Vicente Rojo Lluch, militar, antifascista y español

Vicente Rojo Lluch fue un general del bando republicano, a quién, por su carrera en África y su conducta disciplinaria como militar, los fascistas le invitaron a unirse a la rebelión contra la República.

Se negó en rotundo y ante ello avisó a Guardias de Asalto, guardias civiles y militares a que no atacaran la legalidad, que se mantuvieran firmes a la lealtad del gobierno electo por el pueblo en elecciones democráticas.

Vicente Rojo, ante el golpe de estado, se mantuvo leal a la República y ayuda a organizar el Ejército Popular. Vicente venía de una familia humilde, sentía una gran sensibilidad hacía las clases más desfavorecidas de España, y vio con muy buenos ojos las propuestas del Frente Popular la constitución de 1931. Al ser un hombre de la época, podría tener ciertas rencillas por su condición de católico, pero siempre se mantuvo fiel a la constitución republicana.

>>Militares leales a la república: Vicente Rojo Lluch<<

Fue un general bravo, denunció en 1938 (se sabe porque la denuncia está disponible en en un audio encontrado en 2018), los bombardeos criminales del bando sublevado contra la población civil, la intervención de las tropas extranjeras alemanas e italianas en el suelo de España, deseando incluso que esta guerra nunca hubiera existido.

A su vez expresa que fue precisamente la criminalidad del falso patriotismo de los militares sublevados contra la República -los que traicionaron no solo su juramento militar sino que además atacaban los intereses de las masas populares para construir una España mejor de la cual el se sentía parte-, la principal causa de su alineación con la república.

Este discurso es de los más emocionantes que he escuchado. Por su alegato en favor de la paz y por la independencia de España, frente a una guerra que había costado medio millón de muertos. Al escucharlo hay más de una frase que merecería estar en los cuarteles del ejército español y en la sedes de los partidos que defendieron Cataluña, la Segunda República y al pueblo español contra la masacre fascista.

Voy a dejar aquí solo unas partes del audio (casi discurso) de Vicente Rojo contra el bando sublevado y fascista.

Porque conozco la espiritualidad de nuestro pueblo, porque no ignoro la espiritualidad de las masas de combatientes que queréis destruir, y porque sé del alto patriotismo que inspira la obra de nuestro gobierno que conduce con mano segura a la República.

¡Por eso os digo que no venceréis ahora ni nunca!

Por fortuna, de vuestra propia y equivocada conducta, nos ha venido y nos viene esta fuerza de cohesión nacional que ha fundido en una sola inspiración los anhelos de nuestros partidos políticos y organizaciones. Sentimos en español, obramos en español y en esta gran fortaleza espiritual que es la reserva inagotable de nuestro pueblo, hallamos una moral inexpugnable contra la que nada pueden todo el hierro y todo el acero que acumulan a torrente en vuestras manos las naciones que quieren sucumbir a España.

No podéis ignorar, que desde Talavera hasta las puertas de la capital de España, nació en Madrid aquel ejército que no supisteis ni pudisteis vencer en 7 ofensivas. Que de los reveses de Andalucía, surgió el ejército vencedor en Pozo Blanco, como del Maestrazgo, después, el que enseguida sellaba vuestra ofensiva hacía Valencia.

Que antes, desde los llanos del Humo Negro hasta Lérida y desde Alcañiz hasta Tortosa. Al tiempo que se pulverizaban dos ejércitos republicanos impotentes para conteneros, no por falta de decisión y valor, sino por falta de medios materiales, germinaba el ejercito victorioso e invencible del Ebro.

Por esto mismo, ahora no venceréis, pues como en otras regiones de España, habéis logrado el milagro de poner a Cataluña en pie, de crear órganos de fuerza potente, enardecido, pujante, dispuesto a todos los sacrificios y a que cada palmo de terreno que conquistéis lo tengáis a costa de ríos de sangre.

De nuestro revés del Segre, ha nacido para desgracia de vosotros, el ejército invencible de Cataluña. Ejército de españoles. Preguntad a vuestros aviadores el fruto de su reconocimiento, y si no os lo dicen yo os diré que Cataluña está en pie de guerra, que toda Cataluña es un inmenso campo de instrucción, que en toda Cataluña se erizan las montañas y llanos de fortificaciones, que todo el pueblo español dentro de Cataluña está dispuesto a detener vuestra ofensiva.

Podréis conquistar más terreno a fuerza de material, pero no venceréis al pueblo porque la España liberal, universalista, creadora, que lleva a la lucha un ansia infinita de superación, no puede perecer y aunque consiguierais aplastarla, estad seguros de que de los escombros de sus ciudades arrasadas y de los huesos de sus muertos brotaría en vuestras propias tropas en donde hay tantos españoles ansiosos de libertad, de este ideal de libertad e independencia que está incesantemente fecundado por la sangre de nuestros combatientes.

Recordar cuántos reveses tuvieron nuestros antepasados desde 1808 hasta 1814, pese a ellos y al esfuerzo intensivo de gerundenses y zaragozanos, se impuso la indomable voluntad del pueblo a los mejores ejércitos del mundo. Pensad que nuestra guerra no se gana venciendo en batallas campales, sino conquistando la voluntad popular.

Vuestro antepasado el duque de Alba también ganaba muchas batallas, pero perdía al propio tiempo los reinos. A nosotros no nos mueve militarmente el espíritu del duque de Alba, nos guían los manes de Don Pelayo y el Cid, de Álvarez de Castro y de Palafos, de Biriato y de Padilla.

Y si militarmente no tenemos la corrección de los clásicos, ni el tecnicismo de la bárbara escuela alemana, los militares y el pueblo todo, sentimos el orgullo de crear, sostener y manejar, y a la postre vencer con un ejército salido del caos de una revolución y en el que han encarnado prodigiosamente las grandes tradiciones liberales de nuestro país. Si militarmente, esa vuestra burda obcecación ha sembrado tanta destrucción y luto en nuestro pueblo política y socialmente, aún es más siniestro vuestro sino.

Habéis querido traer a España los modos y formas repugnantes de la Italia fascista y la Alemania nazi. Olvidando que España tiene abolengo creador de pueblo, no de siervo. Y tanto el pueblo de aquí como el de allí, sufre por eso de manera afrentosa, con espanto en la mirada y con los puños crispados, con un odio insaciable en los corazones contra el horror de la dominación, de la dominación extraña.

Siente que su patria ya no es suya, porque ve que la detentan quienes vienen a envilecerla. Por que ve que la arrasan quienes han puesto en ella el pie de conquistadores.

Queremos a España libre, completamente libre, de dominación extranjera, de doctrinas bastardas, de costumbres exóticas, de técnicos y de policía extraña, de poderes extranjeros que nos arranquen de las entrañas la voluntad popular, y lucharemos hasta la muerte por conseguirlo.

Contra los extranjeros, contra vosotros que los habéis traído y hasta contra nosotros mismos si algún malnacido pensase claudicar. La vida no nos importa nada, absolutamente nada, si hemos de vivirla con vilipendio para nosotros y nuestros propios hijos«.

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