¿Fascismo en Italia? La culpa es de la izquierda

El reciente artículo firmado por Héctor Illueca, Manuel Monereo y Julio Anguita titulado ¿Fascismo en italia? Decreto Dignidad ha hecho correr ya ríos de tinta virtuales. No es el propósito de este artículo abundar en las muchas y muy certeras críticas concretas que ya ha recibido el escrito original que abrió este debate, sino tratar de ampliar el alcance del mismo y analizar el contexto ideológico que ha propiciado que aparezcan este tipo de planteamientos, blanqueadores y legitimadores del neofascismo y la xenofobia, incluso desde figuras de amplia y reconocida trayectoria dentro de la izquierda.

“Ventana de oportunidad”, “ahora o nunca”, ¿recuerdan? Se planteaba la posibilidad; la necesidad, de obtener una victoria rápida y fácil, tratando de superar todo lo que se consideraba hándicap de la izquierda llamada tradicional; la izquierda viejuna. Se hacía una apuesta por lo emocional; por apelar a las pasiones, los instintos, como algo opuesto o incluso incompatible con lo racional. Algo que debía atesorar la suficiente capacidad de movilización como para alzarse con la victoria. Y en esa carrera emocional y pasional hacia la victoria, en ese correr y atarse los cordones, cualquier persona, colectivo, organización o planteamiento ideológico que no estuviese en sintonía quedaba reducido a un obstáculo que sortear, ignorar o aplastar.

En el año 2014 preguntaban a Pablo Iglesias lo siguiente: “Emoción, por ejemplo: creamos miedo; miedo al diferente, el emigrante, a cualquiera. Si hacemos que la gente responda políticamente a la emoción, ¿cómo vas a evitar que el día de mañana, igual que hoy te responden a ti, mañana respondan a la extrema derecha?” (minuto 1:33 del vídeo ). La respuesta (o más bien, la no-respuesta) de Iglesias, aparte de consistir en afirmar que no hay que “regalar” al “fascismo” la capacidad de emocionar (como si alguien hubiese propuesto tal cosa), tenía una parte especialmente reveladora: “Hay una lección terrible para todos los socialistas, y es la capacidad movilizadora de la conciencia de clase cuando se tenía que enfrentar a la capacidad movilizadora de lo que representaba una nación”, a lo que añadía: “es terrible, pero las revoluciones no las dirigen intelectuales, ni las dirige gente que pone en primer lugar el sentido común y la reflexión”.

Manolo Monereo (izquierda) junto a Pablo Iglesias.

La nación: la “capacidad movilizadora” de lo que representaba una nación, nos dice Iglesias. Manolo Monereo, en la respuesta que publicó recientemente a las múltiples críticas que recibió su artículo firmado junto con Julio Anguita, nos dice textualmente lo siguiente: “La clave, se quiera o no, es la contradicción cada vez más fuerte entre los partidarios de la globalización neoliberal y aquellos que, con más o menos conciencia, defienden la soberanía popular y la independencia nacional y apuestan por la protección, la seguridad y el futuro de las clases trabajadoras.

Otra vez tenemos a la nación. La nación como elemento emocional a partir del cual construir una capacidad de movilización suficiente como para alzarse con la victoria. Y es que después de las dos derrotas consecutivas a la hora de conseguir la victoria o al menos el ‘sorpasso’, después de la profecía autocumplida al proclamar el “ahora o nunca” y no haber sido ahora, solo queda la impotencia y la desesperación del fracaso; queda apelar emocionalmente a cualquier cosa que pueda hacer volver a soñar con lo que, decían, pudo haber sido.

En definitiva, queda agarrarse a un clavo ardiendo, apelar a un nacionalismo trasnochado y blanquear las alianzas con el racismo y la xenofobia próximas al fascismo, siempre que estas sean capaces de escenificar un enfrentamiento con las élites neoliberales que dirigen la Unión Europea, o que hagan concesiones cosméticas para aparentar medidas sociales. La reivindicación de estas medidas sociales por parte de un gobierno racista de extrema derecha como lo es el de Salvini, en nada difiere de la habitual reivindicación que las derechas social-patriotas hacen de las medidas “sociales” del franquismo. Ya saben, el mito de que Franco poco menos que inventó la seguridad social, las vacaciones pagadas o las pagas extras.

Pero el peor deshecho ideológico que toda esta huida hacia adelante nos ha dejado, consiste en la nueva vuelta de tuerca contra la izquierda que se pretende dar al responsabilizar a la misma de este desaguisado. La izquierda italiana, representada por el PCI, sistemáticamente desguazada durante muchos años hasta quedar aniquilada en la práctica, todo en aras de esa superación de la misma para sumar a más sectores, y así alzarse con la tan deseada victoria (objetivo supuestamente logrado con la victoria del Olivo en 1996), resulta ser condenada como la culpable de que haya sido la extrema derecha quien haya conseguido capitalizar el descontento popular, citando a Monereo et al: “los autores de este artículo no tenemos ninguna simpatía por Matteo Salvini, pero creemos que su ascenso, y el de otras figuras afines en varios países europeos, no es más que un reflejo del fracaso de la izquierda. La demostración de su incapacidad para canalizar las energías de cambio latentes en la sociedad.“

Ahora se rumorea que Monereo, junto con personajes de la talla Verstrynge, andan enfrascados en la creación de una nueva asociación (otra más) en favor de la III República. Incluso podría parecer que todo este ruido generado no fuese más que una provocación para promocionar su invento. Y no se aclara en ningún momento qué aporta esta nueva asociación que no aporten ya todos los movimientos, partidos políticos y demás colectivos que llevan décadas trabajando honestamente en favor de la III República.

Más bien se funciona a base de sobreentendidos, que deben deducirse del blanqueo deliberado de los pactos con la ultraderecha xenófoba y racista de Salvini. Se critica la “dictadura de lo políticamente correcto” cuando hablamos de racismo (¿qué debemos entender?), se critica tanto a la denominada “extrema izquierda” como a la supuesta izquierda llamada “socialdemócrata” (en definitiva, a toda la izquierda), y se introduce de esta manera la respuesta a la siguiente pregunta en la entrevista que le hacen a Monereo:

¿Qué opinión le merecen las políticas migratorias de Salvini? ¿El secuestro de decenas de personas migrantes en un barco sin facilitarles un puerto o el censo de gitanos que se ha empezado a elaborar en Italia?

– «Lo que nos parece increíble es que se ataque a Salvini blablabla».

Por supuesto que en ese blablabla se matiza la introducción para ceder a esa “dictadura de lo políticamente correcto” y se dice lo que hay que decir, pero la carga emocional y el sobreentendido al comenzar así la respuesta quedan en el ambiente. E incluso en el matiz introducido se da a entender que aquellos que critican al racista Salvini no fuesen capaces de criticar de igual manera el resto de políticas racistas que se lleven adelante, vengan de donde vengan.

Para ir concluyendo, veamos el único punto donde Monereo, en la entrevista ya referida, llega a explicar algo de lo que diferencia su propuesta de III República de todas las ya existentes:

– “Lo que advertimos es que si no se resuelven los problemas en el origen, no se resolverá nunca el problema migratorio. (…) Queremos que los cuadros sociales de África se puedan desarrollar para que puedan desarrollar sus países.”

Aquí nos habla de un supuesto “problema migratorio”, que curiosamente focaliza exclusivamente en África. Y no deja de ser llamativa esa buena intención, tan “políticamente correcta”, de que los “cuadros sociales” de África puedan desarrollar sus propios países, mientras se comparte partido sin ningún problema con individuos como el ex-Jemad Julio Rodríguez, también conocido como el carnicero de Libia, uno de los responsables de la destrucción del que era seguramente el país más rico y desarrollado de África. Tal vez sea que Julio Rodríguez no tiene el problema de ser un izquierdista, y por tanto no tiene la culpa de nada.

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