El PSOE como sostén histórico de la monarquía reinstaurada por Franco

Cuesta de entender muchas cosas acontecidas a lo largo de la historia de nuestro país. Sí, el mismo país que se erige democrático y monárquico tras un golpe de estado a la Segunda República por la traición de Francisco Franco.

Debo retroceder hasta justo antes del momento en que las tropas nacionales avanzaran implacables contra el ejército republicano, me detengo en el momento en que Alfonso XIII asumió el poder efectivo de rey de España a los 16 años de edad, el 17 de mayo de 1902; fue rey hasta la proclamación de la Segunda República.

Alfonso XIII abandonó España voluntariamente tras las elecciones municipales del 14 de abril de 1931 que fueron tomadas como un plebiscito entre monarquía o república. Instaurada la Segunda República el PSOE era el partido político más extendido y mejor organizado del país, convirtiéndose en el partido mayoritario de las Cortes Republicanas de 1931, al obtener 131 diputados.

Durante el periodo entre 1931-1933 fue una fuerza fundamental, colaborando con partidos como Acción Republicana y el Partido Republicano Radical Socialista. Durante 1935, el PSOE participó en el Frente Popular, que aglutinaba fuerzas republicanas de izquierdas, socialistas, comunistas y nacionalistas. Tuvo un triunfo en las elecciones de 1936, pero este gobierno se vio interrumpido por el alzamiento militar fascista del 18 de julio de 1936 y la posterior guerra civil.

En 1939 el PSOE pasó a la clandestinidad durante el franquismo, fue ilegalizado junto con el resto de partidos y organizaciones democráticas por la dictadura fascista. Los dirigentes se vieron obligados a exiliarse y los militantes fueron ejecutados, encarcelados y perseguidos durante la represión de la posguerra, quedando descabezada la organización política. La actividad del PSOE fue muy limitada en los años del franquismo, y de hecho el peso de la resistencia antifranquista recayó sobre el maquis (conjunto de movimientos guerrilleros comunistas de resistencia en España que comenzó durante la Guerra Civil) y el Partido Comunista de España.

El PSOE realizó una renovación ideológica en los últimos años de la dictadura de Franco que permitió tomar el mando a una nueva generación de socialistas ajenos al exilio. La renovación se hizo efectiva en 1974 cuando el histórico Rodolfo Llopis dio paso a Felipe González al frente de la Secretaria General del partido.

Juan Carlos I (izquierda) saluda a Felipe González (derecha).

Con la reinstauración de la monarquía en España, el PSOE se convirtió en uno de los dos grandes partidos políticos la historia de nuestra transición. Ganó en 17 convocatorias electorales a nivel nacional (frente a las siete del PP y las 3 de UCD). Siempre ha sido criticado después de la transición por formar parte de un sistema bipartidista en el país junto al Partido Popular, realidad dual e inamovible de la política española en favor siempre de la monarquía.

Tras las palabras del fundador del PSOE (Pablo Iglesias), en las que exponía que “no somos monárquicos porque no lo podemos ser, quién aspira a suprimir al rey no puede admitir otro rey” existe un enorme contraste con la actitud de los dirigentes y militantes del PSOE a partir de 1977, “no somos monárquicos, somos juancarlistas –hoy felipistas-”.  ¿Qué es lo que sucedió en el camino? Era imposible instaurar la monarquía sin el consentimiento de la izquierda que iba a ser pata fundamental del bipartidismo que iba a gobernar España, ni legalizar a la izquierda sin tragar con la monarquía.

Era la España acobardada, la monarquía escogida por Franco se alzaba mientras la izquierda se encontraba impotente para avanzar hacia la república. Así nació el Régimen del 78: la corona volvió al trono con el apoyo de una izquierda moderada hasta ser apta para la oligarquía. El acuerdo entre monárquicos y «socialistas» era de interés vital para unos y otros desde la década de los 40, y Juan Carlos I, se convirtió así en un rey para los «republicanos» de manera pactada y consentida por la izquierda.

En el exilio, en mayo de 1945, Don Juan de Borbón, desafiando al régimen franquista, decidió tender un puente a la izquierda democrática, en el manifiesto de Lausanne, para empezar a seducir al campo progresista, con frases recogidas en el manifiesto como “bajo la monarquía reconciliadora, caben cuantas reformas demande el interés de la Nación”, o como “la paz y concordia de todos los españoles” o “amnistía”.

Así pues Juan Carlos I sucedió a Franco como jefe de Estado, en calidad de rey. Todo fue acordado, pactado y establecido.
Es de conocimiento público que el establecimiento de la monarquía parlamentaria fue conseguida con el consentimiento de todas las izquierdas cuando se aprobó la constitución de 1978.

El PSOE se enmarca en la Constitución de 1978 sin intención de cambiar nada a lo largo de sus mandatos presidenciales y nunca llegó a tomar ninguna medida reformadora sin el consentimiento de los tres importantes poderes fácticos: la banca, la iglesia y el ejército.

En 1978, después del naufragio de la monarquía en 1931 fue nuevamente restaurada como pieza política clave en España. Es evidente que el PSOE pensó que la monarquía le era útil en muchos aspectos tanto políticos como económicos. Se convirtió en la izquierda monárquica.

Los Borbones volvieron a España, contando con el apoyo de las izquierdas, uniéndose en una alianza histórica. Las fuerzas políticas del socialismo revolucionario que se proclamaban republicanas, pasan a una nueva posición favorable a la monarquía, se trata de una política y una alianza de gran envergadura y nada efímera.

Felipe González siempre defendió el papel del rey en el proceso político; incluso el dirigente Alfonso Guerra afirmó que “todos los españoles y los políticos deben de defender siempre la institución de la Corona”. González y Guerra aparecen como aliados de la monarquía, y fueron siempre un freno para los republicanos.

En 1989 el PSOE aún en mayoría parlamentaria (frente a un aumento del PP en escaños) sufre un desgaste por la aparición de numerosos casos de corrupción y encausamiento de altos cargos del partido, algunos condenados por los tribunales como responsables de financiación y dirección de terrorismo de Estado de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Se puede resumir como protección a la monarquía y castigar cualquier movimiento contra ella.

Finalmente, en las elecciones generales de 1996 el PSOE fue vencido en las elecciones por el Partido Popular. En 1997 Felipe González renunció a la secretaria general, que llevó al PSOE a una grave crisis política y de liderazgo. En las elecciones de 2000 el PSOE fue derrotado contundentemente por el PP de Jose María Aznar, hasta que en 2004 José Luis Rodríguez Zapatero volvió a ganar las elecciones generales que coincidieron con los atentados del 11 de marzo.

Zapatero estuvo al frente del partido socialista desde el año 2000 hasta el 2012. Su sucesor fue Alfredo Pérez Rubalcaba (2012-2014) y junto a Felipe González fue otro de los socialistas aliado y cercano al rey emérito durante la transición de la abdicación del monarca.

Entre la Zarzuela y la Moncloa no había más alternativas que la abdicación del rey emérito en su hijo, para poder seguir reinando. En 2013 Juan Carlos pidió disculpas por lo acontecido en Botswana y el jefe del PSOE Rubalcaba apaga como puede la iniciativa en la conferencia política de su partido para pedir la abdicación del rey. La situación fue salvada con una enmienda que presenta Jáuregui en la que los socialistas solo reclaman que la monarquía responda con ejemplaridad a sus funciones, defendiendo que el manteniendo de la Casa Real es lo que sostiene la estabilidad de España. Rubalcaba acalló los sectores de Izquierda Socialista que pidieron volver a la tradición republicana del partido. El respaldo de Rubalcaba, reforzó la llegada de Felipe VI.

Tras Rubalcaba de nuevo los «socialistas» están al frente del gobierno con Pedro Sánchez como presidente tras el triunfo de una moción de censura contra Mariano RajoySánchez incoherentemente en contra de sus antiguos discursos, vuelve a estar al lado incondicional de la monarquía, vuelve a ser cómplice de la misma, haciendo blindaje en una alianza con PP y Ciudadanos para seguir protegiendo al rey emérito y a la corona con la inviolabilidad para rechazar la comisión de investigación con motivo del escándalo de la fortuna, y negocios oscuros de los borbones y para los borbones.

La «izquierda socialista» intenta seguir subsistiendo con la alianza monárquica. Necesita seguir subsistiendo con ella para seguir gobernando. El PSOE actualmente responde a preguntas incómodas en contra de la soberanía con respuestas como “no es el momento, no es el lugar o no es viable”. Argumentos que esconden la protección y sumisión hacia la monarquía.

El «socialismo» español ha sufrido la transformación más radical de ideología que se haya conocido en la  historia de nuestro país. Es evidente que un día, la izquierda no podrá retener más las ideologías republicanas en las que asentó su base ideológica. La decadencia, el esfuerzo y el desgaste son palpables. ¿Cuándo se dará el enfrentamiento entre las dos partes socialistas (la socialista monárquica y la verdadera izquierda)?

Ambas izquierdas llegarán a un momento en el que no tendrán más remedio que enfrentarse. Tras ese resultado se cuestionará la verdadera utilidad de la monarquía, la cual vive actualmente una inestabilidad y una lucha por su supervivencia, a pesar de su imagen de tradición y serenidad que quiere reflejar. Motivos por los cuales, tarde o temprano, la república será inevitable, al menos cuestionarla en el referéndum reclamado por el pueblo y sus representantes políticos.

El pacto anclado desde la década de los 40 debe ser revisado antes que dar paso a la extrema derecha que está resurgiendo bajo las cenizas del régimen franquista. Una alianza de poder no puede durar para siempre en un estado democrático y de derecho.
O se rompe la alianza o inevitablemente iremos a la deriva.

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