El caballo de Troya del capitalismo verde: cambiar para que nada cambie

El pasado fin de semana hubo una «huelga» por el clima en la que cientos de personas salieron a las calles a reclamar al Gobierno, -un Gobierno que felicitaba a los manifestantes y «huelguistas» su asistencia en vez de enviarles a la policía a reprimirles-, que tomara medidas contra el cambio climático.

Así, aséptico, «medidas«. ¿Cuáles? Da igual, medidas, hay que «hacer algo ya«, el tiempo se agota. Estoy convencido que en esas manifestaciones había muchas personas conscientes de que el sistema económico actual es una devoradora de recursos que creyeron que era necesario apoyar la protesta. Aunque su decisión es respetable, creo que a pesar de su buena fe, esa protesta y todo el movimiento que le rodea es una inmensa trampa que no vamos a tardar mucho en descubrir.

Para empezar, mi escepticismo con todo este movimiento empieza cuando, día sí y día también, los grandes medios de comunicación llevan desde hace meses «concienciándonos» del cambio climático y convocándonos a la huelga del clima de ayer.

A mí, perdonadme, pero que medios que tachaban poco menos que de terroristas a grupos ecologistas que participaban en una protesta hace menos de tres años, medios que han silenciado (porque alguno de sus accionistas han sido denunciados por ellos) el asesinato de cientos de activistas medioambientales en Latinoamérica, no se han vuelto de la noche a la mañana lo contrario de lo que eran.

>>Emergencia climática: ¿es posible abordarla sin cuestionar nuestro sistema económico?<<

Aquí hay una trampa, solo hace falta rascar un poco en todo esto y actuar con sentido crítico. ¿A quién no le gusta que la gente luche por algo? El problema es que igual tu lucha en realidad es una burda instrumentalización de la que algunos se van a forrar, como de costumbre, y el pato de todo esto no lo va a pagar quien es responsable, sino los que menos culpa tienen, los más pobres de aquí y los más pobres de otros países del mundo.

Greta Thunberg es la cara de todo este movimiento, una chica de 16 años desconocida a la que, de repente, todos los medios del mundo occidental, todas las instituciones y todos los Gobiernos de Occidente, han convertido en la representante de la lucha mundial por la Tierra, cuyo eje es «que nos estamos cargando el planeta y que todos tenemos responsabilidad en ello y debemos hacer cosas«.

Para empezar, la utilización miserable de menores de edad para propaganda no es nuevo: la joven cuyo testimonio sirvió para emprender la guerra de Irak en 1991 y la niña de 7 años que tuiteaba en perfecto inglés desde un bastión islamista en Siria ya fueron precedentes.

En este caso, la niña cuenta con el concurso para su utilización de sus padres, que gracias a su hija están viajando y vendiendo libros, sin importarles la sobreexposición de la menor. De hecho, fue su padre y el lobby Global Challenge, al que este pertenecía, quienes la promocionan y la convierten en viral.

Global Challenge cuenta entre sus filas desde el Presidente de la Patronal Sueca, hasta accionistas de Sustainable Energy Angels, un fondo buitre de capital «verde«, pasando por David Olsson, el dueño del mayor fondo inmobiliario «sostenible» de Suecia. Una panda de hermanitas de la caridad que solo buscan el bien del planeta.

¿Qué interés tendrían los dueños de esas empresas en promocionar a una niña activista que pide medidas para luchar contra el cambio climático?¿Qué interés podrían tener instituciones como el Foro de Davos y grandes empresas en promocionarla?¿Harían lo mismo con un activista medioambiental latinoamericano? Como bien subraya y se pregunta Carmen Cariño, activista medioambiental: «No sé por qué el sistema protege a Greta mientras a los jóvenes de aquí los mata por decir las mismas cosas«.

Y es que la clave de la cuestión es esa: ¿Pretende cambiar el sistema el movimiento thunberiano verde? NO. De lo que se trata aquí es de algo que debería espantar a cualquier persona de izquierdas: se trata de un movimiento que busca culpar a la población de los problemas derivados de la extracción y explotación de recursos. De un cambio para que todo siga igual, de un cambio conocido como capitalismo verde que busca aprovechar la crisis económica global que está a las puertas para una dura reconversión del capitalismo.

Un cambio que incide en el individuo y sus acciones, de tal forma que no se señale a los culpables ni se señale a las empresas ni al capitalismo, cuando, por ejemplo, solo el Ejército de EEUU contamina más que 140 países con millones de personas. No es casual que haya un gran lobby creado de empresas multinacionales españolas, llamado Grupo Español de Crecimiento Verde que se haya sumado entusiasta a este movimiento y cuyo objetivo, entre otros, sea concienciar del cambio climático. Están todas las grandes empresas españolas: Sacyr, BBVA, Santander, Mapfre, La Caixa, Ferrovial, Iberdrola.

Y eso explica que los medios de comunicación, participados por grandes empresas participantes en el GECV, estén día a día «concienciándonos» sobre el cambio climático, poniendo el acento en la juventud con mensajes que a veces rozan un alarmismo totalmente ridículo, como recientemente se vendía la gota fría en Alicante y Murcia como un suceso extraordinario debido a este hecho, cuando hay documentadas inundaciones con miles de muertos en la zona desde la Edad Media y Moderna, antes de la industrialización, ya que es un fenómeno típico de esta zona, como ya decía Raimon en 1974: «Al meu país, la plutja no sap ploure«.

Una vez concienciada la gente apelando a las emociones (y no a cuestiones racionales), a través de una campaña de propaganda como la que llevamos meses viendo, se aceptarán medidas, esas que ayer se pedían en las manifestaciones.

Y entonces se deslocalizarán empresas para llevarlas a países del Tercer Mundo, que si allí protestan, se les mata y no salen en TV, no son Greta y la triple F; se subirán impuestos indirectos, como ya se ha planteado en Alemania, limitando el acceso a los más pobres de productos por el «bien del clima«, se tendrán que reformar viviendas más antiguas para ser sostenibles, se potenciará el coche ecológico para que las empresas chinas no compitan con Renault o Seat, mientras los pobres serán penalizados por no tener un caro (y contaminante en su fabricación, que eso no vende) coche ecológico.

E incluso se podrá usar, como algunos plantean, la excusa ecológica para invadir y arrasar países, no vaya a ser que algún país emergente trate de hacer sombra a la rica Europa y EEUU.

Como a pesar de todo, la gente empieza a oler a chamusquina tanta sobreexposición de la pobre niña, utilizada por intereses tan miserables, los voceros han decidido inventarse que, salvo cuatro imbéciles descerebrados, la gente estaba criticando a una pobre niña por ser mujer, por tener Asperger o por su activismo, algo totalmente falso.

Las críticas, legítimas cuando alguien se convierte en personaje público, al menos las que yo he podido leer a lo largo de este tiempo, jamás han sido ad hominem a la criatura, sino a la utilización que han hecho de la chica tanto sus padres como tantas instituciones y lobbies, indignándose muchas personas por la ausencia de escrúpulos de los padres y de esos lobbies en usar a una chica de 16 años para servirles a sus intereses.

De hecho, ella acabará siendo tan víctima como los posibles afectados de todo este circo verde, cuando la tiren a la basura como un juguete roto y deje de ser útil a sus intereses. ¿Alguien se acuerda ya de Bana Alabed? Por esa razón, esa niña es la cara visible, para que se puedan neutralizar las críticas fundamentadas a toda esta pantomima haciendo uso del mismo sentimentalismo barato que se está usando con mensajes apocalípticos que recuerdan más a la doctrina del shock que a una campaña de concienciación y análisis científico.

Con unos mensajes más típicos de la religión católica y el liberalismo que de la tradición izquierdista: apelar a la responsabilidad individual, no hacer distinción de clases sociales, generar sentimiento de culpabilidad entre la población, mensajes apelando a lo irracional, rompiendo con la tradición progresista y racionalista de la que bebían tanto la Ilustración como el Movimiento Obrero.

Pero además también hablamos de intereses geoestratégicos: ¿con qué autoridad moral la rica Europa y una niña nacida en una privilegiada «clase media» sueca puede decirle a africanos, chinos e indios que lo sentimos, no pueden salir del subdesarrollo, ni llegar al nivel de los países ricos? ¿Cómo es posible que la rica Europa y Norteamérica puedan señalar con el dedo a esos países africanos y asiáticos que están creciendo, diciéndoles que se siente, que la Revolución industrial o la electificación es un derecho exclusivo de la rica Europa y EEUU? No es casual tampoco las críticas a los BRICS por lo «mucho que contaminan» en esos foros verdes empresariales llenos de millonarios de EEUU, a los que EL PAÍS acusa de «concienciación climática«. Aguanten las risas, por favor.

Para concluir, porque imagino que este artículo desatará críticas, sobre todos de aquellos que quieren ver una revolución hasta en gente convocada a una procesión laica al dictado de las grandes empresas, no podemos negar que tenemos un problema, que el capitalismo como sistema es un devorador de recursos, de países y de personas, y que su voracidad nos lleva al desastre, que se puede vivir sin necesidad de destruir el planeta y a sus gentes, que vivimos en un planeta finito y que los recursos no son ilimitados. Y que solo un cambio estructural modificará esta situación.

Pero esto no va a venir de los responsables del mismo, que son los que están detrás de este movimiento. Porque no contamina igual un trabajador chino que el dueño de Iberdrola, porque no se puede poner al mismo nivel a Ana Botín y a tu vecina del quinto, como sostiene esta ola verde interclasista.

La revolución no será televisada, gritaban en las manifestaciones contra los recortes, con mucha razón. Y tampoco la patrocinarán los poderosos y los dueños del capital. Pero nada de esto sería posible si no hubiera una izquierda desarmada ideológicamente, que se suma como pollo sin cabeza a cualquier cosa, buscando votos y apoyos.

Daba entre pena y tristeza ver ayer en las manifestaciones a toda la izquierda reformista a refubo del thunberismo patrocinado, clamando por el clima y pidiendo que «se haga algo«, permitiendo que la defensa de los trabajadores frente a este lobby verde pase a ser abanderada por otros, algo que no tardará mucho en pasar.

«Tenemos poco tiempo«, gritaban, pero poco tiempo para desenmascarar el gol que están intentando meter por la escuadra los ricos del mundo a la clase obrera y a los países que no pertenecen al selecto club de los más ricos: la trampa del capitalismo verde.

ElEstado.Net no tiene por qué compartir todo el contenido de los artículo publicados en su Sección de Opinión.

5 comentarios en “El caballo de Troya del capitalismo verde: cambiar para que nada cambie

  • el 30 septiembre 2019 a las 8:51 PM
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    Muy bueno el artículo, pero quizá más que para que nada cambie, va a ser para que cambie a peor. Nos van a freir a impuestos que deberemos acatar y apoquinar para «salvar» el planeta, van a destinar ingentes cantidades de dinero público para modernizar sus corporaciones a costa de recortes en prestaciones sociales, van a cerrar empresas, ya han empezado, echando a miles a la calle, van a impedir a muchos paises desarrollarse con la excusa «verde», etc. Una vuelta de tuerca del capitalismo, esta vez de color verde.

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  • Pingback:El cambio climático, la lucha de clases y la organización

  • el 9 diciembre 2019 a las 4:05 AM
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    Creo que la intención del artículo es buena, pero su análisis es malo y su ejecución es pésima.

    Hay muchas afirmaciones que simplemente no son ciertas. Para la guerra de Irak del 91 no se usó ningún testimonio de ninguna niña. La Guerra tenía el casus belli de la invasión de Kuwait y fue ese el motivo que se esgrimió. NO es necesario intentar validar o ejemplificar el caso de la Thunberg con una afirmación falsa. Porque eso le resta credibilidad al argumentario del artículo. Sobre todo delante de personas como yo, que ya eramos mayorcitas en el 91 y que en su día nos interesamos mucho por el conflicto de Kuwait y asbemos que lo que se dice en este artículo al respecto no es cierto.

    Después está el usar términos que influyen en la opinión del lector. Como hablar de ‘fondos buitre’. No, un fondo buitre es un fondo de capital de riesgo que invierte comprando deuda de empresas en riesgo de quiebra para luego ejecutar esas deudas. Sustainable Energy Angels no es un fondo buitre. Es un fondo de inversiones en compañías de energía renovable. ¿Qué hay de parecido entre una cosa y la otra? NADA.

    Entonces ya tenemos, de base y en la tesis del articulo, datos que o bien son falsos o bien están orientados a influir en la opinión del lector no en base a evidencias, sino a manipulación del lenguaje o de los hechos.

    Y eso solo al principio.

    He leído otros artículos y no dudo del compromiso y la militancia de los periodistas de esta página.

    Pero, vaya, para el compromiso ideológico el primer compromiso que ha de tenerse es el compromiso con la verdad. Y he visto que ese falla, no sé si por falta de preocupación en el análisis de los datos (muchos de ellos ni hacen falta para mantener lo que se quiere decir en el artículo) o por maquillar intencionadamente los datos. Pero ninguna de las opciones es buena porque se sacrifica la verdad en pos de convencer al lector de lo que se mantiene.

    NO hagáis como los demás. NO os paséis la verdad por el arco de triunfo solo porque creéis que la intención es buena.

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  • el 9 diciembre 2019 a las 7:22 PM
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    Artículo nefasto lleno de lo que «parecen» verdades que no son. Lo único que aporta es que son necesarios cambios estructurales. La verdad es muy compleja, pero para que la sociedad en su conjunto sea capaz de asimilarla se empieza por mensajes sencillos y claros, hay evidencias y somos responsables de la forma de vida del mundo rico, y en ese estamos nosotras. No tengo una gran afección por el movimiento de Greta cuando llevamos 50 años ninguneado a los pueblos sudamericanos y africanos y a los movimientos ecologistas, pero bienvenido sea si es la única forma de que los blancos escuchen.

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