La trata de personas en Latinoamérica, un problema invisibilizado por los gobiernos

Las cifras hablan por sí solas, cada año el número de víctimas del delito de trata de personas va en aumento en el mundo entero, especialmente en Latinoamérica. Sin embargo, y pese a varios esfuerzos de las organizaciones no gubernamentales, aún no existen verdaderas políticas que frenen el modus operandi de las redes delictivas internacionales, dedicadas a captar, comercializar y explotar a seres humanos.

La trata de personas es el tercer delito que mueve más dinero, después del tráfico de armas y de drogas. A pesar de existir millones de víctimas a escala mundial, aún es invisibilizado por los gobernantes y las instituciones del Estado. En Asia, Medio Oriente y África la trata con fines de explotación laboral forzada es la más común, mientras que en Europa y América Latina la trata con fines de explotación sexual tiene mayor alcance.

En 2005, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó que cerca de 2,4 millones de personas son víctimas de trata, y las ganancias anuales por este delito ascenderían a 32.000 millones de dólares, aproximadamente. De acuerdo con estudios recientes, el alcance de este problema es mucho mayor.

La llamada esclavitud del siglo XXI es un problema global que siempre ha requerido la pronta acción de los gobernantes, para no únicamente frenar este delito, sino para contar con el debido protocolo de reinserción de las víctimas a la sociedad, actualmente este es un trabajo de las fundaciones sin fines de lucro, quienes tampoco cuentan con los recursos económicos suficientes.

Hay que tomar en cuenta que este delito es poco conocido por la sociedad en general, especialmente por los sectores que son considerados los más vulnerables. Se deben consolidar campañas masivas de información y prevención, para de esta forma evitar que nuevas personas caigan en el engaño de estas redes delictivas. Esto debido a que existe un alto porcentaje de perjudicados que, por desconocimiento, creyeron en falsos ofertas laborales o en falsas promesas de amor.

Aunque las mujeres, niñas, niños y adolescentes son considerados los más vulnerables ante el delito de trata, cabe recalcar que absolutamente todas las personas, sin distinguir género ni edad, pueden convertirse en víctimas. Es primordial tomar verdaderas medidas que paren la explotación de seres humanos, los gobiernos deben identificar si sus países son considerados de origen, tránsito y destino, para a partir de ahí crear políticas de Estado en beneficio de todos.

Según afirman organizaciones contra el tráfico de seres humanos como ACNUR o la Red Española Contra la Trata de Personas, se deben preparar a profesionales especializados en llevar estos casos y comunicarse con los perjudicados sin caer en la revictimización. El sistema judicial aún le queda debiendo a la sociedad, son pocos los casos que llegan hasta una sentencia por el delito de trata, un buen porcentaje de denuncias no han tenido efecto o se los ha encubierto con otros crímenes.

Un delito con grandes alcances, con enormes perjuicios a cientos de familias y con escasas o ineficientes leyes que dejan mucho que decir sobre la voluntad de los estados por combatir el comercio de seres humanos, en pleno siglo XXI.

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