El adiós de Daniel Devita al eterno Negro Fontova

Se cumplían 40 años del nacimiento de Abuelas de Plaza de Mayo. Estábamos en plena Avenida Pueyrredón en el amanecer de la Argentina macrista preparándonos para salir al escenario, donde íbamos a cantarle a Estela y sus eternas compañeras.

En esa vereda bulliciosa es donde conocí a alguien que se transformaría en un hermano, mi querido colega Gabriel Torres. Estaba ahí en esa vereda gracias a otro hermano de la vida, que fue el que me convocó y le estaré eternamente agradecido por lo que narraré a continuación y por muchas otras cosas: Conrado Geiger.

Consumíamos los minutos de la previa charlando sobre música, y sobre esa sombra de entrega y sumisión que se abría paso en cada rincón de la Patria, hasta que un grito confianzudo desencajó el ritmo de la conversación.

-“CONVIDAME UN FASO NENEEE“.

Así se presentó el eterno y querido Negro Fontova, con el que nos quedamos charlando un buen rato.

Nos presentó a su compañera, no ahorró ningún tipo de comentario de esos que nos hacían escupir el agua de la risa, y fue una de las pocas veces en mi vida que conocí a alguien que era igual arriba del escenario que abajo del mismo.

Auténtico, divertido, generoso. Se desarmó en el elogios para Gabriel y para mí. A su turno de cerrar la jornada encaró para el escenario diciendo, “hijos de puta, después de ustedes tengo que ir yo“.

Nadie, nadie de su estatura, de su cultura y de su trayectoria es así, pero El Negro era único en su especie. Esa tarde subió y brilló como nunca, nos hizo reír, llorar, emocionarnos, putear, era inmenso y lo será siempre.

En estos tiempos tan particulares quiero resaltar dos cosas: la primera es que Horacio jamas midió, ni se guardó nada, estuvo junto a los presos, estuvo junto a los humildes, denunció y mando al recontra carajo a los hambreadores del pueblo. Nunca se dejó domesticar por los cultores del buen gusto progresista.

Lo segundo es que Horacio nos deja y me deja en particular un compromiso que quiero hacer público y es el de cómo hay que poner la pata.

Muchas veces uno se pregunta si habrá hecho bien en salir a trabar con la pierna fuerte, denunciar en canciones y declaraciones no solo al chancho sino a su dueño, a la luz de estos acontecimientos donde a Patricia Sosa se le perdona todo y a los embarrados se los pone detrás de un biombo.

El Negro desde la gloria me da la respuesta, “sí pibe, que no te domestiquen“.

Dejaremos la vida en ser un poquito como El Negro Fontova, que nunca especuló y como dijo Néstor, la historia es de quienes más se la juegan.

Nos queda pendiente para otro plano, el trío folclórico, autóctono y urbano; “El Negro, El Canoso y El Pelado“.

¡Abrazo querido Horacio Fontova! ¡No dejas ningún vacío, estarás acá con tu pueblo siempre!

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