiento. De la misma manera que es pensar gran parte del pensamiento Occidental. El reconocimiento en este caso de los pueblos que constituían Grecia y el labor que tuvieron en muchos casos bajo un modelo de esclavitud, es reconocernos como seres mestizos, iguales en derechos, pero también de revalorar bajo qué premisas es que seguimos contoneándonos de una cultura que se basó en la esclavitud para ser cúspide y que en nuestros días dejamos de lado o ignoramos con el fin de querer llegar a un supuesto progreso.

Lic. Entohistoria. Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Tufiño Hernández María de los Ángeles

Lic. Entohistoria. Escuela Nacional de Antropología e Historia.

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