La multirepresión de la dictadura franquista

Tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, España parecía salir del hondo pozo del atraso, el analfabetismo y la moral por los suelos desde la pérdida de las últimas colonias. Nacía la Segunda República.

Pero la «otra España«, la que no torcía el brazo a ceder privilegios y a reconocer que era hora de avanzar, y desechar ciertas prácticas, se «unieron en Santa Alianza«, como ya escribiría Marx en su Manifiesto, para derrocar a la joven democracia republicana.

Y ocurrió, a medias, el 18 de julio de 1936, tras poco más de 5 años en los que las elecciones ya no eran controladas por caciques ni terratenientes; en los que la mujer parecía, por fin, ser más protagonista en la vida pública y política. El golpe de estado de esos fatídicos 17 y 18 de julio de 1936 no obtuvo el fruto que los golpistas esperaban. Sin embargo, sí tuvo la fuerza suficiente para subvertir el orden constitucional y anular el poder de la República de instaurar dicho orden. Comienza una brutal represión.

El comienzo

Comienza la Guerra Civil, y con ella, el bando golpista comienza a poner en marcha una verdadera máquina represiva a todos los niveles. Una «multirepresión» bien pensada y orquestada con las peores ideas. Sabían perfectamente cualquier forma de humillación según se era hombre o mujer.

El general golpista Franco utilizó todo el amplio catálogo de crímenes contra la humanidad y todo tipo de humillaciones. No solo los asesinados en los paredones y pelotones de fusilamientos durante los años de la posguerra -se calcula que pudieron ser unos 40.000-, sino que ejerció un programa de represión de gran envergadura.

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A parte de las aproximadamente 150.000 personas que el bando franquista asesinó en su retaguardia -según Paul Preston– y a medida que iba conquistando territorios, tras el fin de la guerra, en las cárceles son contabilizaban unas 300.000 personas en 1940; 507.000 detenidos y emplazados en los 188 campos de concentración de la dictadura franquista; 90.000 integrantes en los batallones de trabajadores, de trabajos forzados; y casi medio millón de exiliados a Francia, Rusia y México.

El hambre como método represivo

La autarquía y el excesivo proteccionismo que fijó el franquismo, generó más hambre si cabe. Esa autarquía fue la principal causa de la situación socioeconómica y de la larga posguerra. Y de esto se aprovechó el hambre para usarla también como elemento represivo contra los vencidos, a los que se les impuso la miseria en contraposición con aquellas familias que apoyaron el golpe, por lo que disfrutaron de una mejor situación económica. Este método represivo estuvo adobado con el estraperlo y el racionamiento de los alimentos.

En las cárceles, a los presos se les aplicaba una dieta hipocalórica de unas 800 calorías a sabiendas de que con menos de 1.200 al día, era imposible sobrevivir en aquellas condiciones. En la prisión de Sevilla murieron de hambre 900 presos; 660 murieron en la prisión pontevedresa de Sansimón, reservada para ancianos.

Al principio de la guerra, estos presos eran alimentados por sus propias familias que llevaban alimentos a diario, pero a partir del alejamiento de un gran número de presos de sus pueblos y ciudades, la distancia lo impidió.

30.000 bebés robados

Otra arma represiva usada por el régimen franquista fue el robo de bebés. Algo que comenzó siendo una política de exterminio en las cárceles de mujeres, acabó convirtiéndose en una verdadera red de tráfico de bebés. A partir de 1940, a estos robos de bebés se le dio cobertura legal. Los bebés eran sustraídos a sus madres republicanas que se encontraban presas, ya que en las cárceles no se permitía la estancia de niños a partir de los 3 años, momento en el cual eran separados de sus madres. En la inmensa mayoría de casos, el niño tampoco tenía a su padre, por lo que era entregado a una familia, normalmente a familias de derechas que habían sido leales a los golpistas y de no bajo poder adquisitivo.

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Muchas familias de republicanos, durante la Guerra Civil, tuvieron que tomar la dura decisión de evacuar a sus hijos al extranjero. Al finalizar la guerra, el franquismo decide que todos esos niños deben regresar a España. Ponen en marcha una política de repatriación, que corre a cargo del Servicio Exterior de Falange, que en numerosas ocasiones tuvo que recurrir al secuestro de niños para traerlos a España. La ONU ha cifrado el número de niños robados en unos 30.000.

El robo de bienes: empujados a la miseria

Otro tipo de represión, a la sazón de gran crueldad, fue la represión económica contra los vencidos. La incautación de bienes tuvo cobertura legal con el decreto 108 del 13 de septiembre de 1936 de la Junta de Defensa Nacional, declarando la ilegalización de todos los partidos del Frente Popular y la incautación de todos sus bienes.

Después, el decreto de 12 de noviembre de 1936, deja sin validez la moneda republicana -el «dinero rojo«-, dejando a miles de familias en la más absoluta ruina. Pero unos meses después, llegó la puntilla a través del decreto-ley de 10 de enero de 1937 por el que se ponía en marcha la Comisión Central de Bienes Incautados. Se comenzaba pues al robo de todo tipo de bienes a los republicanos, desde ropa y muebles, hasta terrenos y animales.

Cabe señalar que actualmente, estos bienes siguen sin ser devueltos a sus legítimos dueños siendo, en muchos casos, bienes que producen riqueza a quienes no le pertenecen.

Despojados del derecho a trabajar

La represión laboral también existió. Se confeccionaron listas negras de republicanos que jamás pudieron volver a ocupar un empleo, siendo empujados a la pobreza. Un ejemplo claro se puede ver en la represión hacia los maestros y maestras de la República. Los que se libraron del paredón, fueron despojados de su derecho a trabajar y obligados a mendigar y a malvivir.

Mientras tanto, en las cárceles se infligían todo tipo de torturas. De ellas se salía o muerto por enfermedad, o directos hacia el paredón en las innumerables «sacas» nocturnas que se llevaban a cabo.

La represión ideológica y contra la mujer

La represión ideológica corría a cargo de la Iglesia, que ejerció un férreo control sobre la familia, uno de los pilares fundamentales del régimen franquista. Se inoculó en la sociedad española el concepto de «familia ideal«, en el que la mujer quedaba relegada a los quehaceres domésticos y al cuidado de los hijos, todo ello, bien controlado por la Iglesia, que puso en marcha una maquinaria de adoctrinamiento.

No podemos dejar de mencionar la brutal represión a la que se sometió a la mujer, a parte del propio robo de sus hijos. Se les trató como meros apéndices de lo doméstico. Durante la guerra, se las humilló de la forma más cruel posible: se les rapaba la cabeza o se las purgaba con aceite de ricino para, posteriormente, ser paseadas por los pueblos en macabras procesiones mientras defecaban y caminaban a la vez.

La esclavitud

El trabajo esclavo fue otro método de represión y castigo contra los vencidos. Se promovieron grandes obras para las que se usó mano de obra esclava. Se creó el Patronato de Redención de Penas por Trabajo. Acababa de aparecer uno de los métodos represivos más crueles. Se creó, además, un sistema de campos de concentración por toda la Península, donde también existían batallones de trabajos forzados.

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Aunque el trabajo forzado fue común desde el golpe de Estado, la construcción del Valle de los Caídos fue una de las primeras grandes obras en utilizar mano de obra esclava masiva. Franco quería un gran mausoleo para homenajear a quienes habían caído combatiendo de su lado.

Lugar perenne de peregrinación, en que lo grandioso de la naturaleza ponga un digno marco al campo en que reposan los héroes y mártires de la Cruzada. Decreto que ordena el comienzo de las obras del Valle de Cuelgamuros.

El Patronato de Redención de Penas por Trabajo funcionaba de forma sencilla: las empresas y entes públicos solicitaban mano de obra, y los responsables decidían la cantidad que necesitaban y la cárcel de la que serían seleccionados. Había todo tipo de empresas, incluido pequeños comercios o particulares que solicitaban una asistenta del hogar. Mientras trabajaban, eran encerrados en colonias penitenciarias, en destacamentos penales o en las propias cárceles.

El sistema de trabajos forzados no fue algo puntual, sino un pilar fundamental de la economía franquista que se extendió en el tiempo. El clima se aprovechó también para reprimir a un gran número de encarcelados. A los presos del sur de España se les trasladaba a cárceles del norte y viceversa. «En Burgos, con el frío, ya tenemos bastante«, se solía escuchar decir a los presos andaluces.

La primavera negra

Este hecho, del que poco se trata, ocurrió en los dos meses posteriores al fin de la guerra -abril y mayo-, en los que se puso en marcha una maquinaria represiva y que corrió a cargo del Servicio de Información de la Policía Militar. Miles de personas fueron víctimas de ejecuciones sumarias, fueron paseadas y se les aplicó la «Ley de Fugas« -simulaban su evasión para luego ser tiroteadas-. Todo ello antes de que comenzaran a funcionar los Consejos de Guerra.

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Como ejemplos de la brutalidad de la «primavera negra«: en Córdoba fueron asesinadas de forma sumaria y en pocos días 150 personas; en Pozoblanco 100 personas elegidas de forma selectivas y extrajudiciales. Estas matanzas corrieron a cargo de la Legión.

En definitiva, el catálogo amplísimo que usó el régimen franquista, ya desde el comienzo de la Guerra Civil, no fue muy diferente al llevado a cabo en la Alemania de Adolf Hitler, sobre todo en la obsesión de ambos por los métodos concentracionarios.

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