¿Sufre Lenín Moreno un trastorno?

A raíz de las declaraciones expresadas ayer por el presidente de Ecuador Lenín Moreno, no cabe duda de que quizás el mandatario ecuatoriano necesita consejo psiquiátrico.

Se está produciendo una movilización de millones de personas en el Ecuador y a él solo se le ocurre culpar a Correa, Virgilio Hernández, Paola Pabón y a Nicolás Maduro.

Vamos a ver señor Moreno usted ya lleva 2 años y 4 meses en el gobierno, ¿alguna responsabilidad tendrá no cree? Durante muchos años fue usted un importantísimo miembro de ese gobierno de Alianza País al que ahora acusa, ¿qué opina usted entonces? ¿Por qué fue usted cómplice o un miope político o quizás un infiltrado neoliberal?

Señor Presidente sea patriota y dimita. No se puede gobernar contra el pueblo. Tiene la oportunidad de dialogar,¡hágalo! Evite un baño de sangre, ¿o desconoce la historia de su país en la que por mucho menos de lo que usted ha hecho se ha logrado echar a presidentes?

Suele pasar cuando una persona tiene una fijación hacia otra, que pueda desarrollar un síndrome de atención y un desorden en su escala de prioridades, y parece que usted señor presidente tiene fijación contra el correísmo y eso le impide gobernar. Hágaselo mirar.

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3 comentarios en “¿Sufre Lenín Moreno un trastorno?

  • el 9 octubre 2019 a las 3:09 PM
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    La verdad no entiendo como personas que se permiten articulizar una opinión primero no se ponen a analizar lo que van a escribir o decir o acaso no recuerdan que Correa se farreo todo el dinero de nosotros los ecuatorianos a más no poder es decir se le fueron los pies más allá de las cobijas para ahora subirnos en estas circunstancias más allá de no ser afecto a este gobierno soy real en lo que ocurre si pienso y no soy tan ciego como parece ser el autor de está desinformación acaso no avanza a darse cuenta que las decisiones del actual gobierno son producto de todo lo que gastó más de la cuenta y más aún todo lo que robó alibaba Correa y todos sus secuaces atte. Para lo que sea
    francho

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  • el 9 octubre 2019 a las 5:24 PM
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    Es una tristeza la ignorancia política de muchas personas. Cuando se fue Jamil Mahuad el gobierno que le sucedió no hablo de la culpa de este hombre dos años.

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  • el 9 octubre 2019 a las 10:14 PM
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    Moreno: ¡Yo también soy Zángano!

    El gas lacrimógeno, la piedra, el vidrio roto, los heridos, el estado de excepción, los perdigones regados por el suelo y la represión excesiva son evidencia que no se ha cumplido con el plan de gobierno que se encargó. Hoy el pueblo vestido de amarillo, azul y rojo, decididamente se levanta para restablecer su voluntad constituida. Los políticos que mal usaron el poder tendrán que rendir cuentas. Es la acumulación de desobediencia, de no hacer lo que se prometió, de inoperancia en la gobernabilidad, y de pensar que en su potestad eran inamovibles. Se dice que “la democracia solo dura lo que dura la obediencia”. Ya en las calles, el poder popular no tiene nada que perder y todo por recuperar.

    Como muestra hay dos fotos, un vídeo y una pancarta, las cuales sintetizan la estafa política. La foto uno: hay un joven tirado en el suelo, no se sabe si está muerto o herido; a pocos pasos de él, la fuerza pública armada dándole la espalda, uno de ellos le toma una foto. La foto dos: un entorno lúgubre, lleno de tensión y de humo gris oscuro, producto del desmán, hay banderas ondeantes, hay enfrentamiento, hay gritos de “fuera Moreno fuera” (la escena nos remonta por un segundo a la misma entraña de la revolución francesa). El vídeo: un policía en moto del Estado, ya deshumanizado, tal cual el “valiente” jefe de Estado y sus arrogantes ministros responsables, atropella con intención de matar a un ciudadano indefenso en el piso, quien trataba de levantarse, como si su vida o la vida del pueblo no tuviese ningún valor. Al diablo con el uso progresivo de la fuerza. Al diablo los Derechos Humanos. Y la pancarta: exhibida por una humilde campesina indígena lo dice todo: “violentos son los que provocan la desigualdad social, no los que luchan contra ellos”. Es un estado de cosas en donde el gobierno impone lo que le da la gana, contra el pueblo quien rechaza porque sus derechos están siendo conculcados. Y es con esta tragedia que el Ecuador ante el mundo lleva la mancha de un estado fallido.

    Es un gobierno distanciado de sus mandantes. Es dominador, sin consenso ni legitimidad (86% de rechazo), que tiene que usar la fuerza coercitiva para afianzarse en el poder. Frente a las mentiras y deslizantes contradicciones, que sí y que no, del licenciado quien finge de “valiente” mandatario, la respuesta resurge de la justa indignación social por todo el país. No es un enfrentamiento entre correístas y anti correístas, ni de izquierda ni de derecha. Hay una historia más profunda. Solo basta ver la historia antes del 2005 para encontrarnos con el enfrentamiento de la fuerza pública contra un pueblo que reclama justicia y exige gobernabilidad. En diez años, tres presidentes fueron defenestrados y ahora los Zánganos vamos por el cuarto. Es un pueblo que ha dicho, ¡basta a la traición!

    Es el viejo enfrentamiento contra un gobierno que enriquece a los pocos y hunde a la pobreza a los muchos. Se repite nuevamente la coyuntura: el Fondo Monetario maneja nuestra economía para su beneficio y la banca exhibe ganancias astronómicas en millones de dólares, en una economía en recesión. Mientrastanto, para el pueblo solo hay los repetidos paquetazos económicos, el desempleo, la inseguridad, la escasez de medicina, la pobreza y la pobreza extrema que engrosan las filas de los desposeídos. Es decir, regresan a poner las manos en el bolsillo y a retroceder derechos laborales irrenunciables.

    El voto que se le confió no fue para que el “valiente” licenciado nos lleve al despeñadero. Resulta irónico pensar que el gran dialogador de aires de libertad, termine siendo un brutal dictador. Sin embargo, al que se lo inculpó de “dictador”, nunca decretó estado de excepción, ni hubo convulsión social, ni prebendas descaradas a los grupos económicos. ¿No será que siempre fue una farsa montada por los enemigos del pueblo y los “florindos” embelesados aplaudieron? Pero la costumbre de los “florindos” es más fuerte y siguen: “son solo centavos…, es justo que todos paguemos …, yo no soy empleado público…, ¡ay, estos indios sucios, vagos y rebeldes!… ¡que no regrese el dictador… ay Dios no!”.

    Luis Alfredo Castillo

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