Ecuador: la semblanza de Rafael Correa

He querido escribir hoy sobre mi amigo de la niñez y adolescencia, Rafael Vicente Correa Delgado, esto es lo que he digitalizado en el teclado según fluían de mi mente los recuerdos antiguos y nuevos:

Que yo sepa, Rafael siempre fue un buen alumno en el colegio y en la universidad. Siempre estudió becado, y no solamente supo ganarse las becas, sino mantenerlas. Viene de una familia pobre, y desde pequeño ha sufrido lo mismo que tú -que estás leyendo-, y que yo que escribo, viendo y viviendo las grandes diferencias e injusticias que resultaban de la inequitativa distribución de los recursos económicos en nuestro país.

Desde niño, formó parte del movimiento scout como Lobato, Scout, Pionero y Rover, habiendo sido un líder desde sus inicios, ganaba todas las especialidades posibles, y luego como dirigente fue muy acertado, querido y respetado. Personificación de la honestidad, la honradez, la responsabilidad y el respeto a los demás. Un hombre solidario y con una vocación de servicio inigualables, siempre dispuesto a renunciar a lo poco que tenía en beneficio de los demás.

Es así, que Rafael estudió en el colegio y en la universidad, con una niñez, adolescencia y juventud llena de carencias que lo forjó y lo formó, y afianzó los principios morales y los valores éticos que había recibido en la educación materna, y en su preparación como scout, viendo, viviendo y sintiendo lo que muchos tenían que padecer por no tener recursos económicos. Imbuido de un profundo sentimiento de solidaridad cristiana, comparte con todos lo poco que tiene materialmente, y lo mucho en valores intangibles, espirituales y de conocimiento académico, cultural y espiritual, brindando siempre su contingente de ayuda desinteresada.

Así fue como voluntario a prestar sus conocimientos y su contingente personal a las comunidades indígenas más pobres, que aún lo recuerdan por su entusiasmo, dedicación y desinterés en recibir nada a cambio, practicando en lo profundo aquel verso de la oración scout … y a no esperar más recompensa que saber que hago tu santa voluntad”.

En su vida profesional, en el área privada, y como funcionario público, nada hay que pueda desdecir de su trayectoria impecable, y cuando arteramente un grupo de bellacos, pretendió cobardemente mancillar su trayectoria, supo salir al frente de la defensa de su honor, como un caballero, sin devolver mal por mal, sino únicamente dejando claro la hombría de bien, aún cuando tuvo en contra la maquinaria judicial politizada en ese entonces, – así como la de ahora-, que ante la contundencia de la verdad, no pudo, y tanto su nombre como el ejercicio de su función quedaron libres de la maledicencia de los cobardes esbirros del ruin adversario.

Por todo esto yo pienso que el amor que dice sentir Rafael por los pobres, y su preocupación por hacer del Ecuador un sitio mejor para vivir, no son fruto de una vena política, sino de una profunda convicción de servir a los demás, sobre todo a los menos favorecidos, lo que le ha venido desde las primeras oraciones inculcadas por su madre y su posterior formación Cristiana en la Fe Católica.

Un hombre de buen corazón, que ha soportado estoicamente los ataques de gente que ni siquiera lo conoce y también de los más allegados a él, sin tomar revancha, deja ver mucho aquello de “…no os resistáis al mal…”. Un hombre con buenas intenciones y rectitud de corazón, sin compromisos políticos de ninguna naturaleza, y con un equipo de trabajo de lujo, me hace recordar aquella frase que siempre hemos oído los ecuatorianos, “es un buen presidente, pero está rodeado de incapaces y ladrones”, hoy finalmente podemos decir «es un buen presidente y quienes lo rodean son gente honesta y bien preparada«.

Es decir, tenemos reunidas finalmente las condiciones, sólo nos falta decisión, vamos ecuatorianos, al rescate y defensa de las virtudes, de los valores morales, de nuestras convicciones, de la solidaridad, en contra de la corrupción y los corruptos, en contra de la injusticia en todos sus ámbitos, a defender y a defendernos de quienes nos han mantenido en la opresión académica, intelectual y económica. ¡Ahora es el momento!

Una persona que no sólo se ha preocupado de las cosas materiales para su familia, sino que principalmente ha inculcado en el seno de su familia el amor a los demás, no puede ser un mal hombre, “…ningún árbol bueno puede dar frutos malos…”.

Un hombre que no piensa en su propio beneficio sino en el bien común, generando trabajo y bienestar, un hombre que no solo ha sabido recibir y mantener con humildad todos los dones que ha recibido, sino que ha sabido incrementarlos, que sabe dirigir, administrar y manejar responsablemente la cosa pública, y que además se ha preocupado del bienestar de los más necesitados a través de múltiples cruzadas y programas de corte social cultural y educacional, es en resumen un hombre digno, admirable y altruista.

Un hombre que está plenamente consciente, que tiene la cabeza sobre sus hombros y el corazón en el pecho, y que tiene la profunda convicción que desde las ideas de su intelecto hasta la profundidad de los sentimientos de su corazón, siempre ha tenido en primer lugar la solidaridad y el servicio a los demás, es un hombre que será enaltecido por tener la conciencia de ser un dirigente “cuya cabeza no es un simple adorno”.

Finalmente, quiero terminar con un apartado literario que describe a los hombres que como Rafael Correa son dignos de ser llamados hombres admirables y constructores de patrias.

Los más grandes espíritus son los que asocian las luces del intelecto con las magnificencias del corazón. La “grandeza del alma” es bilateral. Son raros estos talentos completos; son excepcionales esos genios. José Ingenieros.

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