Batalla electoral rural, la izquierda sufre una derrota frente a la derecha

«Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen». Queipo de Llanos.

Ya lo decían Marx y Engels, la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa. La semana pasada en Zaragoza, en la plaza San Francisco, una obra de la exposición “Ultravioleta” de la casa de la mujer de Zaragoza amaneció pintada con banderas de España. ¿El motivo? Quien sabe, lo único que puedo confirmar es el tema de la obra: un monolito de unos 2-3 metros de altura que reza con grandes letras “No violarás.

Además, en un grafiti que conmemoraba el 8M en una valla del propio campus universitario, han aprovechado el redondel del espejo de Venus para nombrar a ese partido cuyas siglas rinden honor a la palabra pero que cuyas reivindicaciones más bien parecen querer quitársela (por lo legal o lo criminal) a todo aquel que no piense de manera similar a ellos.

Uno, que aunque es joven ya va conociendo poco a poco el mundo, tiende a pensar que el uso del espejo de Venus para tal fechoría no es azaroso, sino intencionado. No porque la forma superior se preste a la reivindicación, sino porque la forma del mango se presta mucho al disfrute prostático, que ya nos conocemos todos. Muchos años de Iglesia católica, de disparo en público y perversión en privado. Como dice mi tío a mis primos, “haced lo que yo diga pero no lo que yo haga”.

No hace falta ser un lumbreras para averiguar la ideología y las filias políticas del autor o autores de la pintada. En relación a utilizar los colores de la bandera nacional y la idoneidad de la pintada no me voy a extender mucho más porque mi compañero Javier Bruñen lo ha explicado bastante bien.

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Ahora bien, a todo esto, ¿qué es lo que hace la izquierda? Porque la derecha, aún dividida y a tiros entre ellos (y no me refiero solo a los baños de Pachá) siempre terminan uniéndose. En concreto en torno al más tarado.

En cambio, en la izquierda somos más de andar a puñaladas todo el día y a la hora de la verdad es difícil que nos unamos del todo, ya que siempre queremos todos ser Truman en nuestro propio show. La izquierda parlamentaria es una convención anual de Brutos (siendo César la clase trabajadora).

Además, nos hemos vuelto unos urbanitas. Eso es precisamente lo que me preocupa. Nos enfrascamos en debates universitarios de carácter identitario, nos centramos básicamente en problemas de gente urbanita. Está muy bien y es necesario hablar de derechos LGTBI y la eutanasia, debatir sobre el estado de derecho y la libertad de expresión, pero eso no son más que palabras para seducir al votante urbanita, que tiene fibra óptica, que va en patinete eléctrico o es vegano.

Eso, por sí solo, no convence a la gente, en definitiva, que vive en la periferia o en los pueblos. No quiero decir que esa gente no quiera hablar de esos temas, o no le preocupe la violencia de género, lo que quiero decir es que la principal preocupación de esa gente es la prosperidad del lugar en el cual viven, el futuro laboral y social de su pueblo o barrio.

Por eso, en el medio rural la derecha gana batallas. La nostalgia es un fino vidrio que nos hace añorar tiempos de prosperidad, en los cuales el pueblo se llenaba todo el año y no solo en verano, en los que había trabajo para todos, en los que había una dictadura que hacía que España fuese “una, grande y libre”. Fiestas de caza y matanza, el día del patrón suelta de vaquillas en la plaza del pueblo. Tiempos felices para la perspectiva del votante rural.

Desde la izquierda, nos cuesta comprender esto. Ni yo mismo, que me he criado y vivo en un pueblo, tengo una posición clara frente a la caza, el consumo de carne o los festejos taurinos (salvo en los que ensartan al animal o le ponen fuego en los cuernos, en eso tengo bastante clara mi postura).

Desde la izquierda no podemos pretender regular esto sin comprender bien la idiosincrasia de cada tema y, sobretodo, sin proponer medidas de futuro. Porque no veo ninguna medida clara de futuro presentada por parte de la izquierda para el medio rural. Porque nos encerramos en debates internos que no son debates de carácter general pero que nos los tomamos como tal porque nuestro único objetivo es ganarlo, tener razón. Para que luego digan que no hay comunistas de verdad en la izquierda parlamentaria…

La derecha, en cambio, sí la tiene. A VOX le importa una mierda perder votos en universidades y ciudades, por eso se atreven a cuestionar la ideología de género o la ley de memoria histórica. Pero también por eso centra su campaña en lo rural, donde saben que se gana. Porque sí, la Moncloa se conquista en Villarubino, Quintana del Moral y Valdequinto del Tajo, no en Barcelona o Madrid.

La historia se repite, primero como tragedia y después como farsa. Mientras los unos se dedican a arengar a enfurecidas masas, los otros estamos aquí tirándonos de los pelos y llorando las puñaladas traperas (como si no se pudiese sospechar que no todos los niños son de fiar, que por cuatro caramelos más se venden a los sociatas…).

Ellos se arman para el 28A y nosotros discutimos, a mí mientras tanto, y por sorprendente que pueda resultar, me tendréis esperando, haciendo lo único que creo que puede funcionar, es decir, me tendréis rezando.

Vox populi, vox Dei, creo que decían de la democracia…

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