¿Quién cree en un gobierno del PSOE con la izquierda?

El debate político posterior a las elecciones generales celebradas en abril no llegó ni a ser eso, un debate. Ahí están los errores que cometió Unidas Podemos y a pesar de todo, sus errores han sido públicos por la propia voluntad de la formación lila y roja. Nada han querido esconder aunque eso hizo perder legitimidad en el proceso de negociación con el PSOE.

Todo lo contrario al comportamiento del PSOE que utilizando su ya tradicional estrategia de jugar a varias partidas políticas, siempre con el control de la comunicación hacia los grandes medios, se supo ganador de una partida de ajedrez más que de un proceso de negociación política.

Craso error creer que con eso bastaría para hundir a los de Iglesias. La mala gestión del debate político posterior a las elecciones de abril es evidente que marcó unos límites claros entre ambas formaciones, también entre los líderes, y proyectó cuáles son las debilidades, y fortalezas, de ambos partidos.

Y en la recta final de estas nuevas elecciones nada se ha movido ni una sola coma. No hay reflexión ni autocrítica, solo un objetivo: intentar quedar en la mejor posición posible para tener fuerza en las futuras negociaciones.

¿Alguien se ha mirado los programas?

Verdaderamente el ejercicio siempre pesado de confrontar programas es un buen método para saber si la pareja de baile se llevará bien o se echarán los platos a la cara. Y ciertamente, entre PSOE y UP hay grandes diferencias no solo de carácter político sino de fondo ideológico.

Llama la atención la forma de abordar en cada partido la irrupción de la emergencia climática. La diferencia es claramente ideológica. Mientras UP apuesta por crear una gran empresa pública de producción de energía verde, y limitar la producción de las grandes industrias energéticas y la totalidad de las energías primarias, el PSOE, sin concretar, se fija en la reforma del mercado eléctrico, en crear un Green New Deal poco concreto, y el Pacto por la Transformación de la Industria como tres de sus propuestas-fuerza.

En este ámbito está clara la voluntad de UP de someter al control público las nuevas energías verdes y penalizar la gran industria dañina con el medio ambiente, lo que contrasta mucho con la idea reformista del mercado oligopólico energético y la tasación a la gran industria sin «hacer mucho daño» del partido socialista.

Tampoco está nada claro el punto de encuentro en materia laboral entre ambas formaciones. UP propone derogar la reforma laboral propugnada por el gobierno Zapatero en 2010, mientras que el PSOE habla de «eliminar aspectos negativos de la reforma laboral» de Mariano Rajoy.

También, son absolutamente opuestas las concepciones respecto a la precariedad laboral, ya que el PSOE solo habla de «lucha contra la precariedad«, y UP propone la eliminación de la flexibilización y los contratos temporales inferiores a 1 mes. La actitud tradicional del PSOE -reformar el mercado laboral como método de cohesión y control social- se opone otra vez a la concepción en muchos casos transformadora del mercado laboral de Unidas Podemos.

En cuanto a otros aspectos sociales y de modelos de territorialidad podríamos decir que es dónde más se reflejan las diferencias en la cultura política de ambos partidos.

UP propone la inserción de un Ingreso Básico Garantizado, recortes en las cotizaciones de los autónomos, la creación de una gran parque de vivienda pública de alquiler (ahí no se concreta mucho), y la gratuidad de la educación infantil -en este aspecto coinciden con el PSOE– y la educación universitaria.

Por contra, el PSOE habla de crear una amplia oferta de vivienda asequible, el aumento en educación hasta el 5% en gasto público, el alcance del SMI al 60% de la media salarial estatal, la creación de un nuevo Estatuto de los trabajadores y propone un gran Pacto por la Educación.

En la visión de estructuración del modelo de estado queda muy a la vista la diferencia entre un partido de orden y gubernamental como el PSOE que se diferencia, y mucho, a un partido como UP, con una cierta cultura política de activismo y debate asambleario, -aunque el peso de su líder sea actualmente enorme- en la idea territorial del estado.

Mientras el partido socialista obvia el conflicto político en Cataluña en su programa (solo habla de restablecer la convivencia en Cataluña y negar el derecho a la autodeterminación de los pueblos), Unidas Podemos propone una mesa de diálogo y asume el derecho a la autodeterminación como un ejercicio de confrontación de ideas y no estrictamente de ciudadanos.

Ideas-marco para no volver a cometer errores del pasado

En primer lugar, los dos grandes líderes (Sánchez e Iglesias) deberían reconocerse como líderes. Está claro que cada uno con sus argucias, intentó en el proceso de negociación para formar gobierno del pasado mes de abril, desgastar al contrario. La política actual por desgracia depende del humor de sus líderes y UP y PSOE no se escapan a este fenómeno de híperliderazgo de sus formaciones.

Ahora bien, si se mira fríamente el carácter político de ambas formaciones -con su cuerpo ideológico y no solo con los discursos de sus líderes- un futuro ejecutivo UP-PSOE afrontaría dos patatas muy calientes ya de buen inicio: la sentencia de los ERO en Andalucía y la llegada de una nueva crisis.

En ambos casos la praxis política tradicional de la formación socialista es la de mantener un cierto control de la opinión pública para esconder las deficiencias propias o del sistema. Ahí UP puede aportar una cierta renovación de la forma en que se asuman los problemas de partido o de estado.

Afrontar una crisis económica no es ni mucho menos afrontar un escándalo de corrupción com el de los ERO, pero ambos pueden ser gestionados como un problema a limitar en su impacto en la opinión pública y publicada o como un problema que conlleve cambios sistémicos en un corto plazo.

Y siguiendo con la misma idea de cómo afrontar los problemas políticos de un futuro gobierno de izquierdas, aflora de nuevo una de las dicotomías que condicionan el marco político de ambos partidos: las diferencias entre gestionar y comunicar.

Ciertamente, el socialismo actual está acostumbrado a versar en la opinión pública marcos conceptuales sin pasar necesariamente por la censura de sus estructuras internas, y eso conlleva crear una imagen aburrida y poco renovadora de su panel ideológico.

En cambio UP destina sus energías a comunicar aquello que creen que les diferencia del resto, sin pensar a veces que poner todo la carne en el asador les impide ver muchas oportunidades de crear una alternativa, no solo referencial sino ideológica.

Ambos son modelos opuestos que en un gobierno bipartito no se entienden. Otra vez, la innovación en la gestión política es necesaria para poder explicar como futuros gobernantes, un programa gubernamental común. El error de las pasadas negociaciones fue dejarlo todo solo en las manos de Iglesias y Sánchez cuando lo realmente necesario era crear un cuerpo ideológico y político fuerte que impidiera el no-acuerdo por motivos personales.

UP y PSOE deben pararse a reflexionar, aunque solo sea un instante para reconocer cuál es su papel. El debate en las fallidas negociaciones, planeó en el fondo la formulación del típico pacto político de gobierno o en la construcción de un proyecto político para el conjunto del estado.

Y es que el estado, con la crisis en Cataluña y con una nueva crisis económica llamando a la puerta, debería al menos insinuar la necesidad de la constitución de una nueva transición política. En este caso, la responsabilidad histórica del PSOE dirá qué camino se quiere afrontar. Si bien, quiere hablar de una transición que debe ser de calaje político y democrático, que ponga las herramientas para resolver desigualdades sociales que claman el cielo y configure un marco mental que se diferencie plenamente del identitarismo autoritario de la derecha española, o continuar gestionando un orden político que hace grietas no solo por la corrupción sino por su estancamiento sistémico.

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