India: «¡jaya he, jaya he, jaya he!»

La bandera de la India se compone de tres franjas horizontales -naranja azafrán, blanco y verde-. El simbolismo de los colores es el siguiente: el naranja representa el hinduismo, el coraje y el sacrificio; el verde la fe y el Islam; y el blanco representa el compromiso a la convivencia pacífica de las dos religiones.
En el centro de la franja blanca hay un diseño de un sol azul con antorchas -un antiguo símbolo del brahmanismo y el Dios Vishnu-. Este diseño había aparecido en el siglo tercero antes de Cristo, pero no llegó a la bandera hasta 1947, cuando la India obtuvo su independencia de Gran Bretaña. El símbolo de la rueda sustituyó la rueca de Gandhi, que simbolizaba la autosuficiencia económica de la India.
 
¡Es ahora mismo, por lo que se quiere que esta rueda azul se haga una realidad! Y no solo por respeto a la laicidad del país sino para abolir todas las castas que queden en el país, que atacan tanto a adivasis como dalits, (aún a pesar de que en la constitución las abolió en su firma de 1949).
 
Se trabaja para salvaguardar el derechos de las mujeres (especialmente de las mujeres adivasis) frente a anacronismos religiosos, nacionalizar la industria del país, empoderando económicamente a la clase obrera fuera del control de las transnacionales europeas y la corrupción, poniendo a los grandes informáticos, técnicos e ingenieros de la industria al servicio de los más empobrecidos, ofreciendo un mejor estatus de vida y otorgando así los mínimos para vivir a las federaciones más pobres y castigadas por la economía neoliberal.
 
Las actuales condiciones de vida tan deplorables de la India, lo convierten en el segundo país más pobre después de Nigeria. Ya han sido denunciados por el Banco Mundial, así como por Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Fueron 820 millones de personas las que no pudieron acceder a los alimentos en 2018, a esto hay que añadirle la contaminación que produce, ya no solo la insalubre condición de las grandes ciudades como Nueva Delhi, sino todas esas fábricas donde dejan a sus trabajadores en condiciones de vida inhumanas.
Algunos incluso explotados por condición de adivasis o musulmánes en las empresas de textil, que llenan de CO2 la atmósfera y el cielo de la India contaminando su medio ambiente y ecosistema. El nivel de contaminación del aire en Nueva Delhi, la capital de la India, es 14 veces mayor al nivel seguro establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Continúan las protestas en la India contra las leyes discriminatorias e islamófobas del BJP, pero queda mucho camino por recorrer si la nación asiática desea prevalecer frente al fascismo de azafrán, la economía del libre mercado neoliberal, y el no tan visible pero obvio problema de los nacionalismo religiosos/étnicos de las distintas federaciones del país.
 
La situación de los medios de masas está dejando mucho que desear, silenciando las masivas movilizaciones contra el presidente Modi, mientras que sostienen a la República Popular China en el candelero mediático, exagerando -y ocultando la lucha de ésta contra- el Coronavirus, transmitiendo un mensaje racista contra la población asiática de China residida en Occidente, pero no dicen nada de los «grandes logros» del neoliberalismo y del libre mercado que están llevado a la India al borde del colapso, ni de la generación de un nuevo ambiente pre revolucionario, como se vio el año pasado en Ecuador y se sigue viendo en Chile contra Piñera.
Silencian no solo las revueltas, sino también la represión de los nueve estudiantes sindicales asesinados en Uttar Pradesh en 2019, la violencia discriminada que la propia policía de la India ha intentado ocultar reventando cámaras o incluso anulando el transporte público para frenar las protestas contra la Nueva Ley de Ciudadanía.
En diciembre de 2019 en Ambhal, Firozabad, Meerut y Kanpur la policía confirmó el asesinato de cinco civiles muertos durante las protestas contra el CCA (entre ellos se encuentra un niño de 8 años), pero claro de la India solo interesa Gandhi y Teresa de Calcuta.
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