Los héroes viven para siempre

Alexander Prokhorenko se mantuvo firme en su posición, aguantando casi sin munición y con apenas unas cuantas granadas a mano. Solicitó fuego de artillería sobre su posición, muriendo así él junto con todos los carros fascistas-islámicos que lo acechaban.

Más allá de que fuera parte de un ejército perteneciente a una potencia capitalista como es Rusia, esto es uno de los muchos ejemplos de entrega y sacrifico que han demostrado tener todos y cada uno de los rusos y rusas que han luchado desde la fundación de la URSS hasta la actualidad, con todas sus contradicciones y complejidades.

Me quito el sombreo ante semejante acto de valor de este joven. Mis respetos a su compañera y familiares, que podrán estar orgullosos durante el resto de sus vidas por haber tenido a alguien tan valiente Alexander. Esto pone en jaque a los amigos de ese cáncer tan execrable llamado individualismo: millones de sirios siguen viviendo y pueden volver a sus casa por el sacrificio de muchos y muchas que ya no volverán.

«Mis fuerzas por una civilización y soberanía de un pueblo, mi vida a cambio de millones que puedan salvarse«, ¿acaso no es esto el mejor mensaje que nos ha dejado la existencia humana tras años de evolución? No solamente pensar en nuestra nevera sin que la vida de otros nos importe una mierda. Tener valores e ideas, creer en unos principios que primen el bien común. Así lo hizo Alexander Prokhorenko.

Esto es el orgullo del pueblo ruso. No la Perestroika, tampoco los liberales heredados de la corrupción de Brézhnev, ni el zarismo reaccionario culmen del fascismo ultra-tradicionalista. Mucho menos los paramilitares de hinchadas ultranacionalistas que participan orgullos en batallas étnicas en los balcanes.

¡El patrimonio cultural de un pueblo, así como es el ruso, son las decisiones de Iósiv Stalin en la materia económica y social! Son los partisanos bielorrusos, son los jugadores de fútbol de Kiev antifascista contra la ocupación nazi, es Lyudmila Pavlichenko, ¡es Vladimir Lenin en el palacio de invierno!

¡País gigante de pequeños pueblos, nieves de Siberia que dan calor!

El pueblo sirio tiene un nuevo héroe en su lista y este no es árabe.

Termino recitando a Miguel Hernández:

Sangre que no se desborda,

juventud que no se atreve,

ni es sangre, ni es juventud,

ni relucen, ni florecen.

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