Jeanine Áñez, la excusa del golpismo para exponer una matriz democrática

Incluso en el discurso de su autoproclamación como usurpadora de la presidencia de Bolivia tuvieron que susurrarle a Jeanine Áñez lo que decir. Todo un esperpento que concluyó con un falaz «sí se pudo«. Así terminaba en el balcón una de las fases cruciales del golpe, la ficticia institucionalización.

La autoproclamación se formuló de forma contraria a la Constitución, ya que carecía del quórum necesario para llevarse a cabo dicho trámite. La Cámara se encontraba prácticamente vacía debido a que los parlamentarios pertenecientes al MAS habían decidido no sesionar. Y además la renuncia de Evo Morales podría ser considerada nula en cuanto a que se produjo mediante chantaje e intimidación. Rubén Chambi del MAS desconoce la autoproclamación ya que «no hubo quórum y tampoco se trataron las cartas de renuncia«, por lo que propone que en breves se declare la Asamblea Legislativa, ahora sí, con integrantes del MAS por tal de rechazar la carta de renuncia de Evo Morales y la de Álvaro García Linera.

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Este suceso siempre se proclamó como necesario para el bando golpista, ya que requerían construir un relato «democrático«.

Tal es la magnitud de la relevancia que allí estuvieron, cómo no, al pie de cañón los medios norteamericanos y la OEA con Almagro al frente, quién acusó a Evo Morales de haberse dado un golpe de estado a sí mismo, y de haber tejido para sí una matriz mediática de protección.

Evo Morales, por fin en México denunció que Jeanine Áñez se autoproclamó “rodeada de un grupo de cómplices y apañada por las Fuerzas Armadas y la Policía que reprimen el pueblo”.

Dentro de este contexto queda expuesto uno de los momentos cruciales para el golpe. Mientras presentan una imagen de cara a la galería, las fuerzas opositoras, la verdadera fuerza político-militar que esa rigiendo la deriva del golpe, recrudecieron sus actuaciones represivas.

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El Alto sigue siendo uno de los puntos de mayor conflictividad, se reportan ya varios muertos, pero esto para los golpistas no es más que un proceso, que sin lugar a dudas están teniendo problemas para dirigir hacia su fin, ya que cada vez son más los grupos reticentes a bajar los brazos ante el golpe de estado. La deriva sigue presentando dudas, tanto por el lado político, como en las calles. Se denuncian muertos, humillaciones y persecuciones perpetradas por aquellos que quieren cortar de raíz la democracia y su proceso del cambio. También las declaraciones de la Central Obrera Boliviana (COB) abren la posibilidad de una huelga general de «no restablecerse el orden constitucional en 24 horas«.

Los discursos en pleno apogeo del caos institucional resaltan la relevancia de las palabras como arma política. Ahora, expuestas las posturas, todo gira entorno al vilipendio o exoneración. El pueblo parece dispuesto a continuar apoyando al MAS de Evo Morales, mientras la opinión internacional, guiada por el aparato mediático de EEUU, más predispuesta a apoyar el relato presentado como democrático por la oposición golpista.

A todo esto Carlos Mesa, como ya se presuponía, tras las elecciones ha quedado totalmente fuera de juego. El candidato tan solo ha sido una excusa para prender la llama sobre algo que ya estaba dispuesto sobre los informes y estudios de las grandes potencias.

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