Radiografía musical: Nick Drake

Nick Drake era la fragilidad personificada dentro del folk. La bandera de la tristeza. El artista que quería escapar de sus fantasmas. Un genio incomprendido al que devoraron los monstruos internos.

Nick Drake falleció un 25 de noviembre de 1974. Se fue con tan solo 26 años, pero lo hizo peleando. Demostró su lucha durante varios años, plasmó su faceta más frágil a través de sus canciones, pero finalmente perdió. Lo hizo contra un monstruo poderoso. Un trastorno por el que hoy en día se juzga muy a la ligera, pero que es absolutamente devastador: la depresión.

Desde ElEstado.net, queremos reivindicar la figura de un cantautor que se creyó perdedor, y al que el tiempo le ha dado el estatus que habría merecido en vida. Hoy es una leyenda. Él jamás podría haberlo imaginado.

La aparición de un artista

Nick Drake nació en 1948, concretamente en Rangún (Birmania [o Myanmar]). Su padre, el británico Nicholas Drake, había viajado años antes al país asiático por motivos laborales. Allí conoció a su pareja Molly Lloyd, también de origen británico, aunque ella sí había nacido en Birmania. En ese mismo país tuvieron a su hijo Nick, con el que regresaron cinco años más tarde a Inglaterra.

A pesar de que su padre fue empresario, compuso algunas canciones, al igual que su madre Molly. Probablemente, de ahí le venga la vena artística. Su hermana fue una importante actriz.

De adolescente, Nick probó suerte en varias disciplinas deportivas, antes de comenzar a tocar el piano, el clarinete y el saxofón. Siguió su formación musical e integró una banda escolar haciendo diversas versiones de folk, rhythm & blues, y jazz. Pronto comenzó a tocar la guitarra, instrumento con el que posteriormente demostró tener gran pericia.

La oportunidad de su vida

Ante su creciente interés por la música y el empeoramiento de sus resultados académicos, Nick centró sus esfuerzos en los escenarios. Curiosamente, tenía fobia a exponerse ante el público, pero fue en uno de sus esporádicos conciertos donde lo descubrió Ashley Hutchings, de los Fairport Convention. El propio Ashley habló con el productor John Boyd, ya que había quedado impresionado por su técnica a la hora de tocar la guitarra, pero también por su imagen.

John, que era muy influyente en la escena folk británica, y tenía una compañía propia como Witchseason Productions, la cual dependía de Island Records, le ofreció un contrato. Drake ingresaba en la industria musical en 1968 y con 20 años. Le llegaba el momento de ofrecerle al mundo todo su talento.

No perdió el tiempo, puesto que entre julio de 1968 y junio de 1969, dio forma a lo que sería su primer trabajo de estudio. Se tituló Five Leaves Left, y en él participaron miembros de bandas como Manassas, The Pentangle y Fairport Convention, si bien es cierto que la mayor protagonista es su guitarra.
La grabación no fue fluida, si no más bien irregular, por eso tardó tanto en terminarlo. Además, las postproducción tampoco fue del gusto de Drake, quien fue el primero en mostrar su disconformidad con algunos aspectos que rodearon al acabado del mismo.

Para colmo, el disco no se promocionó lo suficientemente, aunque hubo algunas críticas favorables y gente de la radio que pinchaba sus canciones.

Toda la carne en el asador

Finalmente, Drake decidió dejar la universidad a pesar de la negativa de sus padres. Hizo caso omiso y viajó a Londres, donde el productor le consiguió una habitación con baño compartido. Ya veis, nada de lujos.

Durante un tiempo, el músico se mostró esporádicamente sobre los escenarios, ante la presencia de gente como Michael Chapman, pero no era muy dado a hablar, su miedo escénico lo consumía y apenas se dirigía a la audiencia. Por esto mismo, cortó por lo sano y renunció a gran parte de las presentaciones en vivo, e incluso a las entrevistas. No quería pasar por malos tragos.

Por aquel entonces, en 1970, Drake comenzó a preparar el que sería su segundo álbum de estudio, Bryter Layter. Optó por canciones mucho más vestidas, por una producción algo más sofisticada, y por un sonido que, sin dejar el folk, abrazaba diferentes elementos jazz. Contó de nuevo con músicos invitados como John Cale (The Velvet Underground), y algunos otros procedentes, nuevamente, de la banda Fairport Convention, Repitió en la producción el reputado Joe Boyd.

Todos esperaban el despegue comercial de Nick Drake pero, como en su debut, la suerte le fue esquiva. Esto motivó que fuese empeorando su salud, que ya por aquel entonces no era la mejor. Que fuese tan reservado era provocado por su inseguridad, pero es que todo ello era empujado por una depresión que lo ataba de pies y manos. Su situación artística no alivió las cosas.

Joe Boyd vendió su sello finalmente a Island Records, quien pasó a tener todo el control sobre las grabaciones de Nick, y se mudó a los Estados Unidos. Este hecho, llevó al joven artista a un profundo estado de desánimo, puesto que la persona que le había dado la oportunidad de triunfar, ya no estaba con él en un momento clave de su vida.
Su estado mental llevó a sus padres a recomendarle que visitase a un psiquiatra. Fue entonces cuando le recetaron unos antidepresivos. Sin embargo, una sociedad poco preparada para afrontar este tipo de situaciones, llevó a Drake a ocultar sus problemas, incluso a su entorno de amigos, por lo que pudiesen pensar. Craso error.

Pink Moon como reflejo de su estado

Dados los resultados comerciales de los anteriores trabajos, Island no tenía interés en seguir respaldando a Nick. Sin embargo, su insistencia hizo que cediesen para darle una nueva oportunidad. El artista decidió hablar con John Wood, quien hasta el momento había sido el ingeniero de sonido, para encarar una serie de grabaciones intimistas durante dos noches de octubre de 1971. Tales grabaciones se encararon con el estado de ánimo de Drake y su guitarra. Apenas unos pianos en la canción que daría nombre al disco, Pink Moony poco más.

El resultado final es un álbum con unas guitarras hermosas. Tanto que son el contraste para unas letras oscuras. Tan oscuras que, si la parte instrumental fuese en la misma dirección, el disco sería prácticamente inaudible por su dureza. Timidez, inseguridad, depresión, tristeza, ansiedad…todo ello se refleja en el álbum. Y una vez más, no vendió lo esperado. No al nivel del talento del compositor.

Retirada temporal del mundo de la música

El disgusto del artista británico fue tal, que decidió abandonar, apesadumbrado, lo que más le gustaba hacer en ese momento: música.

Durante las siguientes semanas, Nick se hizo más huraño. Apenas hablaba, y se limitaba a escuchar música y dormir. Apenas recibía 20 libras semanales por parte de Island. Poco después, sufrió una crisis nerviosa que lo llevó a estar ingresado unas cinco semanas. Cuando salió, habló con Wood para retomar su carrera musical. Sin embargo, su deterioro era tal, que ya no podía cantar y tocar a la vez.

Hubo algo de luz al entrar de nuevo en el estudio. El cantautor británico se sentía un poco más feliz. Fue un espejismo. De pronto, dejó de percibir dinero por parte del sello discográfico y su depresión fue en aumento. Intentaba buscar otros proyectos, viajó a París para intentar grabar con François Hardy, pero todo había quedado en nada.

Fallecimiento y legado

Nick Drake falleció de sobredosis de antidepresivos en casa de sus padres. Según testimonios del entorno del artista, él quiso agarrarse a la vida de muchas maneras. Lo intentó incluso aumentando la dosis de fármacos antidepresivos, pero se le fue la mano. Algunas teorías dicen que se suicidó, otros que su sobredosis fue accidental. Sea como fuere, el talento de Drake dejó de fabricar canciones, pero nunca murió con él.

Fue reivindicado por grandes bandas y artistas musicales de diferentes estilos y generaciones. John Martyn, The Black Crowes, Opeth, Paul Weller, Kate Bush, Bob Dylan, The Cure, Elliott Smith, Elton John, y muchos más, no han parado de hablar de su notable talento.

Tal es el reconocimiento que, a día de hoy, Nick Drake está considerado como uno de los más grandes cantautores folk de la historia de la música. Lamentablemente, él nunca pudo disfrutar de tales halagos. Peleó y peleó contra sus fantasmas, pero no pudo acabar con ellos.

Discografía
Five Leaves Left (Island; 1969)

El primer trabajo de Nick Drake muestra a un artista esperanzado. Melancólico, sí, pero con ganas de dejar huella en el mundo de la música. Acompañado por músicos como Richard Thompson (Fairport Convention), Danny Thompson (The Pentangle) o, su amigo Robert Kirby, entre otros, compone una serie de canciones hermosas de carácter poético y pacifista. También desliza rasgos característicos de su trastorno, que por aquel entonces no era tan acusado. La producción de Joe Boyd es la adecuada, pero sobre todo destaca la destreza de Nick Drake a la guitarra, y también su preciosa voz. Hay muchos títulos destacados pero, sobre todo, es obligatorio prestar atención a la brillante «River Man». No vendió, ni de lejos, lo que él esperaba y merecía.

Canciones destacadas: «Time Has Told Me», «River Man», «‘Cello Song» y «Fruit Tree».

Bryter Layter (Island; 1970)

Drake no comprendía por qué su esfuerzo discográfico no había tenido repercusión alguna. Enrabietado por ello, decidió dar un vuelco a su sonido. Junto a su productor, Joe Boyd, decidió engalanar las canciones con mayor presencia de base rítmica, además de acercar su propuesta al jazz. Incluso, por momentos, parece un disco más optimista, pero no. Es más melódico, tiene más detalle, y por momentos resulta más pastoral, pero la melancolía sigue muy presente. Esta vez contó con más músicos procedentes de la banda Fairport Convention, como Dave Peggs y Dave Mattacks, además del habitual Richard Thompson, e incluso John Cale aparece para colaborar en temas puntuales. Los arreglos, en definitiva, son más preciosistas, pero nuevamente se estrella en el plano comercial, a pesar de la enorme valía del contenido.

Canciones destacadas: «Hazey Jane II», «At the Chime of a City Clock», «One of These Things First» y «Northern Sky».

Pink Moon (Island; 1971)

Pocas veces un álbum dice tanto con tan poco. Nick Drake grabó este disco en apenas dos noches, y tan solo con la ayuda del ingeniero de sonido y productor, John Wood. Las composiciones son más cortas y mucho más desnudas. Apenas se acompaña de su guitarra, y de algunos pianos en la canción que da título al disco. Es tremendamente oscuro. Los textos son estremecedores, pero la música equilibra la balanza con sus preciosas guitarras. Su deterioro mental era ya evidente. La depresión lo había consumido y su enfado con la industria era evidente. Todo esto se refleja a lo largo de un álbum que, dicho sea de paso, es sumamente corto. Es quizá el más reivindicado del artista, y contiene «Pink Moon», su canción más aplaudida. Teniendo en cuenta su alto nivel compositivo, es mucho decir.

Canciones destacadas: «Pink Moon», «Place to Be», «Things Behind the Sun» y «Parasite».

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Redactor cultural en ElEstado.net.

La música corre por mis venas.

Richy Fernández

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