Rompiendo tópicos machistas: el estigma social de la ¨promiscuidad¨

Hoy me gustaría analizar un tópico muy cruel y machista, de esos que no dejan indiferente al lector. De esos que hacen pensar y analizar sobre el origen de algo tan descarado como despiadado hacia la condición de “sentirse mujer” en la cama.

Expongo dos escenarios para hacer frente esta situación y para que podáis comprobar como de grave es el asunto:

Escenario A

Chico ligón, atractivo, que su único objetivo es conseguir mujeres (noche, día, trabajo,fiesta). Tiene una larga lista de trofeos de mujeres a las que se ha llevado a la cama, para poder tener experiencias y poder compartirlas con sus amigos ¨como es normal¨. Como si de un juego se tratase, sí: de esos de “concurso”, de esos de salir a ganar y jugarse todas las cartas en cada apuesta ¨es decir aquellos que desde que conocen a una chica hasta que la consiguen no paran. Como si tuviera que demostrar algo a alguien. Como si le fuera la vida en ello.

Es un sujeto que no valora la relación sexual más allá de su placer propio. Una persona egoísta que lo único que hace es utilizar y utilizar.

Pero, ¿cómo es acogido este perfil en su entorno de amigos y colegas? Entre sus amigos es un líder, un macho alfa que nada se le resiste,un ídolo para el resto, un referente. Es decir para su entorno es alguien que no hace nada mal, solo ¨se lo pasa bien y disfruta¨

Y ¿cómo lo vemos la mayoría de nosotras?

Vemos a un muchacho con baja autoestima , un macho alfa que necesita demostrarse con una mega lista a sus espaldas con muchos nombres, que es especial. Y que puede conseguir lo que quiere, cuando en realidad está cargado de inseguridades que le impiden disfrutar más allá de su sexualidad ¨salvaje¨. Centra toda su energía en el sexo y ni ve más ni piensa que hay más. Tiene la falsa creencia que este le asegurará el éxito y lo que conseguirá es que cada vez está más hundido ya que habrá construido un círculo de amistades basado en sus triunfos sexuales. Ser el bufón de sus amigos no le resultará para poder ser feliz. Por suerte este círculo conocerá chicas y verán que las historias que cuenta este macho alfa son ¨divertidas¨en su experiencia, pero que en sus carnes ellos no querrán nunca. Ya que las mujeres no somos simples transacciones sexuales, somos mucho más. Y todo aquello aprendido en películas como ¨American Pie¨ debe de tirarse por el retrete y reconstruir su masculinidad que les han hecho creer que es.

Iré un paso más allá.

Cambiamos el orden de los factores. Cambiamos el “chico ligón” por la “chica ligona”, cambiamos el caza mujeres por la caza hombres.

¿Qué somos? ¿Y en qué nos convertimos? En una puta, en una mala referencia, alguien que no es de fiar, en una guarra que solo quiere follar. Indecorosa, desleal, en resumen, nos convierten y nos señalan como una mala mujer.

Un chico puede ligar y follar tanto como quiera, y cuánto más lo haga y más público se vuelvan los comentarios, más fama coge entre el sector masculino. Se aplaude, se alaba, se ovaciona con toda la alegría de la sociedad masculina.

¿Y a nosotras? Se nos insulta, se nos desprecia, se nos critica, se nos lapida.

No olvidemos que en ninguna cultura está permitido que la mujer pueda engañar al marido, amante o pareja. El patriarcado se ha encargado de escarmentarnos si lo hacemos. El patriarcado es el juez y el policía, castigadores ante algo que se nos ha prohibido siempre.

Nos prohíben, no nos consienten lo que ellos hacen. El patriarcado defiende al macho alfa. El patriarcado castiga la hembra alfa. El patriarcado no permite la liberación femenina.

Y quiero ir más allá. Quiero seguir avanzando hacia el análisis de las necesidades hormonales femeninas y masculinas.

¿Me lo permiten?

Escenario B

Hombre tiene necesidad de “follar”, y cada vez que tiene ganas de follar, por X o por Y lo acaba consiguiendo, aunque la mujer no tenga ganas, él es buen cazador ante la necesidad imperiosa de aparearse y no desiste, él insiste e insiste a la mujer diciendo cosas como: “anda y no seas tonta”; “¿te vas a perder esto?” “eres una frígida que no quieres follar”; “No me castigues dejándome así”; “Me vas a obligar a irme con otra”; “Un hombre no puede aguantar así…”.

Las vías anteriores son desprecio, humillación, obligación y amenaza. El macho alfa siempre se acaba saliendo con la suya, cada vez que necesita y quiere follar lo consigue por medio de las cuatro vías descritas. Pocos aceptan un “no” por respuesta.

Ahora déjenme pasar la línea roja, cambiando los personajes y sus funciones.

Mujer quiere follar con su pareja, tantas veces le apetezca. Nosotras insistimos, los buscamos, nos insinuamos dulcemente o de manera picaresca, pero ¿qué pasa la mayoría de las veces si él no tiene apetito sexual o no tiene fuerzas? Escuchamos frases como:  “nunca tienes bastante” “eres insaciable”.

Intento analizar estas dos últimas situaciones desde las perspectivas femenina y masculina. Mi resultado sigue siendo el mismo: el patriarcado. La cultura, la educación, la opresión.

Intento analizar los motivos y creo que me conducen al mismo punto de partida.

Físicamente una mujer, como bien sabemos puede follar muchísimo más que un hombre, entonces, ¿debo entender que la pauta fijada en nuestra especie es para que llevemos su ritmo? ¿Nos someten a su ritmo?

Una mujer perfectamente podría ejercer su libertad sexual como quisiera sin estigma social que la tuviera prisionera.

¿Entonces? ¿Qué falla en esta ecuación? ¿Por qué es precisamente al revés la situación?

¿Por qué el miedo del patriarcado hace que seamos señaladas, obligadas, castigadas, menospreciadas, lapidadas? ¿ Y ellos obligados a seguir este ritmo para conseguir encajar con el grupo y parecer ¨los machos alfas¨?

¿Como podemos solucionar este ouroboros?
Esta es otra lucha que ganaremos desde la educación, la igualdad y la libertad.

 

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