¿Hay necesidad de la imagen de niños inmigrantes muertos?

Hay dos hechos dramáticos que no siguen una pauta lógica en los medios propagandísticos del orden neoliberal. Uno de ellos es la desaparición de menores, que se esfuman de la vida como por arte de magia, magia negra. Se pierden para siempre o los encuentran muertos.

En su desesperación por encontrar a su menor, los padres y familiares difunden su imagen por doquier y aspiran a salir en las televisiones en horario de máxima audiencia. Algunos lo consiguen y esa desaparición es seguida con verdadera morbosidad por los consumidores de los medios generalistas.

Pero una ínfima parte de los familiares de esos menores desaparecidos logran que su caso salga a la luz. Los directores de esos medios nunca justifican por qué a unos les dedican espacios incontables hasta que localizan al menor o a los culpables de su desaparición y a otros no los tienen en cuenta para nada, deciden que sus desapariciones no merecen la atención del gran público. Es como si gozaran de un prodigioso olfato policíaco para intuir en qué casos la desaparición enganchará a la gente, o es que son grandes manipuladores que saben orientar el caso hacia derroteros novelescos.

El otro hecho dramático es la desaparición de menores inmigrantes. En este caso sí se sabe cómo se esfuman, no por magia negra, sino por el capitalismo blanco. En la larga cuenta de los menores desaparecidos, lo cual es igual a decir que muertos, los medios de comunicación del Poder mantienen su pauta ilógica.

Casi a diario podrían publicar imágenes de niños muertos en su acompañamiento a sus progenitores en el exilio de la pobreza o la violencia. Pero en esto también se rigen por criterios ilógicos, y si no lo fueran, así tenidos por no explicados. La publicación de la imagen de los menores del primer párrafo tiene un fin positivo, pero la publicación de la de un menor inmigrante fallecido no tiene un fin en sí mismo, se podría evitar la foto en una noticia que su solo conocimiento lleva al espanto, no necesita ser ilustrada.

Además, no sabremos si han preguntado a los familiares supervivientes si desean que la foto de su menor muerto sea expuesta a la vista de todos. Entonces, ¿por qué lo hacen? La negación del acogimiento a los refugiados ha provocado la muerte de más de mil menores; sin embargo, solo dos han sido distribuidas por todo el orbe.

La primera, la de un niño sirio, cuando ya el mar llevaba años devorando a niños. La foto reciente de la niña salvadoreña, yacente junto a su padre, cuando ya el río y el mar americanos llevan años devorando a niños. La madre sobrevivió a la tragedia, ¿le habrán preguntado si quería que todo el mundo viera a su marido y a su hija en semejante trance? ¿Quién captó la foto? ¿Qué buscan los fotógrafos que merodean por las zonas de tragedia, el morbo o la denuncia? ¿Por qué unas fotos se publican y otras no, a qué obedece la selección?

Si es como aviso a navegantes, muy triste es no poder alimentar a tu familia o vivir en violencia permanente, ningún hambriento o perseguido dejará de intentarlo, conocen los riesgos del camino a las naciones privilegiadas.

Lo que está claro es que no necesitamos ver la imagen de un niño inerte quienes nos indignamos y entristecemos por la noticia de otro infante muerto por la falta de solidaridad de la sociedad, cada vez menos opulenta, de los países del Primer Mundo, antaño vomitadores de emigrantes; lo que está más claro es que quienes deciden sobre la vida de los ciudadanos de la tierra no se conmueven ni con la noticia ni con la imagen, si no hace tiempo que habrían puesto solución al crimen; ellos siguen a lo suyo, buscando el máximo beneficio y alimentando a las alimañas racistas y xenófobas.

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