Las sombras se ciernen sobre los trabajadores

El obrero, proletario o, de manera generalizada, trabajador, ha sido siempre en España víctima de la burguesía, capitalista y opresora. Tanto es así que a día hoy día (Siglo XXI; época de progreso y de igualdades) aunque parezca algo erradicado, y fuera de estos tiempos modernos, la cruda realidad se abre paso frente a los inocentes ojos de todos los ‘currantes’ de este, ‘nuestro país’. Recalco la palabra «nuestro«, puesto que no hay que ser demasiado avispado para darse cuenta que cada vez más, esta nación está en manos de cuatro caciques adinerados que hacen lo posible para aumentar su renta per cápita.

Este artículo no es precisamente un manifiesto sobre la teoría que hay que aplicar para hacer frente al auge imparable de las derechas, simplemente es una crítica hacia las izquierdas. Pues, ¿qué hay más amargo que ver la derrota del pueblo? Eso se preguntarán en Andalucía los dirigentes de los partidos socialistas y socialdemócratas. Y sobre todo la pregunta clave: ¿cómo hacer que cese el crecimiento de las derechas más extremistas?

>>Andalucía, VOX y el cuento de la cridada<<

Pues la respuesta es bastante sencilla señores dirigentes, diputados, militantes y asociados. Simplemente con una palabra que indica victoria, democracia entre pueblo y estado, y una de las más bellas bajo mi gusto de la lengua castellana, unión.

A estas alturas de la película (puesto que la situación actual parece una obra sacada del ingenio más tenebroso del mismo Tobe Hooper), lo único que faltaba para dificultar más la tarea es la guerra interna, tanto en un mismo partido político (actualmente la disputa y «supuesta» traición dentro de Podemos entre dos de los fundadores: Íñigo Errejón y Pablo Iglesias), como dentro de las izquierdas entre los ya nombrados socialistas, progresistas, izquierdistas radicales, comunistas, y todas las subideologías políticas que abarcan el amplio espectro de la izquierda.

>>La trascendental decisión de Pablo Iglesias<<

Cada día que pasa, el votante identificado con el movimiento de reivindicación de los derechos de los trabajadores, de la igualdad de género y sobre todo, y lo más importante, de llevar una vida digna, está viviendo una situación parecida a la que vive un ciego sin perro guía: una oscuridad tan absoluta que nada ni nadie es capaz de darnos un camino visible.

Esperemos, por el bien de todos, que el perro acuda al discapacitado, y le guíe por el sendero correcto, antes que los cuervos que acechan devoren poco a poco al ciego.

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