Operación Triunfo en el centro del debate

Operación Triunfo mueve a la opinión pública y genera grandes debates. Es la televisión y debería ser normal, pero este en concreto genera más debates que ningún otro programa incluidos los de contenido político. ¿Por qué se ha convertido en el programa de la televisión que más opiniones políticas y sociales genera?

La apuesta

Actuación de la gala 7 de Operación Triunfo 2018.

La apuesta de Gestmusic fue clara: fijarse en la voz, la naturalidad y la juventud. Esos eran los únicos requisitos a la hora de escoger concursantes. No se trataba de coger a candidatos que parecieran sacados de un circo como otros programas, no tenían que ser guapos ni feos, tenían que ser jóvenes para que los sentimientos y emociones siempre estuvieran a flor de piel, con buena voz, porque de eso se supone que que va el concurso, y por último naturales ante las cámaras para dar vida a un programa que pudiera partir sin necesidad de guión.

Fue -sigue siendo- una decisión empresarial arriesgada, crear un formato de programa por y para jóvenes que enlazara con otras generaciones gracias a la marca Operación Triunfo (OT) y canciones para toda la familia. Al poner la televisión, se ve un programa que solo sale una vez a la semana, no hay resúmenes a buena hora, no hay nada más. Canciones para toda la familia, para todo tipo de público y concursantes con mejor o peor voz. Lo de siempre con una audiencia buena pero no sobresaliente.

¿Por qué tanto debate entonces? Es cuando se enciende el ordenador o el móvil cuando todo cambia. Transmedia.

  • En primer lugar para que los jóvenes se impliquen es necesaria la participación directa, por eso una app que permitía votar gratis y recibir información fue un gran avance.
  • En segundo lugar había que estar presente en las Redes Sociales (RRSS) y lo lograron. En Twitter no hay día que el programa no sea Trending Topic (TT), uno de los temas del día.
  • En tercer lugar está Youtube. Esta plataforma la usa todo el mundo, pero son los jóvenes los que pasan tanto tiempo en ella que apenas encienden la televisión, lo que a su vez provoca que la televisión se enfoque menos en un mercado cada vez más pequeño. En 1999 se estreno Pokémon a las 5 de la tarde entre semana en Telecinco, ahora echan el Sálvame. Ni siquiera los Simpson han resistido en Antena 3.

En Youtube el 24 horas existe, y este año tiene picos de 100.000 personas visualizando a la vez el contenido, casi todos ellos jóvenes. Los títulos de los vídeos reflejan a quién van dirigidos al incluir lenguaje inclusivo, mayúsculas locas y demás elementos menos propios de otras generaciones: «NATALIA se corona REINA LGTBI«, «DAMION CUENTA una ANÉCDOTA que VIVIÓ en la CALLE«, «Amaia y su SUBIDÓN«, «Jugando al IDIOTIZADOR«, «LXS CHICXS juegan al ESCONDITE» o «TOQUE de ATENCIÓN de NOEMÍ a lxs CHICXS» son algunos ejemplos.

Youtube funciona: «LO MALO» tiene 18 millones de visualizaciones, la canción «TOXIC» en menos de un mes que lleva colgado ha superado el millón y medio de visitas. El dinero que genera Operación Triunfo en RRSS es tremendo. El vídeo «#VamosDeRebajas a El Corte Inglés» de la cuenta oficial del programa tiene un millón y pico de visitas, y a mayores de estas campañas, cada vídeo del programa incluye a su vez publicidad al iniciarlo, en otras palabras, este no es solo un programa sin publicidad emitido en la televisión pública.

«Los chicxs»

Los chicxs de Operación Triunfo 2018.

La apuesta por la naturalidad provocó una Operación Triunfo 2017 que dio lugar a múltiples salidas del armario por gays, lesbianas e incluso travestis. Provocó relaciones amorosas reales que a día de hoy duran como la de la ganadora Amaia y Alfred, y en cada momento la gente se sentía partícipe porque no solo lo veían, sino que podían votar gratis cada día.

Además el programa incentivaba los debates, por ejemplo haciéndoles cantar «Te recuerdo Amanda» y poniéndoles incluso un documental sobre el cantante tras comprobar que Amaia -que iba a interpretar la canción- no lo conocía, y con ella toda una generación aprendió sobre él y ¡oh sorpresa!, ahora buscar «Te recuerdo Amanda» en Youtube te lleva directamente su interpretación.

Este año tocaba repetir la fórmula pero era más difícil, los chicos eran más conscientes de donde estaban, e iba a costar más que fueran 100% naturales y aún así han pasado muchas cosas. Por un lado la concursante Alba ha sido coronada por el público como la reina LGTBI+ y Natalia también se ha puesto la banda, normalizando un año más la libre condición sexual, han surgido comentarios espontáneos como «¿Por qué sigue la gente y les chilla y endiosa como tú dices a un futbolista y no a alguien que está operando?» que han dado para debates, todos han confesado como se metían con ellos de pequeños, incluso la profesora «por feminista y lesbiana«.

No son los únicos temas, este año se han «cagado en Dios muchas veces» y en «la Falange«, un concursante andaluz ha explicado que quiso aprender Catalán por su cuenta y lo logró, realizando además un alegato constante en el programa por cultivar la mente, han reflexionado sobre la diversidad funcional (el porqué es una condición y no una enfermedad o el que palabras son adecuadas y porqué), han contado anécdotas sobre cantar en la calle y lo bonito de ayudar a los demás, han reflexionado todos juntos sobre las actitudes machistas que han sufrido todas, visualizando la gravedad del problema. Han puesto de relieve cómo hay que extender los llamados «puntos violetas», cómo funcionan, e incluso han criticado las actitudes xenófobas de muchos españoles. Además un concursante de la academia (Miki) ha normalizado el «nosotras» como plural en vez del «nosotros» de forma natural y no solo en las galas.

No todos los temas son espontáneos, el propio programa los incentiva, por ejemplo tras una charla de inmigración entre ellos les enviaron a un refugiado para una charla, en la que contara su aventura y el drama que muchos otros están viviendo. Un vídeo que alcanzó en nada las 124.000 visitas. Hablar de puntos violetas provocó una visualización a la que ayudó el programa incluso con encuestas sobre el tema.

La magia del programa es llevar a la televisión los debates y preocupaciones reales de los jóvenes, sin filtros, exponiendo una realidad social.

No son los únicos temas de debate, a pesar del aviso de que no hicieran apología del alcohol, parecían un anuncio con patas pro-cerveza, (para muestra el primer, el segundo y el tercer vídeo de ejemplo, mostrando que hay jóvenes que no pueden vivir sin ella. Normalizaron que todo el mundo puede dormir con todo el mundo en la misma cama, o se preocuparon porque su culo no crece. La magia del programa es llevar a la televisión los debates y preocupaciones reales de los jóvenes, sin filtros, exponiendo una realidad social. Eso lleva en ocasiones al programa a retractarse en nombre de sus concursantes, por ejemplo pidiendo disculpas públicas del programa a «la Falange Española de las JONS» por las palabras de su concursante.

Lo único que no ocurre en el programa son broncas entre ellos, lo que lo diferencia de Gran Hermano el cual está siendo investigado por la CNMC porque según sus palabras «incita al odio«. Están acusados de cultura de la violación y están denunciados por el instituto de la mujer y por SOS racismo entre otros.

Y por supuesto aquí lo que hacen los concursantes es cantar lo que quieren en la academia, no solo lo que les mandan, y cantan de todo, incluidas canciones antiguas, modernas o de protesta.

Vídeo donde cantan «el Vals del obrero» de la banda Ska-P.

Cambiar «mariconez» no es una estupidez

Ana Torroja es parte del jurado de Operación Triunfo.

Sin duda la mayor polémica hasta la fecha fue la de la palabra «mariconez«. Dos concursantes del programa localizaron una expresión homófoba en la canción que les tocaba cantar esa semana, y pidieron cambiar esa palabra por «gilipollez».

Lo hicieron por entender que a pesar de que en su momento no fuera homófobo y tampoco lo sean hoy su compositor y su cantante, no dejaba de ser una expresión homófoba.

Así lo explican ellos (pincha AQUÍ).

Ana Torroja, la cantante original y jurado del programa dijo que la palabra era equivalente a «estupidez» y que la cambiaran por esta, pero más tarde se arrepintió y negó el cambio llegando a sugerir que si no les gustaba «cantaran otra«, algo imposible para ellos. Además fue apoyada por otro miembros del jurado (Joe) que declaró: «viva mecano al natural y sin censuras«, «la música se respeta» ,»la música no se toca» o incluso diciendo que era «una falta de respeto» el mero hecho de proponerlo, recibiendo luego el aplauso de Ana Torroja por esas palabras. Una cantante que en el pasado llegó a sustituir incluso el título, de Madrid por Barcelona entre otros cambios.

Para la gente que seguía el programa por la televisión el debate parecía una tontería de dos niñatos que solo pretendían llamar la atención y no respetaban a sus mayores y su cultura. No hablábamos de cualquier canción, hablábamos de «Quédate en Madrid» del famoso y gran grupo Mecano.

Para la la gente que seguía Operación Triunfo tal y como fue concebido era muy distinto y el debate venía de atrás: por un lado los problemas con los derechos de autor traían ya de cabeza al propio programa que no podía colgar la mitad de sus clases en internet por culpa de que «ponían canciones en la academia«, y tardaban en tramitar los derechos de cada una de las canciones que les daba por poner en las clases, con el consiguiente enfado de los seguidores que se pierden parte del contenido.

Por otro lado hay que sumar a ello que hablamos de un público joven sin tanto tabú sobre el tema, también a un público LGTBI+ muy motivado con el programa gracias a la edición anterior, y a unos oyentes que conocían bien el formato, por lo que sabían que cada día en el programa se modifica la letra de las canciones, los acordes, la melodía e incluso la duración de los temas a menudo de forma salvaje sin pedir permisos al cantante correspondiente. Para ellos decir «mariconez» era como otras expresiones como si «ser nenazas» tampoco fueran machistas. Por eso durante la canción en directo no pararon de corear «estupidez» llegando a abuchear a Ana Torroja.

El año pasado el programa vetó a la cantante Becky G después de invitarla, porque esta se negó a cambiar la letra de su canción como le exigía el programa por ser «demasiado explícita» sobre deseo sexual, para ser cantada por una mujer. “Si hubiese sido yo hombre nadie habría dicho nada” argumentó en su defensa tras ser vetada también en Telecinco. En Latinoamérica la boicotearon en esa época porque la tacharon de feminista, cosa que no lo era para las feministas de este lado del charco por tratar debates aquí ya superados.

No es el único caso, aunque el programa les pide que personalicen la canción, normalmente se refieren a añadir su nombre y a veces ni eso. Por ejemplo la falta de entendimiento con la canción «Lo malo» provocó que quisieran cambiar algunas palabras de la canción antes de cantarla. Con luz verde por parte de su compositora, el programa vetó los cambios y les echó una gran bronca, quedando reducidos a añadir sus nombres mezclados con un «Aitana War» al final de la misma. Este año ni eso, en la canción «Contamíname» de Carlos y Alba añadieron uno de sus apellidos «La Reche» y en la versión de estudio se lo borraron, con la consiguiente tristeza por parte de la cantante.

La exconcursante Aitana en su visita este año a la academia, dejó claro que los defendería en el exterior porque los chicos de Operación Triunfo eran una familia y debían protegerse unos a otros. Así lo hizo en esta ocasión mojándose con un «yo he cambiado muchas canciones sin permiso» y mostrándoles su apoyo a ese cambio. Una Aitana a la que por su juventud se la acusa de haber sido comida por el marketing y la industria discográfica, y que dentro de la academia componía canciones muy distintas a «teléfono» su actual canción estrella.

El programa y los concursantes son dos cosas distintas

Noemí Galera, la directora de Operación Triunfo.

La industria discográfica es fría -el jurado es parte de la misma- y el programa también, el despido de una profesora (Itziar Castro) sin aviso previo enterándose casi por la prensa y sin posibilidad de despedirse de sus alumnos, es otro caso de que ellos son de verdad, pero el programa no tanto.

Su directora Noemí Galera, -que se intenta comportar como si tuviera 18 años teniendo más de 50-, ha pasado de oponerse al «estupidez» a alabarles por pensarlo. Del «uy, cuidado, que ahora no se puede decir ‘maricón’ tampoco, porque ya te ponen en un problema» al «os quiero dar las gracias porque es la juventud que quiero para mis hijos”, y por supuesto siempre con un mensaje principal que repite y que se podría resumir en «haz caso cuando salgas de todo lo que te digan que hagas y cantes desde la discográfica«.

La dirección del programa solo «va de guay» y eso no debería sorprender a nadie, un programa que durante sus primeras ediciones no daba una copia de contrato a sus concursantes, o que ata de por vida la carrera musical de todos desde que entran en el programa hasta su muerte con contratos claramente abusivos, no puede serlo.

A pesar de ello Operación Triunfo aprendió la lección en Telecinco, donde jugó a otra cosa y no funcionó, por lo que ahora permite que en televisión sobresalga la naturalidad y espontaneidad de unos jóvenes criados por nuestro sistema actual con sus propios valores y preocupaciones. Con gente que va a ser famosa pero a la que antes no le llegaba el sueldo para acabar el mes. Con gente que para sorpresa de la izquierda no se preocupa por cómo acabaría la huelga de Amazon pero sí por la situación de los refugiados o por el uso del lenguaje inclusivo.

Amaia la ganadora está desaparecida desde Eurovisión en el ámbito musical porque junto con su pareja y exconcursante están peleando para que no les pase como Aitana, y puedan librarse de ese contrato de condiciones abusivas que ahora rechazan.

No quieren anunciar al Corte Inglés ni que les elijan sus canciones. Mientras la prensa destaca que sí se la puede ver en revistas en las que retocan y eliminan sus pelos en las piernas, y que luego ella lo arregla pintándoselos por encima de la revista, o la critican por aparecer en la alfombra roja sin depilar (por reivindicar ese derecho), nadie habla de lo primero.

Mientras escritores famosos como Daniel bernabé (autor de «La trampa de la diversidad«) y otros como el Nega mencionan en sus artículos que hay que alejarse de Operación Triunfo como creador de opinión, mientras que otros artistas como Rozalén prefieren ir al programa a cantar canciones feministas como «La puerta violeta» o como la reivindicativa Brisa Fenoy que prefiere componer canciones para el programa.

El debate está servido.

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