Julian Assange y la furiosa mentira morenista

Correrán ríos de tinta sobre el cauce que el tema Julian Assange ha marcado. Y, sin embargo, detrás del ruido ensordecedor que provoca toda la cascada de información, falsa o verdadera, que se derrama en torno a esto, es importante distinguir aquello que quedará impregnado en el ambiente hasta formar un palimpsesto que nos recordará el denominador común que condujo a un desenlace infame: la mentira como el último recurso del gobierno agonizante de Lenín Moreno.

La estrategia política en torno al manejo del caso Assange comenzó a volverse en un turbio dilema para el régimen de Moreno que naufragaba cada vez más en el opaco charco de sus propios desatinos. Desde la naturalización de Julian Assange en diciembre de 2017 y su designación como funcionario diplomático ecuatoriano para engañar a las autoridades británicas, idea de la excanciller María Fernanda Espinosa, hasta la falsaria telenovela que pocas semanas atrás montó torpemente el canciller José Valencia para engañar a toda la opinión pública, la constante ha sido esa: mentir, disimular, ocultar, enredar y usar un papel de tontos que calza muy bien a las morenistas autoridades ecuatorianas.

Ciertamente, el canciller ecuatoriano no es un dechado de virtudes intelectuales y más bien ha dado muestras de ser un operario morenista deslucido, lambón e intrascendente. Sin embargo, hay que reconocer en él su capacidad para no perder de vista el libreto de la mentira y seguirlo al pie de la letra, como el caballo que confía en la antojera para no perder el camino, pese a cada latigazo que pega el fuste en sus nalgas para estimular el trote.

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Veamos: el 5 de abril Wikileaks advirtió de la inminente salida de Julian Assange de la embajada ecuatoriana en Londres, versión a la que el canciller Valencia, en su propia cuenta de Twitter, calificó textualmente de “rumores infundados, que además son insultantes”. Sin embargo, seis días después, el Ecuador efectivamente quitó el asilo a Assange y lo sacaron de su embajada. Entonces, José Valencia simplemente murmuró que el retiro de ese derecho es una “decisión soberana de un Estado”. El operario de Lenín Moreno, ¿se contradijo o mintió?

Tras la denigrante entrega de Assange, el mismo Valencia manifestó ante la prensa el 11 de abril, que “Julian Assange fue notificado y abandonó la embajada en Londres”, cuando la realidad captada en vídeos que se han viralizado en todo el mundo nos muestra que Julian Assange fue sacado a rastras de la embajada ecuatoriana por miembros uniformados de la policía londinense. Ante las evidencias, queda claro que abandonar no es lo mismo que extraer. El operario de Moreno, ¿se contradijo o mintió?

El mismo día de la entrega de Assange, el canciller Valencia tuiteaba “decisión soberana del Estado ecuatoriano, apegada al derecho internacional”. ¿Qué tiene de soberano que el embajador de una nación solicite a las fuerzas de seguridad de otro Estado que ingresen a su territorio para sacar a uno de sus ciudadanos? Eso fue lo que ocurrió con Assange: policías británicos sacaron por la fuerza a un ecuatoriano refugiado en la embajada del Ecuador. El operario de Moreno, ¿se contradijo o mintió?

También el 11 de abril por la mañana, Valencia aseguraba ante la Asamblea Nacional del Ecuador que “no había demanda de extradición” contra Julian Assange y que desde el año 2012 “el Ecuador no conocía (…) de que existiera un procedimiento de extradición o causa judicial distintas a la británica y la sueca”. Pero ese mismo día, Scotland Yard señalaba en un comunicado que Julian Assange fue arrestado no solo por violar las condiciones británicas de libertad bajo fianza, sino además “en nombre de las autoridades de Estados Unidos a las 10:53 tras su arribo a una comisaría en el centro de Londres. Es un pedido de extradición bajo la Sección 73 de la Ley de Extradición”.

Ante semejante bofetada pública, el atolondrado Valencia solo atinó a manifestar que el Ecuador no sabía que Estados Unidos había presentado a Reino Unido una petición de extradición contra Julian Assange, y que la decisión de anularle el asilo fue tomada «independientemente de cualquier consideración en ese sentido«. El operario de Lenín Moreno, ¿se contradijo o mintió?

Valencia también afirmó ante los asambleístas que el “Ecuador cuenta con garantías suficientes de Reino Unido» de que Assange no será extraditado a un país en el cual se le aplique la pena de muerte o sufra tratos inhumanos o degradantes, y que esas garantías constituyen dos notas oficiales emitidas por el Reino Unido a petición del Ecuador.

Es más, Valencia citó textualmente una consulta efectuada a la embajada británica en Quito fechada, según él, el 2 de abril de 2019, cuya respuesta señala que “el gobierno de su majestad confirma que la extradición de una persona desde el Reino Unido no puede ser ordenada a donde una pena de muerte pueda ser llevada a cabo o donde pueda ser sujeto a castigo inhumano o degradante”.

No obstante, y más allá de los entrecomillados orales con que Valencia intenta otorgar veracidad a sus versiones, no pudo exhibir ninguno de los documentos a los que hizo referencia, ante la exigencia de varios asambleístas para que los mostrara. No lo hizo y no lo ha hecho hasta ahora. El operario de Lenín Moreno, ¿se contradice o miente?

>>¿Por qué Ecuador ha expulsado a Julian Assange de su embajada en Londres?<<

Esta seguidilla de falsedades enrevesadas, devenidas en chapucero plan para entregar a Assange, no es otra cosa que la manifestación de algo que poco tiene que ver con la diplomacia y se parece más bien a una camorra en plaza pública. “Le hemos quitado el asilo a este malcriado y ventajosamente nos hemos librado de una piedra en el zapato” dijo Lenín Moreno este jueves 11 de abril, además de señalar que Julian Assange es un “miserable hacker cuya única intención es desestabilizar gobiernos”.

Es claro entonces que la orden de lanzar a Assange a los brazos de sus verdugos venía cantada, a partir de la difusión de documentos y fotografías que revelan los nexos de Moreno y su familia con el caso de corrupción INA Papers, material que, se presume, fue filtrado por Wikileaks. El mismo Moreno, en un desliz propio de sus improvisaciones, confesó que «no puedes tú llegar a una casa que te acoge con afecto, que te da de comer, que te cuida y empezar a denunciar al dueño de casa«, en clara alusión a este suceso.

Pero también es cierto que las grandes corporaciones financieras y militares estadounidenses tuvieron la suerte de encontrar a un presidente como Lenín Moreno cuya visión de las cosas es meramente provinciana, con evidente ignorancia geopolítica, fácil presa de una iracundia entorpecedora y poseedor de un maleable espíritu servil, para lograr aquello que desde 2012 no habían conseguido: tener a Assange un poco más cerca de alguna de sus cárceles.

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