Il male, la sátira del «fake»

Uno de los fenómenos más relevantes del Movimiento obrero italiano -llamado popularmente Autonomia operaia– a finales de los años setenta fue la exposición de noticias falsas como desenmascaramiento del poder de los poderosos medios, dedicados, estos, a la desinformación y la intoxicación política.

Los autonomistas supieron crear un lenguaje contra-cultural basado en lo que describen en su libro Berardi y GuarneriAlice è il davolo, la storia di una radio sovversiva (2002)-:

«Finjamos estar en el lugar del poder, hablemos con su voz, emitamos señales como si fuésemos el poder, con su tono de voz. Produzcamos información falsa que revele lo que el poder esconde, información capaz de producir la revuelta contra la fuerza del discurso del poder (…) Reproduzcamos el juego mágico de la verdad falsificadora para decir con el lenguaje de los medios aquello que quiere ser conjurado. Basta un desvío mínimo para que el poder devele su delirio».

Evidentemente, la idea que nos viene a la cabeza es la palabra fake para contemporizar la teoría comunicativa que creó este movimiento revolucionario. Aunque en la palabra hay mucho poder y la comunicación en un movimiento social que confronta las ideas con los poderes del Estado, es tanto un medio como una finalidad, está claro que el uso de la distorsión era una práctica habitual, eso sí, tenía una clara vocación de provocar y denunciar al contrario –combattere il cuore dello stato– combinado con una radicalidad irónica de la realidad que proponían crear.

Además, los agentes que hacían este tipo de propaganda política no se escondían -como sí hacen las grandes corporaciones y los cómplices de la extrema mercantilización de la comunicación-, y llegaron a crear entidades comunicativas de cierta influencia en el interior del movimiento autonomista.

Radio Alice, fundada en 1975, y que se definía como una radio libre que se contraponía al monopolio de la RAI -corporación de radio y televisión italianas-, era un modelo innovador ya que no disponía de ningún espacio fijo ni siquiera con un equipo de redacción organizado.

En 1977, se creó el CDNA (Centro di Diffusione di Notizie Arbitrarie). Una agencia de difusión de informaciones falsas para insertarlos en los medios de comunicación (informazioni false producono eventi veri). La práctica, en aquellas épocas muy novedosa del uso del teléfono para comunicar las noticias, provocó ciertos cambios en el sistema comunicativo italiano en general.

La revista satírica Il Male, que llegó a editar más de 140.000 ejemplares, fue uno de los máximos exponentes de la sátira de la época. Fueron épicas sus portadas falsas e irónicas, que contradecían los grandes anuncios de los grandes medios italianos.

Y con la irrupción de Il Male se creó una de las grandes polémicas en la que se mezclaba lo falso y la denuncia. Nos situamos en el año 1979, en respuesta a la violenta represión del Estado hacia los autonomistas por el polémico asesinato por parte de las BR (Brigatte Rosse) del presidente de la DC (Democrazia Italiana), Aldo Moro, la revista Il Male editó tres tipos de ediciones diferentes con tres nombres distintos Paese sera, Il Giorno y La Stampa, con un titular contundente: «Ugo Tognazzi, arrestado como jefe de las Brigate Rosse«.

Tognazzi, uno de los grandes actores de la comedia italiana, se prestó a organizar esta comedia mediática, en la cual aparecía detenido y esposado junto a la policía mientras vociferaba su condición de «preso político«. El escándalo fue mayúsculo, la respuesta del Estado no tardó en llegar en forma de citaciones judiciales.

La cantidad de persecuciones judiciales en las que se vio inmerso Il Male, pero también la manca de apoyo social en los últimos años de vida de esta revista, provocó su cierre en 1980. Aunque algunos de sus redactores iniciaron otros proyectos «falsarios» en la escala internacional.

El resumen de este modelo de fake a la italiana queda bastante bien reflejado en el artículo que publica Paolo Fabbri -catédratico de semiótica del arte- en Le Monde diplomatique (1978), un artículo titulado “Pour une guérilla sémiotique”, en el que dice:

«Nosotros, semióticos del lenguaje, nos oponemos radicalmente al modelo económico de la teoría de la comunicación; nos oponemos a términos como ‘producción’ de sentido, por ejemplo, porque el sentido no funciona según el modelo de la economía. En el sentido encontramos esto: provocación, desafío, sublimación, falsificación, parodia, fascinación, etc.; ninguna de estas categorías es económica».

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